Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Texto Biblico:Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” (Juan 5:22-23)

Introducción

Una gran realidad, es que el regreso de Cristo es inminente. Ahora bien, no quiero que nadie me malinterprete. Yo no estoy diciendo ni implicando, que será en cierta fecha, o he dicho eso debido a la crisis mundial por la que el mundo se encuentra atravesando. Pero de algo que podemos estar muy seguros es que Él regresara (Mateo 24:44).

Pero cuando Él regrese, no será como su primera estancia aquí en la tierra, sino que vendrá a juzgar a los que hayan quedado atrás (Apocalipsis 22:12). Y esto es algo que se le hace muy difícil aceptar a muchos, ya que como Dios es amor, ¿cómo es posible que condene a alguien? Pero no es que Dios desee condenar a alguien (1 Timoteo 2:1-4), sino que nosotros mismos somos los que nos condenamos. Nosotros mismos somos los que escogemos cual será nuestro destino final. Permítanme explicarme.

Cristo asumió nuestra naturaleza

Cuando Jesucristo vino al mundo, Él asumió nuestra naturaleza. En otras palabras, se humilló asumiendo la condición humana, la cual es débil (Mateo 26:41). Esto significa que Él sufrió todo lo que nosotros sufrimos en nuestra condición de seres humanos. Siendo Dios, Él hizo suyos todos nuestros sentimientos y padecimientos.

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Así que Él conoció lo que es la alegría, la tristeza, el hambre, y el sueño. En todo se hizo igual a nosotros. Esto es, en todo menos en el pecado, y es exactamente por eso que hoy nosotros tenemos acceso a la presencia de Dios (Hebreos 4:15-16).

Jesucristo tuvo que experimentar toda la naturaleza humana, para luego poder llevar nuestra naturaleza al cielo cuando resucitase. En otras palabras, por medio de Su presencia en el mundo, sacrificio y resurrección, Él elevó nuestra naturaleza humana a un estado al que nunca podría haber llegado. Hermanos, Jesucristo abrió las puertas del cielo a todos los hombres. Esta fue Su misión mientras estuvo aquí físicamente.

Su regreso 

Pero Él prometió que regresaría, y Su regreso no será igual que cuando estuvo aquí por primera vez. Cuando Él regrese, Él no vendrá revestido de humildad, sino de gloria. Vendrá como Señor poderoso, rodeado de sus ángeles, para juzgar al mundo.

Como pudimos apreciar en la lectura inicial de la palabra de Dios, Jesucristo recibió la función de juzgar nuestras acciones de parte del Padre, quien lo proclamó juez de las naciones. Nuestro Padre celestial le entregó al Hijo la responsabilidad de juzgar nuestras acciones (Hechos 10:39-42), para recompensarnos o para castigarnos (Apocalipsis 20:12-15).

Pero para evitar el castigo, y recibir la salvación que Él murió en la cruz para brindarnos, Cristo nos da un salvoconducto que no podemos ignorar. ¿Cuál es este salvoconducto? La respuesta a esta pregunta es fácilmente encontrada en Juan 5:24 cuando el Señor nos dice: “De cierto, de cierto les digo que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna. El tal no viene a condenación sino que ha pasado de muerte a vida.” (RVA-2015).

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Tenemos que practicar lo que encontramos en la palabra

El Señor nos dice que debemos oír su palabra y creer al que le envió. Solo de esta manera tendremos vida eterna. Solo de esta manera habremos pasado de la muerte a la vida. Pero como he dicho en numerosas ocasiones, no es simplemente oír la palabra de Dios, sino que tenemos que ponerla en práctica. En otras palabras, permitir que nuestra vida sea guiada por la palabra de Dios, y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros.

La realidad es que es imposible pensar que somos salvos, o que recibiremos una recompensa de Dios, si no cumplimos son Su palabra, y obedecemos lo que Él nos manda (Mateo 7:21). La biblia es muy clara en esto, la desobediencia sólo producirá maldición (Deuteronomio 28:15-64).

La desobediencia causara que Dios no nos envíe las bendiciones que tenía en mente entregarnos. Esto es algo que queda bien expresado en las palabras del profeta en Jeremías 18:10 donde leemos: “Pero si hacen lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerles.” (RVR1995)

Debemos y tenemos que entender, que cuando el Señor venga en Su gloria, seremos juzgados por nuestras obras (Mateo 25:31-46). En ese momento lo más importante no será cuánto hemos orado, o si nos sabemos la palabra de Dios de memoria. Lo que nos juzgará será si la pusimos en práctica o no. ¿Cómo podemos poner en práctica la palabra de Dios?

La realidad es que existen numerosas maneras de poner en práctica la palabra de Dios, pero yo diría que la más importante es amando a nuestros hermanos (Mateo 22:39), y ayudándolos en su necesidad. En otras palabras, cumplir con lo que el Señor nos ha llamado a cumplir. Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, visitar al preso y al enfermo, recibir al forastero, y vestir al desnudo. Recordemos que cuando lo hacemos con el más pequeño de nuestros hermanos, lo estamos haciendo con Jesús mismo.

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Meditemos con sinceridad si dedicamos lo mejor de nuestras fuerzas a los que más lo necesitan. O si simplemente nos ocupamos de orar un poco, y con eso creemos que ya estamos salvos. Pensemos qué hemos hecho en este tiempo de necesidad mundial, por todos aquellos que están pasando un peor momento que nosotros. Preguntémonos, ¿Estamos demostrando el rostro de Cristo al mundo con nuestras acciones?

Mostrar el rostro de Jesús al mundo

En Mateo 5:14 el Señor nos dice: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida.” (RVA-2015). Y como tal, ahora es el momento en el que tenemos la posibilidad de crecer en el amor, y mostrar el rostro de Jesús a los demás. Debemos aprovechar estos tiempos de de dificultad para obrar con caridad cristiana, y cumplir el mandato del Señor.

Recordemos que cuando el Señor regrese, ya no habrá más tiempo ni arrepentimiento. El Señor dará a cada uno según su merecimiento en el día del juicio. Como les dije, y como nos dice claramente el Señor, el día y la fecha de Su regreso no lo conoce nadie (Mateo 24:36); así como tampoco sabemos cuándo será el día de nuestro juicio particular; esto es, el día de nuestra muerte (Santiago 4:13-14).

Lo único que sabemos, y la palabra de Dios nos indica, es que debemos estar atentos. Debemos estar alertas, armados de buenas obras y amor al prójimo. La realidad es que nuestra vida en esta tierra es corta, y sólo tenemos este corto tiempo, para por gracia, recibir la eternidad.

Conclusión

El Señor vino la primera vez en humildad y mansedumbre. Pero cuando regrese, será para juzgar al mundo como el Todopoderoso. Hermanos, el Señor vendrá a juzgar nuestro amor. Y es por eso que como fieles cristianos debemos estar preparados, no sólo con mucha oración y estudio de la palabra de Dios, sino llenos de buenas obras.

Como fieles cristianos, no podemos olvidarnos y/o ignorar que una vez que aceptamos a Cristo, somos hechura suya. Así que nunca podemos olvidarnos de las palabras del apóstol Pablo encontradas en Efesios 2:10 que nos dice: “pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

Nadie sabe cuándo será Su regreso, así que no te dejes engañar. No sabemos cuándo será ese día, lo único que sabemos con certitud es que sucederá, y que debemos estar preparados. Hermanos, cuando regrese, el Señor vendrá a juzgar nuestro amor. Por eso es esencial meditar en estas verdades diariamente, examinarnos, y preguntarnos ¿estamos cumpliendo con la palabra de Dios?

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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