Lo que no podemos olvidar, y que tenemos que permanecer muy conscientes de ello, es que ir en contra de la voluntad de Dios voluntaria, y deliberadamente, producirá consecuencias extremadamente negativas en nuestra vida. Este mismo fue el caso con el pueblo en ese entonces.

Fíjense bien como esto queda bien claro en Jeremías 17:3-4 cuando leemos, “…Todos tus tesoros entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio. 4 Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Ellos lo perdieron todo.

Y desdichadamente, hoy existen muchos que lo pierden todo, es decir las bendiciones de Dios, debido a que no están dispuestos a cambiar. Y demás esta decir que el no estar dispuesto a cambiar, es algo que en toda ocasión causa que la persona caiga encerrada nuevamente en la prisión del pecado.

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