Un mundo de violencia

II. Tipos de violencia

«No aborrecerás a tú hermano en tú corazón; razonarás con tú prójimo, para que no participes de su pecado» Levítico 19:17

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Existen distintas variantes en las que el pecado se manifiesta a través de la violencia. La escritura nos aconseja no la guardemos en nuestro corazón. Recordemos que los actos cometidos, son la expresión de lo que llevamos dentro nuestro.

Por ejemplo, el jefe airado que grita a sus empleados, no tiene amor en su corazón. No demuestra tenerlo ya que el amor tiene otros medios de expresarse, nunca el de la violencia.

Todos los tipos de violencia pueden sintetizarse en contradecir los mandamientos de Dios [4]. Sí amamos a alguien, jamás vamos a querer hacerle daño. El Señor nos dice claramente que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos [5].

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III. ¿Quiénes ejercen violencia? (Marcos 7:20-23)

La realidad es que ninguna persona está libre de pecado [6]. Pero en cuanto nos hemos apartado de ese camino y buscamos a Dios, estamos lejos de la violencia.

Para respetar Sus leyes y preceptos necesitamos llenarnos de Su presencia. Asistir al encuentro de Su palabra, y en hermandad aprender de Él. Sin embargo, aquellos que no se arrepienten y dejan que su alma se contamine, son más propensos a ejercer violencia.

Quién se niega a conocer de Dios, llena su corazón de los deseos de la carne. El pecado se manifiesta a raíz de esto deseos. Sí miramos el contexto de algunos actos violentos, notaremos que sus ejecutores necesitan urgentemente de la vida spiritual.

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IV. ¿Cómo defendernos de los violentos?

«Porque el defensor de ellos es el Fuerte, el cual juzgará la causa de ellos contra ti» Proverbios 23:11

En situaciones de violencia quisiéramos correr muy lejos e ir a un lugar seguro. Ellas dejan resultados negativos en nosotros y son difíciles de tratar. Pero Jehová nos prometió muchas veces que Él es nuestro defensor [7].

La violencia jamás se combate con más violencia, a pesar del rencor que podamos estar experimentando. Nuestro Dios es el encargado de hacer justicia [8]. Debemos poner en Sus manos aquello que nos atribula, y confiar en que Él se hara cargo de ello.

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