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Obispo José R. Hernández

Nada que dar

Estaba organizando mi escritorio el otro día, y encontré un formulario que contenía algo que seguramente muchos de ustedes conocen, es algo que muchos si no todos han oído en los programas policíacos de televisor.   Fue el formulario que explica los derechos de las personas antes de ser interrogados o cuestionados, ese que dice "tienes el derecho de permanecer en silencio".  ¿Cuantos han escuchado esto alguna vez?  Yo diría que de todas las frases legales que existen, ésta frase tiene que ser la frase más conocida en los Estados Unidos.  Es la más conocida porque éste es uno de los derechos más importantes de toda persona que reside en éste país.   Algo que ocurre con frecuencia en el pueblo de Dios es que muchos de nosotros invocamos éste derecho cuando Dios nos presenta la oportunidad de evangelizar.  Son en esos momentos cuando a nuestra mente llegan esos pensamientos como: tu no sabes lo suficiente acerca de la Biblia para evangelizar; o quizás, tu no tienes nada que le puedas dar a esa persona.  Pero las preguntas que debemos hacernos son, ¿podemos nosotros darle algo a una persona que le ayude en un momento determinado?  Y más importante de todo es , ¿como creyentes, tenemos nosotros ese derecho? Busquemos en la palabra de Dios.

Hechos 3:1-8 - Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. 2Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. 4Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. 6Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.

Para poder entender bien el significado del mensaje que Dios tiene para nosotros, nos será necesario conocer la costumbre del pueblo de Dios de ese entonces.   Aquí leemos que la Palabra nos dice: "Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración".  Pero, ¿qué quiere decir esto?  La costumbre del pueblo de Dios de ese entonces era de reunirse y orar tres veces al día.  No importaba cuan grande fueran las cosas o lo muy ocupados que pudiesen estar, siempre había tiempo para orar y alabar a Dios.  Ellos iban al templo tres veces al día, en la mañana, en la tarde, y al esconderse el sol.  Con esto en mente continuemos con nuestro estudio de hoy.

Así que Pedro y Juan fueron al templo como de costumbre.  En estos versículos encontramos que ellos estaban entrando al templo a través de la puerta que se llamaba la "Hermosa."  Éste era el nombre de esa entrada porque seguramente era la más decorada o en realidad la más hermosa de las demás, y era la más usada por el pueblo. ¿Cómo puedo estar seguro que era la más usada?  La respuesta se puede ver ha primera vista cuando examinamos estos versículos: "Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo." Preguntémonos, ¿si alguno de nosotros tuviera que pedir limosnas, a caso no lo haríamos en un sitio donde hay gran trafico? Seguro que si, y aquí vemos claramente que nos dice que a él lo ponían en ese lugar todos los días, así que no solo existía gran trafico, pero era un sitio lucrativo también.  Bueno, aquí es donde se empiezan a poner buenas las cosas.  Cuando éste hombre vio a Pedro y a Juan él inmediatamente les pidió limosna, pero tuvo la buena suerte de que ellos no tuviesen dinero que darle.  Ahora bien, a ellos les hubiera sido bien fácil ignorar a éste hombre y seguir su camino, pero éste no fue el caso.  No fue el caso por una razón, ellos no le ignoraron y siguieron de largo porque ellos llevaban el amor de Cristo dentro de su corazón.  Ellos no le ignoraron y siguieron de largo porque ellos sabían que lo que ellos tenían que ofrecer era mucho más valioso que todo el dinero en éste mundo.

Quiero detenerme aquí un momento y analizar la palabra "cojo".  ¿Qué significa ésta palabra en realidad?  En éste caso significa una enfermedad del cuerpo, éste hombre estaba incapacitado;  pero ésta palabra para nosotros en el día de hoy puede tomar otro significado.  Digo esto porque ésta palabra puede ser usada para describir la condición espiritual de muchos dentro del cuerpo de Cristo.  Como les dije en el servicio del miércoles, existen numerosas personas en éste mundo que sienten un gran vacío en su ser; existen numerosas personas en éste mundo que saben que necesitan algo, pero no saben definir exactamente lo que es.  Y es por eso que estoy seguro que si miramos a nuestro alrededor, pronto encontraremos que existen numerosos cojos pidiendo limosnas en la puerta. Digo esto porque cuando tomamos el tiempo de analizar nuestro alrededor, pronto descubriremos que existen numerosas personas a nuestro alrededor que están pidiendo atención desesperadamente.  Pronto descubriremos que conocemos a personas que están pasando por situaciones, o a punto de pasar por situaciones que los deshabilitan emocionalmente, y que no saben cómo salir de ellas.  ¿Le suena conocido esto ha alguien?  Les puedo decir que cuando pienso en estas cosas, lo primero que viene a mi mente es el día cuando tuve el encuentro con nuestro Señor Jesucristo.  En otras palabras, estas cosas me hacen pensar acerca del lugar de donde Él me saco, y del mal que me libero.  Pensemos en esto por un breve momento, ¿donde estaríamos hoy si la persona que nos hablo de Cristo hubiera usado el derecho de permanecer en silencio?  La respuesta es una, todos estaríamos tal como se encuentra el resto de éste mundo, estaríamos deshabilitados pidiendo limosnas en la puerta.  Digo esto porque una gran realidad es que toda persona que no tiene a Cristo en su corazón, toda persona que no sirve a Dios, es cómo una persona deshabilitada. Digo esto porque una persona que no sirve a Dios es una persona completamente a la merced de los poderes de las tinieblas, y del maligno.  Desdichadamente ésta es la condición de la mayor parte de la humanidad, y es por eso que nosotros como creyentes fieles no podemos permanecer en silencio.  

Como dije anteriormente, en muchas ocasiones nosotros usamos excusas cuando se presentan las oportunidades de evangelizar.  Usamos excusas cuando vemos a los cojos y a los que piden limosnas.  Esto sucede porque muy pocos se han dado cuenta de que éstas excusas son mentiras de satanás quien quiere deshabilitarnos para hacernos caer.  Digo esto porque para evangelizar o hablar del reino de Dios no tenemos que ser expertos en la Biblia.  Lo único que se necesita para hablar del reino de Dios es un corazón puro y dispuesto, y la palabra de Dios fluirá.  Fíjense como esto es algo que queda bien reflejado en la palabras de nuestro Señor como encontramos en Mateo 10:19-20 al leer “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar 20Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”.  Muchos creyentes han llegado a  sentirse inferiores o piensan que no tienen nada que puedan ofrecer, pero la gran realidad es que lo que nosotros tenemos que ofrecer es mucho más valioso que todo el oro y la plata en el universo.  Lo que nosotros tenemos que ofrecer es la salvación a través de nuestro Señor Jesucristo.  Pero desdichadamente con frecuencia dejamos de ofrecerlo debido a que estamos deshabilitados.  

Preguntémonos, ¿que nos puede hacer cojos y deshabilitados?  Existen muchas cosas que nos pueden deshabilitar; pueden ser problemas financieros, problemas en el hogar, problemas en el trabajo, conflictos con nuestros padres; existen tantas cosas que seria imposible enumerarlas todas.  Cómo dije anteriormente todo lo que tenemos que hacer es mirar a nuestro alrededor y nos daremos cuenta de que existen muchos que sufren de éste padecimiento.  Pero cómo cristianos, nosotros tenemos el poder de sanar a éstas personas.  En los versículos que estamos usando hoy encontramos que se nos dice que éste hombre estaba pidiendo limosnas.  La Palabra nos dice: “Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna”.  En otras palabras él estaba pidiendo oro y plata cual era el sistema de dinero en ese entonces.  Pero, observemos más de cerca el significado del oro y plata. Aparte de ser el sistema monetario de ese entonces, ¿qué representa el oro y la plata en éste instante?

Cuando tomamos el tiempo de meditar en éstos versículos podemos concluir que en éste caso el oro y la plata representan una solución inmediata a un problema o dificultad.  Puedo llegar a ésta conclusión porque después de todo, éste hombre estaba deshabilitado y no podía trabajar.  Éste hombre necesitaba dinero para poder sostenerse y sobrevivir, y es por eso que él estaba sentado a la puerta del templo no esperando que Dios le sanara, sino buscando una solución inmediata a su situación.  Nosotros vemos a personas todos los días que están en el mundo en busca del oro y de la plata, ellos están buscando una solución inmediata a sus situaciones sin darse cuenta de las consecuencias que sufrirán. En otras palabras, satanás ha hecho a muchos cojos y limosneros en éste mundo.  Lo triste de todo es que éstas personas no tienen esperanza de ser sanados porque la palabra de Dios no les ha llegado.  No les ha llegado porque muchos hemos invocado el derecho de permanecer en silencio.  Es muy fácil permanecer en silencio, a nadie le importara si lo haces.  Nadie pensara que estás metiéndote en asuntos que no te pertenecen, o pensaran que eres un fanático religioso si permaneces en silencio.  Pero cuando nosotros vemos a personas que están sufriendo, que están siendo deshabilitados y cojos por satanás, es nuestra responsabilidad de no permanecer en silencio.  Es nuestra responsabilidad de hablar y decirles que quizás personalmente no tengamos la respuesta a su dilema, pero si queremos darles algo que tenemos, queremos darles el amor de Cristo.  Estoy seguro que si nos ponemos a pensar podremos recordarnos por lo menos del nombre de una persona cual sabemos que está deshabilitada y pidiendo limosnas en la puerta.  Pero puede ser que estemos pensando que no tenemos nada que darles, pensando que esa persona no quiere oír lo que tenemos que decir, que no quiere oír la palabra de Dios, entonces simplemente le pasamos por su lado e invocamos el derecho de permanecer en silencio.

Es por eso mismo que en el día de hoy debemos analizar nuestra vida y nuestros alrededores y preguntarnos, ¿por cual puerta pasamos nosotros todos los días e ignoramos a los que piden limosnas?  Quizás muchos piensen que no atraviesan por ninguna puerta a diario semejante a la hermosa, y esto puede ser una gran verdad, estoy seguro que la mayoría de nosotros no atravesamos por una puerta física.  Pero entonces, ¿de que puertas les hablo?  Simplemente puesto una puerta para nosotros es toda oportunidad que el Señor nos provee para hablarles a las personas de su amor, gloria, y misericordia.  Las puertas son cosas como nuestros trabajos, amigos, familiares, y hermanos que pueden haber caído en la batalla etc. A diario nosotros pasamos por estas puertas, pero con frecuencia no reconocemos a los que están deshabilitados pidiendo limosnas, y no hacemos como hicieron Pedro y Juan.  Fíjense bien en lo que sucedió aquí cuando leemos “Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo”.  Esto mismo es lo que todos nosotros estamos llamados a hacer.  Estamos llamados a testificar, estamos llamados a decir: mírame a mi, yo estaba igual que tu, pero fui liberado; estamos llamados a decir déjame contarte lo que sucedió en mi vida; permíteme introducirte a mi Salvador.  Dios quiere usarnos para hacer Su voluntad, y Él nos provee las oportunidades de llevar Su mensaje de salvación.  En éste caso la Palabra nos deja saber que Dios hizo un milagro a través de Pedro y Juan, después de todo lo ultimo que éste hombre se imagino fue que seria sanado en ese día.  Él solamente estaba sentado allí esperando recoger un poco de dinero para sostenerse, pero Dios le dio mucho más.  Dios lo sano físicamente para que nunca más tuviese que pedir limosnas.  Dios ha hecho lo mismo con nosotros.  Cuando le invitamos ha que entrara en nuestra vida, Él nos sano.  Él entro y todo empezó a cambiar, empezó a tomar control. En tiempos pasados, nosotros éramos cojos y deshabilitados, pero ahora caminamos en Cristo Jesús. 

La Palabra aquí nos dice: "Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;  y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios."  Éste hombre obviamente estaba muy contento con lo que Dios había hecho por él. ¿A caso no estuviéramos contento alguno de nosotros si estuviésemos deshabilitados pero ahora podíamos caminar?  Estoy seguro que todos los que estamos aquí hiciéramos lo mismo, saltaríamos y alabaríamos a Dios.  Estoy aquí en el día de hoy para decirles que Él ha hecho lo mismo con cada uno de nosotros.  Éramos cojos y deshabilitados pero Él nos ha sanado.  Pasamos de los sufrimientos y tristezas al gozo y alegría. Nosotros fuimos sanados al igual que ese hombre. ¿A que me refiero cuando digo el gozo y alegría?  Me refiero al gozo de saber que algún día estaremos reunidos con nuestro Señor Jesucristo, me refiero a la alegría cual es el saber que ya no vivimos en el reino de las tinieblas, sino en el Reino de Dios.  Quizás personalmente no tengamos lo que una persona este buscando, pero si tenemos la respuesta a todo sufrimiento. Puede ser que no podamos proveerles con una solución inmediata y temporaria a su situación, pero si podemos proveerles con la solución perfecta y permanente, podemos presentarle el mensaje de salvación. 

Para concluir.  Les pregunto de nuevo: ¿tenemos nosotros el derecho de permanecer en silencio?  La respuesta es un absoluto NO.  Nosotros tenemos el poder dado por Dios de hacer mucho más.  No estamos llamados a permanecer en silencio, estamos llamados a llevar la palabra de Dios.  Tenemos las respuestas, tenemos las soluciones, tenemos la sanidad para todos aquellos que sienten ese vacío en su vida, y que no saben como llenarlo.  Como cristianos no tenemos el derecho de permanecer en silencio, si éste fuese el caso ninguno de nosotros estuviéramos aquí hoy. Por eso debemos estar atentos en todo momento para nunca desperdiciar las oportunidades que nuestro Señor nos provee para predicar su Reino aquí en la tierra.  Recordemos que como creyentes fieles nuestra responsabilidad es la de buscar y ayudar a los cojos y limosneros que viven en el mundo.  Recordemos que como creyentes fieles nuestra responsabilidad es de introducirles a la verdadera y a la única solución a sus problemas.   Oro y plata quizás no tengamos, pero lo que tenemos lo damos con amor, la Palabra de Dios.  Nunca permanezcamos en silencio.

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