En el día de hoy deseo hablarles acerca de un aspecto de nuestra vida cristiana que con frecuencia es desatendido. ¿De qué les hablo? Les hablo de nuestra vida de oración.

Como he dicho en otras ocasiones, el ser humano es impaciente, nosotros queremos las cosas tipito como las cámaras fotográficas polaroid; queremos verlo todo al instante, y usamos ésta misma manera de pensar en cuanto a las oraciones..

El problema que existe con esto es que aunque la oración puede producir resultados inmediatos, en la mayoría de los casos las oraciones no son contestadas instantáneamente. Pero de lo que si podemos estar completamente seguros es que la oración es el arma más poderosa que existe en el universo, y que la oración de un siervo fiel siempre será escuchada y atendida por nuestro Dios.

Pero como les dije, ese aspecto de nuestro caminar cristiano en ocasiones es desatendido. Pero la gran realidad de todo es que todo el que desatiende ésta porción de su fe, en si se está perdiendo las bendiciones de Dios.

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Así que en el día de hoy vamos a examinar esa porción de nuestro caminar cristiano que quizás hemos desatendido, para descubrir tres de las bendiciones que son desatadas en la vida de todo creyente fiel que mantiene una vida de oración saludable..

Pasemos ahora a la Palabra de Dios..

Hechos 12:5-16Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 6Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. 9Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión. 10Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él. 11Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba. 12Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando. 13 cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, 14la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. 15Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! 16Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos.

Cuando tomamos el tiempo de leer éste capitulo desde el inicio, nos damos cuenta de que el rey había mandado a tomar preso a Pedro con la intención de ejecutarle. También encontramos que Pedro estaba siendo custodiado por 16 soldados, y si como todo eso no fuese suficiente, también vemos que el rey ordeno que dos de ellos estuvieran atados a Pedro con fuertes cadenas en todo tiempo.

Al tomar estas precauciones el rey estaba asegurándose de que Pedro no podría escapar. Él quería asegurarse de que ésta vez él lograría ejecutarle, ya que en una previa ocasión Pedro se le había escapado de las manos. Esto es algo que queda bien reflejado en Hechos 5:17-19 cuando leemos: “Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; 18y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública. 19Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo….”

Así que al tomar estas precauciones extremas el rey estaba bien seguro de que ésta vez él ejecutaría al apóstol, pero los creyentes tenían algo muy diferente en mente. Dile al hermano que tienes a tu lado, los creyentes oraban.

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Cuando meditamos en lo que estaba sucediendo en ese entonces con lo que sucede en nuestra vida a diario, no es difícil determinar que no existe mucha diferencia entre el sufrimiento de Pedro en ese entonces y el de muchos hoy en día. Digo que no existe mucha diferencia porque el rey Herodes no fue nada diferente a nuestro enemigo de hoy.

Para que quede bien claro el punto que deseo hacerles, fijémonos en algunos detalles acerca de éste hombre y comparémosle al enemigo de las almas.

El rey Herodes odiaba la iglesia, y nuestro enemigo odia la iglesia; el rey quería encarcelar y encadenar a los creyentes, y nuestro enemigo busca hacer lo mismo a través de los vicios, la vanagloria, la soberbia, y todas las demás ataduras que existen; el rey buscaba matar a los creyentes, y nuestro enemigo busca lo mismo a través de las falsas doctrinas y la propagación de la apostasía; el rey en ese tiempo tenia el poder de lograr esas atrocidades, y nuestro enemigo es una fuerza real quien posee el poder para tratar de influenciar que esas cosas o cosas similares ocurran.

Así que como podemos ver, no existe mucha diferencia entre éste rey del pasado, y el enemigo de la humanidad. Y solo existe una cosa efectiva que podemos emplear para batallar en contra del enemigo; lo único efectivo es la oración.

Como les dije al inicio, la oración desata por lo menos tres bendiciones en nuestra vida. Quizás no sean bendiciones que ocurran de inmediato, pero de algo que si podemos estar seguros es que ocurrirán.  Esto es algo que podemos decir con toda confianza porque es una promesa nuestro salvador; fíjense bien como nos dice el Señor en Juan 14:13 cuando leemos: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”

¿Cuántos desean desatar bendiciones sobre su hogar, su familia, y su vida en el día de hoy? Dile al hermano que tienes a tu lado, vamos a desatar bendiciones. La primera bendición que la oración desata sobre la vida de todo creyente fiel es la paz. Pasemos ahora a la primera bendición que desata o produce la oración.

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Aquí vemos que la Palabra nos dice: “Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 6Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.” Como podemos apreciar en éste momento de su vida, Pedro estaba encadenado a dos soldados.

Pedro estaba encerrado en una prisión sin esperanza alguna de poder escapar, esperando ser ejecutado. Ahora debemos preguntarnos: ¿qué actitud encontramos reflejada en el comportamiento de éste varón? ¿Estaba Pedro rogando que el rey le perdonara? ¿Estaba Pedro preocupado y nervioso?

La respuesta es ¡NO! Como podemos ver en estos versículos, Pedro estaba durmiendo cómodamente. Dile a la persona que tienes a tu lado, Pedro estaba durmiendo. Me atrevo a decir que muy pocos de nosotros, si acaso alguno, dada las mismas circunstancias, pudiéramos hacer lo mismo.

Pensemos en esto por un breve momento. ¿Cuántos han pasado noches de no poder dormir debido a alguna preocupación? No les estoy hablando de una preocupación acerca de algo que quizás nos cueste la vida como en el caso de Pedro, sino quizás una preocupación financiera, o quizás referente al trabajo, o quizás referente a familiares y seres queridos.

Les estoy hablando acerca de preocupaciones que cuando las ponemos en perspectiva, en el gran esquema de la vida, en realidad tienen muy poca importancia. Pero no obstante esto, son cosas que con frecuencia nos roban la paz, nos atormentan y desvelan. ¿Cuantos dice amen? En el caso de Pedro las circunstancias eran bien difíciles, pero él dormía. ¿Cómo pudo lograr esto?

Lo pudo lograr por dos razones.

Número uno, él sabía que su vida no estaba en manos del hombre, sino en las manos de Dios. El pensaba como encontramos en Salmos 27:1 que nos dice: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”

Número dos, es como encontramos aquí en estos versículos “la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.”