Lucas 9:57-62

Introducción

Todo cristiano desea profundamente en su corazón seguir a nuestro Rey y Salvador.  ¿Qué hacemos? Lo que hacemos es que buscamos una iglesia, empezamos a reunirnos; pensando que de esta manera estamos siguiendo a Cristo. Pensamos que de esta manera le estamos sirviendo. Pero lo que sucede en muchas ocasiones es que en realidad no le estamos siguiendo, no le estamos sirviendo.

La razón más grande de esto es porque muchos de nosotros en realidad no nos hemos dado cuenta de que el seguirle es algo muy costoso.  Estoy seguro que muchos de ustedes en estos momentos están pensando que lo que les estoy diciendo no tiene sentido, pero les repito, el seguir a Cristo es bien costoso. ¿Qué cuesta seguir a Cristo?

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 I. Nos costara nuestra comodidad (verss. 57-58).

a. Jesús nos pide que dejemos nuestra comodidad; esto no significa que regalemos todo lo que tenemos y  nos hagamos pobres, o que no busquemos mejorar nuestra vida.
b. No podemos acomodarnos en nuestra salvación.  La comodidad produce complacencia.
c. La complacencia produce desobediencia y pecado.
d. Tenemos que negarnos a nosotros mismos.  No nos podemos dejar guiar por la carne.

II.  Nos costara laborar a pesar de las circunstancias (verss. 59-60).

a. Estamos llamados a obrar para el Reino de Dios (Mateo 28:16-20).
b. El Reino de Dios es más importante que cualquier otra cosa (Mateo 6:33).
c. Tenemos que dejar de hacer excusas para no cumplir con nuestro llamado.  “…Ve, y anuncia el reino de Dios…”

III. Nos costara perder posesiones, amistades y familiares (verss. 61-62).

a. Dios tiene que ocupar el primer lugar en nuestra vida.
b. Seremos aborrecidos por causa de su nombre (Mateo 24:9).
c. Jesús no nos dice que odiemos a nuestros seres queridos (Mateo 19:19).
d. No podemos mirar hacia atrás, tenemos que concentrarnos en la visión que Dios nos ha dado.

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Conclusión

Existen muchos cristianos como los tres hombres en la lectura de la biblia que hemos usado hoy para nuestro bosquejo.  Cristianos que sienten la necesidad de servirle, que quieren de todo corazón hacerlo, pero que permiten que las cosas de este mundo los detenga.

El hombre no es merecedor de lo que Cristo ha hecho por nosotros. No existe nada que podamos hacer que pueda pagar por ese sacrificio perfecto que Él hizo por nosotros en la cruz. El precio que tenemos que pagar por servirle puede aparentar muy costoso, pero, consideremos lo que hemos recibido en cambio.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.