Yo soy la Vid Verdadera

Bosquejos Bíblicos

Bosquejos Bíblicos Predica de Hoy: Yo soy la Vid Verdadera

Bosquejos Bíblicos Lectura Bíblica de Hoy: Juan 15:1-7

Introducción

¿Cuál es la clave para una vida espiritual próspera? ¿Cómo podemos ser cristianos que constantemente reflejan más a Cristo? ¿Cómo vencer nuestros pecados con mayor frecuencia, y obedecer más y más a Dios?

Todas estas son preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez en nuestra vida. La vida cristiana es deleitosa, y la mejor que podamos vivir, si la comparamos con el mundo. Pero también debemos aceptar que es difícil vivirla. Tanto así, que el Señor Jesús la describió como una manera de llevar una cruz.

Es por eso que, contestar las preguntas del principio es bastante esencial para ser cristianos constantemente dan frutos para el Señor Jesús. En bosquejos bíblicos de hoy, veremos lo que el Señor Jesús sobre sí mismo, para ser prósperos en nuestra vida espiritual.

I. Identificando los personajes

A. El Hijo es la Vid.

Una vid es una planta de uvas. Vid es el nombre que se le da a la planta de uvas. Se refiere a la planta principal, junto con su tronco y su raíz. De la vid proviene la savia, o los nutrientes que dan capacidad a las ramas de dar fruto.

Jesucristo dice que Él es la vid, porque de él surgen todos los beneficios de nuestra salvación. Los pámpanos, o las ramas, solamente podemos dar frutos, cuando estamos unidos a Cristo Jesús.

B. El Padre es el Labrador.

El labrador es el jardinero que se encarga de cuidar la rama. Él la riega, y la poda para que pueda dar adecuadamente frutos. Es más, el labrador es quién normalmente siembra la planta, y a Él le pertenece. Él se asegura de que cada rama esté dando su fruto, de lo contrario la corta.

El Padre es el labrador porque Él fue quien nos entregó a Jesucristo. Como el labrador siembra a la vid, el Padre nos entregó a su Hijo, para que, por medio de Él, llevemos fruto.

C. Nosotros los pámpanos.

Los pámpanos son otras formas de llamar las ramas principales de la vid. De los pámpanos es de donde surgen los frutos. Nosotros somos los pámpanos, porque somos quienes debemos llevar frutos de salvación.

Los frutos se refieren al cambio de corazón que se evidencia a través de nuestras obras. Se refiere a todas las evidencias externas de que hemos creído en el Señor. Todas aquellas cosas que demuestran que somos hijos de Dios.

II. El rol de cada personaje

A. El rol del Hijo.

Jesús es la vid porque es el origen de toda nuestra salvación. Todos aquello que necesitamos para poder crecer, para ser maduros, y dar cualquier fruto están en Cristo. Nada podemos hacer separados de Él (verss. 4-6).

La Escritura nos demandan muchas cosas. Cosas que creer, cosas que hacer, cosas que sentir. Y cosas qué buscar en nuestro corazón. Ninguna de esas cosas puede alcanzarse separados de Jesucristo.

Así como un pámpano separado de la vid, no puede llevar frutos, de la misma manera, no podemos dar frutos separados de Jesús.

B. El rol del Padre.

Ahora, ¿qué sucede, cuando no damos fruto? ¿Qué sucede, cuando nos negamos a permanecer en Cristo? ¿Qué sucede cuando una persona que tiene mucho tiempo en la iglesia nunca cree? Cuando somos duros para obedecer la palabra de Dios, ¿qué sucede entonces?

Aquí es donde entra el rol del Padre. El versículo 2 dice que Dios quitará a todo pámpano que no dé fruto. Mientras que limpiará a todo el que, si dé fruto, para que dé más fruto.

Hay una similitud y una diferencia entre los verbos quitar y limpiar. Ambos implican un corte. Para quitar se debe cortar. Para poder, también se debe cortar.

Pero una hay diferencia. Cuando un pámpano es quitado, es separado completamente de la savia que le hace vivir, y dar fruto. El resultado es que el pámpano muere, y echado al fuego (vers. 6). El propósito de la poda es que los frutos sean más grandes y dulces.

C. El rol nuestro.

Como pámpanos, nuestro rol es dar fruto. Esto lo veremos en el siguiente punto.

III. Aplicación de la metáfora

A. Dar fruto.

Toda esto nos hace ver nuestro propósito como cristianos como hijos de Dios. El Padre nos unió a Cristo para que demos fruto. No estamos en el Señor para quedarnos inertes, sin poder disfrutar de la savia de Cristo.

Si en verdad somos verdaderos pámpanos, debemos dar frutos para el Señor en todo. Pero si no damos frutos, el resultado es que seremos cortados. ¿De qué sirve una rama que esté unidad a la vid, y no nos dé frutos? Esa rama debe ser cortada. ¿De qué sirve que estemos en la iglesia si no damos fruto? ¿De qué sirve que digamos ser cristianos, si no obedecemos a Dios?

B. Permanecer en Cristo.

Ahora, esto no puede hacer separados de Cristo. El texto es muy claro. Sin Cristo nada podemos hacer (verss. 4-5). Si nosotros queremos dar verdaderos frutos debemos trabajar duro para permanecer unidos al Señor Jesucristo.

Es más, Jesús es claro. La razón por la que muchos no dan frutos es porque se separan del Señor Jesús (vers. 6). Debemos permanecer en Cristo, creyendo en Él, buscando su ayuda, y obedeciendo sus mandamientos.

C. Obedecer su Palabra.

En ese sentido, permanecer unidos a Cristo está íntimamente ligado a creer y obedecer su Palabra. Jesús dice que sus discípulos ya habían sido limpiados, o podados, por la Palabra. Es decir, mediante la Palabra dieron fruto.

Y el versículo 7 es enfático, en que permanecer en Cristo equivale a permanecer en su Palabra. Los judíos se alejaron de Cristo, cuando rechazaron su predicación. Lo que equivalía a rechazarlo a Él. Estamos unidos a Cristo cuando nos apropiamos de la Palabra de Dios.

Conclusión

Grande enseñanza la que tiene el Señor Jesús para nosotros aquí. En bosquejos bíblicos, mediante Juan 15, aprendemos que sólo en nuestro Salvador podemos dar frutos.

Jesús es nuestro Salvador en el pleno sentido de la Palabra. No sólo lo fue al principio, sino en toda nuestra vida como cristianos. ¡Permanezcamos en el Señor y daremos mucho fruto!

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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