Los hijos de la luz

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Bíblicos Predica de Hoy: Los hijos de la luz 

Bosquejos Biblicos.. Texto Biblico: Efesios 5:3-8

Introducción

La palabra de Dios nos dice claramente que los cristianos somos hijos de la luz, y que andamos en la luz porque Él es luz (1 Juan 1:7). Pero, ¿qué significa exactamente ser hijos de la luz? Bueno, el apóstol Pablo definió esto de diferentes maneras para nosotros en esta epístola. carta. Los capítulos cinco y seis de la epístola nos ayudarán con esto.

Sin embargo, en el texto bíblico de hoy, Pablo lo define como una referencia a cómo usamos nuestras palabras. Según Jesús, las palabras expresan lo que hay en nuestro corazón (Mateo 12:3).  Pero también contaminan a la persona (Mateo 15:18-19).

Así que, los hijos de la luz tienen una manera especial de hablar para mostrar que son hijos de la luz. Y también para que tales palabras no apaguen nuestro resplandor.

Es por eso que hoy estaremos explorando la forma de hablar de los hijos de la luz. La razón por esto es porque hay un vocabulario, un idioma, un dialecto que debe caracterizar a aquellos que ya no andan en las tinieblas, sino que ahora andan en la luz admirable de Dios.

I. Ni fornicación ni avaricia se nombre entre los hijos de la luz (vers. 3).

a. Ni fornicación.

Esto significa que no debe haber conversaciones entre nosotros de ningún tipo sexual. Pablo, está hablando de la forma morbosa y sucia de hablar del mundo. A la gente de nuestra época le encanta hablar sobre el sexo, pornografía, y chistes dobles sentido. A los hombres impíos les encanta hablar de esto, sobre el cuerpo de alguna mujer que vieron, y con cuántas mujeres pudieron estar. Y un tipo de conversaciones similares se ven entre las mujeres.

No sólo no debemos cometer estos pecados, tampoco debemos si quiera mencionarlos.

b. Ni avaricia.

Esto se refiere cualquier tipo de conversación que promueva el egoísmo o la avaricia. Hablar sobre las muchas propiedades que tenemos para humillar a otros hermanos. Por ejemplo, una persona puede presumir ante otros que está ganando mucho dinero porque trabajo mucho. Y al mismo, hablar en contra de los hermanos necesitados, porque no ganan lo mismo. En tales conversaciones se promueve la avaricia.

No sólo no debemos ser avaros, no tenemos que hablar como avaros.

c. Nos conviene como santos.

Ahora, es interesante que Pablo diga que esto nos conviene como santos. Y esto significa por lo menos dos cosas.

Primero, nos beneficia personalmente, porque nos ayuda a librarnos de tales pecados. No dejaremos de ser avaros ni inmorales, hasta que no dejemos de disfrutar conversaciones cuyos temas centrales sean esos. Las palabras contaminan el corazón, principalmente el nuestro. Si queremos dejar estos pecados, debemos dejar de hablar de ellos.

Segundo, también cuidamos al resto de la iglesia. Porque hablando de estas cosas, contaminamos el corazón de los demás. Nuestras palabras pueden despertar y alterar malos deseos en nuestro hermano.

II. Ni malas palabras de la boca de los hijos de la luz (vers. 4).

a. Mala forma de hablar.

Ahora, la R60 traduce tres términos en este versículo de la siguiente manera: “palabras deshonestas, necedades, ni truhanerías”. La primera palabra se refiere a todo tipo de palabra que sea vergonzosa. Una forma de hablar de obscena. Hablar de cosas que no son agradables y buenas, sino malas y vergonzosas.

La segunda palabra significa hablar de cosas tontas y efímeras. Es como las conversaciones que uno mantiene un borracho o un drogadicto. Carecen de sentido. Es simplemente hablar por hablar.

Y la tercera palabra se refiere a groserías. Literalmente, significa la capacidad para volver cualquier cosa en chiste grosero o de doble sentido.

b. Tampoco convienen.

Según el texto, estas palabras tampoco deben estar entre nosotros porque tampoco son convenientes. Los creyentes deberíamos hablar cosas honrosas y respetuosas, no vergonzosas.

No debería hablar como si estuviéramos delirando. Nosotros hablamos cosas que tienen sentido, y son importantes para la edificación de los demás.

Y no somos groseros, ni usamos cualquier ocasión para usar chistes morbosos. Los chistes groseros no sólo quitan la reputación del cristiano. También atacan la integridad, la castidad, la santidad y el dominio propio del cristiano.

c. Acciones de gracias.

Contrarias a todas estas cosas, entre nosotros debe haber acciones de gracias. Esto no significa que todas nuestras conversaciones deban comenzar con un “gracias Señor”, aunque no lo excluye. La idea es que debemos manifestar una forma de hablar dónde estamos agradecidos por la bondad de Dios hacia nosotros.

Por ejemplo, en vez de hablar de cosas que no tienen sentido, hablémosle a los demás de Cristo. De cómo muestra su bondad para con el mundo.

III. Por esto viene el castigo de Dios (verss. 5-7).

a. Esto demuestra lo que hay en el corazón.

Muchos cristianos al ver esto dicen: “¿Cuál es el problema que yo hable así? ¡Yo sigo amando a Dios y le soy fiel!”

Sin embargo, lo que no entienden es que esta forma de hablar manifiesta lo que somos en el corazón, tal como lo dijo Jesús. Según el versículo 5, los incrédulos hablan así porque ellos son inmorales, y avaros. Y a su vez, eso demuestra el dios al que servimos. Por eso Pablo dice que eso es idolatría.

¿Por qué? Porque eso es lo que guía su vida. Las personas que hablan mucho sobre inmoralidad, es porque tienen el sexo como un dios. Los que hablan mucho del dinero, es porque tienen el dinero como un dios. Al final, sus palabras demuestran los deseos, imaginaciones y anhelos más profundos.

Si servimos a Dios, nuestra boca debe hablar como siervos de Dios e hijos de la luz. No como servidores de la inmoralidad o la avaricia.

b. Es castigado por Dios.

Aquí está la seriedad del asunto. Si ellos hablan como inmorales y avaros, es porque son inmorales y avaros. Y si son inmorales y avaros, entonces, no heredarán el reino de Cristo sino que merecen el castigo de Dios. Si nosotros hablamos como ellos, entonces, demostramos lo que somos y qué nos espera realmente en el día final.

c. No participemos con ellos.

Por eso, no debemos dejar que nadie nos engañe diciendo que esto no es importante. Si hablamos como los impíos hablan, Pablo es claro, posiblemente también recibiremos el castigo de Dios. Por tanto, no participemos con ellos.

Conclusión

De esta manera, la forma en cómo usamos nuestras palabras es importante. En bosquejos bíblicos, aprendemos de Efesios 5:3-8 que el uso de nuestros palabras tiene grandes repercusiones. Sobre nosotros y sobre otros. Nos contamina y contamina a la iglesia de Dios.

Además, demuestra lo que somos realmente. Si hablamos como los incrédulos, posiblemente seamos incrédulos. O en su defecto, estos pecados no siguen dominando. Por tanto, si queremos andar como hijos de la luz, el uso de nuestras palabras es vital para un camino intachable.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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