Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

Batalla interna

Me enviaron una reflexión el otro día que deseo compartir con ustedes. Un indio anciano le está enseñando a su nieto acerca de la vida.  Le dijo: una pelea feroz está siendo peleada dentro de mí.  Es una pelea muy feroz entre dos lobos.  Uno es malo, él es ira, rencor, envidia, tristeza, remordimiento, avaricia, arrogancia, culpabilidad, resentimientos, inferioridad, mentiras, orgullo, superioridad, y el ego.  El otro es bueno, el es paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, compasión, generosidad, y fe.  Y continuo diciéndole: ésta batalla está siendo peleada dentro de ti, y dentro de toda persona también.  El niño lo pensó por un breve momento, y le pregunto a su abuelo, ¿cuál ganara?  A lo que el aciano respondió: el que tú escojas alimentar.  Obviamente ésta no es una reflexión cristiana, y el autor es desconocido, pero al leerla encontré que refleja una gran verdad acerca de todo ser humano.  Así que hoy deseo que exploremos ésta batalla interna que todos nosotros afrontamos, pero más que todo, que descubramos que lado estamos alimentando.  Pasemos ahora a los versículos que estaremos usando en el día de hoy. 

Romanos 12:17-21 - No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Cuando analizamos estos versículos aquí, creo que sin duda alguna todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que en ellos Pablo nos habla directamente de la batalla interna que todos aquí afrontamos.  Aquí  Pablo nos está hablando de esa batalla que peleamos a diario en nuestra mente entre el bien y el mal.  Cómo les he dicho en otras ocasiones, el campo principal de batalla es nuestra mente.  Digo esto porque en nuestra mente nacen los sentimientos de ira, contienda, avaricia, venganza y temor.  En nuestra mente nacen sentimientos negativos influenciados por la corriente de maldad que existe en éste mundo.  Es aquí donde esa batalla entre el bien y el mal es pelada, y si no tomamos el tiempo de fortalecernos con la Palabra de Dios, si no tomamos el tiempo de conectarnos al poder del Espíritu Santo, entonces no reconoceremos los ataques del enemigo y seremos derrotados.  ¿Cómo podemos prevenir ser derrotados?  La respuesta es fácil, podemos prevenir ser derrotados cuando alimentamos el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros con la Palabra de Dios. 

Una gran realidad acerca del cristianismo es que no toda persona es victoriosa en su caminar.  La razón principal por esto es que muchos dejan de reflexionar en sus acciones, o faltas de ellas, lo que conduce a que dejemos de reconocer nuestros errores.  Cómo he dicho en numerosas ocasiones, ninguno de nosotros somos perfectos.  Todos aquí sin excepción de uno tenemos faltas y cometemos errores a diario, y es por eso que a diario debemos reflexionar en nuestras acciones para descubrir la cusa de ellos, y poder superarlas.  Fíjense cómo esto es algo que queda bien ilustrado en Romanos 8:6-8 cuando leemos “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, ocupémonos del Espíritu.  El problema que existe es que muchos de nosotros no logramos entender que si podemos ser victoriosos en toda situación; no logramos entender que poseemos el poder de derrotar todo ataque y toda tentación.  Con esto no estoy diciendo ni implicando que todo se nos hará fácil.  Es más, la batalla interna es difícil, y en momentos determinados puede aparentar como imposible de superar.  Pero nosotros que hemos hecho un compromiso genuino con Dios; nosotros que ahora le servimos de todo corazón, nosotros que hemos nacido nuevamente en el espíritu y verdad, podemos vencer.  Fíjense como esto es algo que queda bien declarado en 1 Juan 5:4 cuando leemos “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” Y también en Romanos 8:37 cuando leemos “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.  Dile a la persona que tienes a tu lado, somos más que vencedores.  Pero esto es algo que solo podremos lograr cuando alimentamos nuestro espíritu con el bien, y nos deshacemos de las impurezas en nuestra vida.  Es por eso que en los versículos que estamos usando encontramos que Pablo dijo: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.  En otras palabras, lo que aquí se nos está diciendo es que no podemos alimentar esos malos pensamientos que con frecuencia llegan a  nuestra mente; no podemos alimentar los deseos de la carne; no podemos alimentar ni entretener ningún pensamiento que nos aleje de la voluntad de nuestro Dios.  ¿De qué pensamientos les hablo?  Examinemos esto un poco mejor con el propósito de descubrir si en ocasiones alimentamos el mal en nuestra vida.  

Una realidad es que todos aquí tenemos situaciones en nuestra vida por la cual hemos pasado, o estamos pasando, que nos desaniman o deprimen, ¿verdad?  Éstas pueden ser numerosas; por ejemplo, pueden ser problemas de salud, pueden ser problemas económicos, pueden ser problemas familiares, esposas o esposos, hijos o hijas.  Pero cuando éstas situaciones nos detienen o impiden servirle a Dios, cuando éstas situaciones o dificultades nos detienen de alabarle y bendecidle, entonces tenemos que reconocer que hemos dejado de alimentar lo bueno en nosotros par alimentar en mal.  Cuando estas cosas suceden, entonces debemos reconocer que no estamos venciendo el mal con el bien, sino que hemos permitido que el mal derrote el bien en nosotros. En otras palabras, hemos permitido que el mal nos aleje de la voluntad de Dios; hemos permitido que el enemigo se robe las bendiciones de Dios para nuestra vida.  En esencia, hemos permitido que nuestro corazón sea endurecido y que nuestro espíritu sea atado.  Una vez que esto sucede entonces nuestros pensamientos, y nuestro corazón, ya no estará en el lugar debido.  Cuando permitimos que el enemigo tome potestad en nuestra vida, de nuestro corazón ya no saldrá lo bueno sino saldrá lo malo.  De nuestro corazón ya no saldrá el perdón, el amor, y la paciencia.  Sino que de nuestro corazón saldrá la ira, la contienda, el desanimo y la rebeldía.  Dejaremos de ver las oportunidades que Dios nos brinda a diario para glorificarse, y despreciaremos las bendiciones que Dios derrama sobre nosotros.  ¿Por qué sucede esto?  Esto sucede porque no estamos alimentando nuestro espíritu en todo momento.  No estamos alimentando el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros.  

Cuando alimentamos el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros, entonces nada de lo que pueda suceder, nada de lo que se pueda presentar, no importa lo grande o difícil que pueda lucir, nos podrá vencer.  Fíjense como esto es algo que queda claramente declarado en 1 Juan 4:4 cuando leemos “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”.  Cuando alimentamos el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros recibiremos convicción de nuestros pensamientos y acciones.  Cuando alimentamos el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros seremos guiados  a través de toda situación.  Fíjense como esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del apóstol como encontramos en Romanos 8:13-15 cuando leemos “porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!”   Dile a la persona que tienes a tu lado, déjate guiar.  Esto es algo que todos nosotros debemos buscar en todo momento, debemos buscar ser guiados en toda situación.  Pero la triste realidad es que muchos no permiten ser guiados porque no están alimentando su espíritu con el bien, sino que le dan cabida a los deseos infructuosos de la carne.    Pero cuando alimentamos el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros, entonces siempre nos moveremos hacia la presencia de Dios.  Tenemos que hacer como nos dice el Señor en Mateo 6:33 cuando leemos “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Cuando alimentamos el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros, Él nos aconsejara durante esas situaciones difíciles o complicadas, y nos dará la paz que tanto anhelamos.  Fíjense bien como esto queda bien declarado en Filipenses 4:7 cuando leemos “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.    No podemos permitir que los afanes de ésta vida nos detengan en nuestro caminar, no podemos permitir que el enemigo detenga la obra que Dios ha iniciado en nuestra vida.  Tenemos que mantenernos firmes, tenemos que mantenernos fiel.  Fíjense bien en lo que nos dice el Señor acerca de esto en  Lucas 21:34-36 cuando leemos “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. 35Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.  Dile a la persona que tienes a tu lado, velad en todo momento. 

Cuando no tomamos el tiempo de alimentar el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros, entonces se nos hará muy fácil el justificar nuestras faltas; se nos hará muy fácil justificar todas esas cosas que bien sabemos desagradan a Dios.  Será fácil justificarlas, pero una gran realidad es que solo quedaran justificadas ante los ojos del hombre, pero no ante Dios.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado en las palabras de nuestro Señor como encontramos en Lucas 16:15 cuando leemos “Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”.  Como he dicho en numerosas ocasiones, nosotros podemos engañar al hombre, pero a Dios nunca le podremos engañar.  Cuando a nosotros lleguen esos pensamientos de que nada podemos hacer; cuando a nosotros lleguen esos pensamientos que causan sentimientos de apatía, desilusión, temor, tristeza, desanimo, depresión, y ira, recordemos que tal como los venció Jesús con el poder del Espíritu Santo, nosotros también podemos vencer.  Esto es algo que queda bien declarado en la palabras del Señor como encontramos en Lucas 10:18-19 cuando leemos “Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”.  Nunca nos olvidemos del hecho de que nosotros servimos a un Dios justo.  Dios es justo y no permitirá que llegue a ninguno de nosotros nada que no podamos vencer.  Fíjense como esto queda bien declarado en 1 Corintios 10:13 cuando leemos “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.  Todos nosotros podemos vencer, pero solo si alimentamos nuestro espíritu en todo momento.  

Para concluir.  Tenemos que permanecer siempre muy alertas porque las cosas que en ocasiones aparentan ser insignificantes tienen la tendencia de crecer y crecer hasta llegar al punto de apartarnos de Dios.  Reconozcamos que si alimentamos pensamientos de venganza, apatía, rencor, celos, depresión, y envidia, entonces hemos permitido que el mal venza el bien en nosotros.  Como iglesia y fieles creyentes, esto es algo que nunca podemos permitir.  No podemos alimentar esos pensamientos, o mejor dicho, esos demonios que atacan nuestra mente para robarnos la paz, el gozo, y las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo.  Recordemos a quien seguimos, recordemos en todo momento y que no existe batalla que no podamos ganar en el nombre poderoso de Jesús.  Fíjense bien en el poder de Su nombre como encontramos en Filipenses 2:9-11 cuando leemos “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.   Recordemos siempre a lo que estamos llamados, recordemos que el apóstol aquí nos dice claramente “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.  Reflexiona hoy y pregúntate, ¿cómo va mi batalla?  Reflexiona hoy y pregúntate, ¿qué estoy alimentando?

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

 
email: José R. Hernández
 

  © Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved.