Lo que sucede es que cuando tratamos de sujetar a Dios a como debe obrar, basado en nuestras experiencias o conocimiento, siempre llegaremos a una conclusión equivocada.

Llegaremos a una conclusión equivocada porque Dios es soberano y actúa según Su voluntad y no la nuestra. 

Dios es soberano y no siempre obrará de la manera que nosotros pensamos, o deseamos que obre.  Esto  nos conduce al segundo punto de hoy.

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