David había hecho las preparaciones para edificar el Templo, pero quiero que notemos algo que él dijo que es de suma importancia. Aquí vemos que él dijo: “…a lo cual tú añadirás…” ¿Qué significa esto? Lo que David le estaba diciendo a Salomón, es que a pesar de que él había tomado el tiempo de recaudar las finanzas y los materiales necesarios para la construcción del Templo, para poder terminarlo completamente, siempre existirían cosas que Salomón tendría que añadir. Y este mismo principio es algo que se aplica a todos nosotros. ¿Cómo así?

Cuando realmente buscamos fortalecer, construir, y/o limpiar el Templo de Dios, siempre existirán cosas que tenemos que añadir. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque la iglesia es donde nos reunimos para escuchar y aprender de la palabra de Dios; en la iglesia es donde nos reunimos para alabar y bendecir a Dios, pero ninguno de nosotros vivimos aquí. Dentro de este Templo oramos, alabamos, bendecimos el nombre de Dios, y nos fortalecemos los unos a los otros, pero si realmente deseamos edificar el Templo de Dios, entonces tenemos que poner mucho más de nuestra parte.

Con asistir a los servicios no es suficiente; a nuestra vida tenemos que añadirle el tiempo de meditación, reflexión, y oración en nuestros hogares. Así que dile a la persona que tienes a tu lado: “…a lo cual tú añadirás…”

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