Hermanos, Dios no envió a nuestro Señor a morir por nuestros pecados para que siguiéramos pecando. Dios envió a su Hijo Unigénito para llamarnos al arrepentimiento. Esto es algo que nuestro Señor nos dice muy claramente en Lucas 5:32 cuando leemos: “…No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento…” Dios envió a su Hijo Unigénito para que a través de Su sacrificio perfecto pudiéramos obtener la vida eterna.

Pero en muchas ocasiones en vez de vivir agradecidos, vivimos en rebeldía. En vez de vivir gozosos y satisfechos vivimos encerrados en prisiones, vivimos encerrados en la prisión del pecado nunca encontrando como escapar. Esto sucede porque en vez de arrepentirnos y no mirar atrás, permitimos que el enemigo susurre sus mentiras a nuestros oídos y quedamos atrapados.

Quiero que escuchen bien porque no quiero que nadie mal interprete lo que les estoy diciendo.

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