Una de las realidades de la iglesia de hoy es que existe un buen número de creyentes bastante confundidos. No estoy hablando acerca de las falsas doctrinas y sectas, estoy hablando acerca de la confusión que existe referente al propósito de la iglesia. Digo esto porque cuando preguntamos a un creyente: ¿por qué existe la iglesia?, sin duda alguna recibiremos una buena variedad de respuestas.

Algunos dirán que la iglesia existe para suplir sus necesidades espirituales; algunos dirán que la iglesia existe para aprender más de la Palabra de Dios; algunos dirán que la iglesia existe para consolar sus dolores o penas; algunos dirán que la iglesia existe para que se puedan reunir para alabar a Dios.

Recibiremos estos tipos de respuestas debido al concepto erróneo de la iglesia que tienen un gran número de creyentes, ya que todas las respuestas que le he presentado no son la razón primaria por la existencia de la iglesia. Las respuestas que les he presentado son la razón por la que tenemos que congregarnos, pero definitivamente no es el propósito principal de la iglesia.

Pero si ninguna de esas razones es la razón principal por la existencia de la iglesia, entonces debemos preguntarnos: ¿por qué existe la iglesia? Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.

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Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Hechos 1:6-8Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Estos versículos forman parte de la descripción de la ascensión de Jesús al cielo. Estamos hablando acerca de un evento que fue presenciado no por uno o dos, sino que fue presenciado por más de quinientas personas. Esto es algo que queda bien declarado en 1 Corintios 15:6 cuando leemos: “Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.” Estamos hablando de un momento monumental.

Estamos hablando de un momento donde el Señor no dejaría duda alguna referente a Su poder, majestad, e imperio en la mente de alguno de sus seguidores. Pero no obstante éste momento tan espectacular, algunos de ellos continuaban dudando. Fíjense bien en éste detalle aquí para que puedan entender bien lo que les digo. Lo primero que vemos en estos versículos que estamos explorando hoy es que ellos dudaron; ellos preguntaron: “…Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”

Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué preguntaron ellos esto? Yo diría que la razón principal por la que ellos preguntaron esto es porque ellos continuaban concentrándose en lo terrenal y no en lo celestial. Y fue por esa misma razón que Jesús les contesto diciendo: “…No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.” En otras palabras, con esto aquí Jesús les ayudo a que reenfocaran su visión; con esto aquí Jesús les guío a lo que es genuinamente importante. ¿Qué es genuinamente importante? Para el creyente lo importante es lo celestial, y no lo terrenal.

Es como nos dice la Palabra en Colosenses 3:1-2 cuando leemos: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” Dile a la persona que tienes a tu lado, fija tu vista en Dios. Éste grupo de creyentes no pudo apreciar completamente lo que estaban presenciando debido a las necesidades materiales y físicas por las que el pueblo de ese entonces atravesaba.

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Digo esto porque debido a la desobediencia, e infidelidad, Dios había permitido que ellos fueran conquistados en más de una ocasión. Como todos sabemos, el pueblo de Dios fue conquistado o subyugado por Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, y Roma durante un periodo de siete siglos[1]. Así que podemos deducir confiadamente el que sufrimiento de ellos fue extenso, y ellos ahora se encontraban subyugados por el Imperio Romano. Aunque el Imperio Romano permitió que ellos continuaran sus prácticas religiosas, el pueblo de Dios había perdido la independencia y soberanía que Dios les había entregado.

Es por esa misma razón que ellos no pudieron inicialmente apreciar lo que estaban presenciando, el sufrimiento y dolor que ellos tuvieron a través de los años les cegaba para que solo pudiesen concentrarse en lo inmediato, es decir, la libertad y soberanía que ellos tanto anhelaban.

Esto en si continúa siendo un problema en la vida de muchos creyentes. Digo esto porque existe un buen número de creyentes que no alcanzan la libertad y soberanía que Dios les ha entregado debido a los dolores y sufrimientos del pasado. Y es por eso mismo que en Efesios 4:22-24 encontramos que se nos dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” ¿Por qué es esto tan importante? Es tan importante porque la realidad es que todo el que vive atascado en el pasado nunca podrá avanzar.

Pensemos en esto por un segundo; ¿a cuántos se les ha atascado su auto en el fango alguna vez? Todo el que ha experimentado esto sabe que mientras más acelere, más se hunde el auto en el fango. De igual manera es nuestra vida; mientras más vueltas le demos a las impurezas del pasado, más nos atascaremos y nos hundiremos en la inmundicia. Hermanos, todo el que vive trabado en el pasado nunca alcanzara recibir la independencia y soberanía que Dios le ha entregado.

En otras palabras conducirá una vida llena de tristeza y dolor, subyugado a las memorias del pasado. Conducirá una vida llena de esclavitud a lo terrenal, y nunca podrá apreciar el poder, soberanía, y libertad que Cristo murió en la cruz para entregarnos.  Cristo murió en la cruz del Calvario para que nosotros no vivamos atascados en el pecado, sino para que fuésemos libres. Pero no toda persona alcanza ver ésta verdad, y muchos de nosotros necesitamos ayuda para poder salir de ese hueco tan profundo que a través de los años hemos cavado. Es por eso que en Romanos 15:1se nos dice: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.” Así que toma ahora la mano del que tienes a tu lado, levántala y dile: te ayudo salir.

¿Por qué existe la iglesia? La única razón por la que existe la iglesia no es para suplir nuestras necesidades espirituales. La única razón por la que existe la iglesia no es para que podamos aprender más de la Palabra de Dios. La única razón por la que existe la iglesia no es para aliviar nuestros dolores o penas. La única razón por la que existe la iglesia no es para que nos podamos reunir para alabar a Dios. ¿Por qué digo esto?

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Digo esto porque la iglesia no es un local o establecimiento; la iglesia no es un edificio, la iglesia es el cuerpo de Cristo. Y es en nuestro Señor Jesucristo donde tenemos que edificar. Esto es algo que queda bien claro en Efesios 2:20 cuando leemos: “..edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”

Las razones citadas son muy buenas razones por las que tenemos que asistir a un lugar donde se siga la sana doctrina, pero ninguna es la razón principal por lo que existe la iglesia. Hermanos la iglesia existe para ofrecerle a la humanidad la oportunidad de ser salvos.

Dios en su infinita misericordia y amor no desea que nadie se pierda. Esto es algo que queda bien claro en Juan 3:16 cuando leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”