Mirando a su alrededor, Habacuc observa la violencia y la injusticia que existía en Judá, y clamo al Señor con algunas preguntas desconcertantes. ¿Por qué prosperan los malvados en medio del pueblo de Dios? ¿Por qué son los justos abatidos? y ¿por qué aparentaba que Dios no actuaba o era indiferente en días de la maldad? [1].

Pero la respuesta de Dios fue aún más impactante que las condiciones en Judá.

Dios le aseguró a su profeta que Él está haciendo algo. Los caldeos, un pueblo aún más corrupto que el pueblo escogido de Dios, estaban a punto de descender como vara de castigo de Dios [2]. Y cuando Habacuc reaccionó con…

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