La gran diferencia que existe entre las pruebas y las tentaciones, es que las tentaciones solo sirven un propósito, y este propósito es tratar de separarnos de la presencia de Dios.

Es por eso que nunca podemos olvidarnos de lo que encontramos en Levítico 11:45 cuando leemos, “…Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo…”

Dios nos liberó de las garras del enemigo, y demanda que conduzcamos una vida de santidad. Mientras que las pruebas sirven para probar nuestra confianza absoluta en Dios.

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