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Dichosos los sufrimientos del justo

Bosquejos Bíblicos

Bosquejos Bíblicos Predica de Hoy: Dichosos los sufrimientos del justo

Bosquejos Bíblicos Texto de la Predicación: 1 Pedro 3:13-18

Bosquejos Bíblicos Propósito: Que los hermanos tengan una perspectiva correcta sobre el sufrimiento, y aprendan cómo enfrentarlo.

Introducción:

¿Por qué los cristianos sufrimos? Otros se burlan de nosotros, ¿por qué? ¿Por qué no puedo ser fiel a Dios, sin ser despreciado por los incrédulos? ¿Por qué ser cristiano tiene que llevar, a veces, necesariamente al debate con los que no aceptan a Cristo? Es más, ¿por qué el mundo persigue a los creyentes?

Todas estas son preguntas que en algún momento de nuestra fe nos hacemos. Nos cuestionamos a nosotros mismos, preguntándonos si es que hemos hecho algo malo. En casos más graves, algunos se quejan y se molestan con Dios. Y en el peor de las cosas, otros empiezan a cuestionarse si creer en Dios fue la mejor decisión que tomaron.

Pero esto es lo que Pedro dice acerca de los sufrimientos del justo:

¡Dichosos si sufren por causa de la justicia!” (vers. 14).

Si somos justos, y sufrimos, Dios nos ha prometido una bienaventuranza. Nos dice que somos dichosos, grandemente benditos, 3 veces felices.

Las  preguntas anteriores provienen de no entender que los justos debemos sufrir mientras estamos en este mundo. Los justos de Dios siempre han sufrido a manos de los malvados. Allí están los salmistas, clamando a Dios que los libre de sus enemigos, que son blasfemos, persiguen su alma, y le preguntan: “¿dónde está tu Dios?” (Salmo 42).

Sin embargo, no sufriremos en vano. Porque Dios nos promete una bienaventuranza. Así que, veamos lo que este texto dice para nosotros.

En esta porción, encontramos:

Desarrollo:

I. Entendiendo los sufrimientos del cristiano (verss. 13-15).

a. Nadie sufre por hacer el bien.

 “¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?” (vers. 13).

Esto es una pregunta retórica, y la respuesta es: “nadie”. ¿Qué significa eso de que nadie puede hacernos daño, si seguimos el bien?

En primer lugar, eso no significa que si hacemos bien, nunca vamos a tener ningún sufrimiento. Eso es contradictorio a todo lo que Pedro ha explicado en la carta, y en este pasaje. De hecho, el versículo siguiente dice que somos dichosos, si sufrimos por la justicia. Y de hecho, estos hermanos, estaban padeciendo persecución por su fe. Prometer una vida sin sufrimientos, si vivimos bien, es una utopía, es un sueño fantástico, que no se apega a la realidad.

Ahora, lo que esto significa es que las personas no pueden hacernos ningún daño real. El hombre puede quitarnos propiedades, herir nuestro cuerpo y matarlo. Sin embargo, no pueden destruir el alma.

Los sufrimientos del justo – Con respecto a esto, Jesús dice:

Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. (Mateo 10:28).

Según Jesús, matar el cuerpo no es un verdadero daño real. El daño real y verdadero es el que Dios puede hacernos. Al final, la salvación que Cristo nos ha dado nadie nos las puede quitar, porque es una salvación eterna.

Además, todo lo que el hombre puede dañar Dios lo restaurará en el día final. Nuestro cuerpo puede ser apedreado y torturado, pero Dios lo resucitará en el día final. Así que, no es un daño permanente, sino temporal. “¿Quién podrán hacerles daño, si os seguís el bien?”

b. La justicia trae sufrimiento.

El versículo 14 claramente expresa que los cristianos debemos sufrir por causa de la justicia. Eso es porque la forma de pensar y el estilo de vida que proviene de Dios está en oposición con el mundo. Dios aborrece el pecado y la inmoralidad de este mundo. Y el mundo aborrece la santidad y la justicia de Dios.

Por eso, si nosotros queremos vivir conforme a la santidad y a la justicia de Dios, la consecuencia es que nos perseguirán. Los apóstoles fueron perseguidos por predicar a Cristo crucificado, ¿por qué predicar a Cristo recibe tanta oposición? Porque la predicación de Cristo llama a la gente al arrepentimiento y apartarse de su mal estilo de vida. Es por eso, que la gente rechaza este mensaje. Si somos justos, sufriremos en un mundo que es injusto.

c. Bienaventurados por sufrir por la justicia.

Pedro es enfático en que este tipo de sufrimiento es una bendición, es una bienaventuranza. La primera razón que da la Escritura es porque es una dicha dar nuestra vida por Cristo. Pablo dice que Dios le ha concedido al creyente no sólo creer en Cristo, sino también padecer por Él (Filipenses 2:29). Transitar los caminos que transitó para salvarnos a nosotros es un privilegio que debemos aceptar con gozo y alegría.

En segundo lugar, otra razón la cual es una bienaventuranza es porque hacemos por Cristo lo que Cristo hizo por nosotros. Más adelante hablaremos más sobre eso. Pero hasta ahora hay que enfatizar que no hay mayor agradecimiento y muestra de amor hacia Jesús que estemos dispuestos a dar nuestra vida por Él, como Él la dio por nosotros.

II. Cómo enfrentar los sufrimientos (vers. 15-18).

a. No temer a los hombres, sino a Dios.

Ahora, este entendimiento del sufrimiento que tendremos como cristianos tiene una implicación para nuestras vidas. Primero, si el hombre no puede hacernos ningún daño, sino sólo Dios, entonces no debemos temer a los hombres, sino solamente a Dios.

El texto claramente dice que no tengamos temor de ellos, no dejemos que turben nuestros corazones, sino que antes bien, santifiquemos a Cristo como Señor en nuestros corazones. Eso significa que no debemos dejar que estas personas que intentan hacernos daño nos quiten nuestra fe, nos haga temer, nos hagan ser disuadidos de la verdad.

Antes bien, debemos permanecer firmes en nuestra fe, y glorificar a Jesús con todo nuestro corazón. Honrarlo y exaltarlo en nuestros sufrimientos, porque Cristo es Señor y Rey, Salvador y Redentor nuestro, aún cuando los demás no lo acepten.

b. Presentar defensa de la fe.

Pedro lleva esto más allá. Y dice que debemos presentar defensa de nuestra fe. No sólo es que debemos estar convencidos de que Cristo es verdadero Señor y Salvador en nuestros corazones, debemos proclamar su nombre al mundo, para que sea salvo a través de Él.

Y Pedro dice que debemos “presentar defensa”, siempre que se pida razón de nuestra fe. Presentar defensa significa que debemos luchar contra la forma de pensar de los incrédulos. Es decir, debemos intentar persuadir y convencer a las personas de por qué la esperanza en Cristo es la esperanza que todos deben aceptar.

Ahora, el texto es claro. No debemos luchar contra las personas, sino contra sus argumentos para no acercarse a Dios. Por eso el pasaje dice que debemos hacerlo con mansedumbre y reverencia. Y no apologética donde nos molestamos, insultamos, y denigramos a las personas no tiene nada que ver con esto. Debemos presentar defensa de lo que creemos. ¡Esa es una manera digna de sufrir como cristianos!

III. El ejemplo de Cristo ante los sufrimientos (vers. 18).

a. Siendo justo sufrió.

El pasaje nos pone a Cristo como ejemplo. Si nosotros pensamos que es injusto sobre por ser cristiano, miremos a Cristo. Él no tuvo ningún pecado, era “el Justo”, y sin embargo, “padeció por los injustos”, “padeció por nuestro pecado”.

Cristo sufrió en lugar nuestro, aunque no lo merecía ni tenía que hacerlo. Así como Cristo hizo por nosotros debemos hacer nosotros por Él.

b. Pero así nos hizo bienaventurados.

Cuando Cristo hizo esto, lo hizo con un fin. Con el fin de llevarnos a Dios. Cristo tuvo que morir por pecados que no eran suyos, para salvar a quienes no lo queríamos. El resultado de esa muerte por la justicia la salvación de nuestras almas. Esta es la bienaventuranza que Él consiguió. De la misma manera, si nosotros sufrimos como Él, obtendremos nuestra bienaventuranza. Dios nos promete que el sufrimiento por Cristo no será en vano, porque así Cristo nos abrirá su reino de par en par, si le reconocemos ante los hombres, Él reconocerá delante del Padre.

Conclusión:

Así, hermanos, sufran con paciencia, y honren a Cristo como Señor en sus corazones. Ámenle, y confíen en Él. No miren lo que los hombres pueden hacerlo. Miren a Cristo en sus sufrimientos, ¡y qué los capacite para ser perseverantes!

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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