Si se acuerdan, la semana pasada hablamos acerca de las bendiciones que existen en la oración, y les hable brevemente de alguna de las trabas más comunes que detienen las bendiciones. Vimos que la falta de atención a nuestra vida de oración y nuestro dudar de la grandeza y poder de Dios causan que las bendiciones sean detenidas. Y es por eso que hoy les repito que como fieles creyentes, tenemos que orar y clamar por Su misericordia y perdón diariamente.

Digo esto porque todos nosotros aquí hacemos algo diariamente que desagrada a Dios. Quizás son cosas que no aparentan tener mucha importancia, o quizás son cosas que hacemos inconscientemente, la razón principal por esto es porque ninguno de nosotros somos perfectos.

Pero, al igual que en ocasiones hacemos cosas que desagradan a Dios inconscientemente, preguntémonos ahora: ¿hacemos cosas que desagradan a Dios conscientemente? Debemos hacernos ésta pregunta porque cuando hacemos cosas que deliberadamente desagradan a Dios, en esencia lo que hacemos es menospreciar y/o rechazar las bendiciones de Dios.

Desdichadamente existen muchos creyentes que hacen esto exactamente, existen muchos creyentes que conscientemente desprecian las bendiciones que Dios tiene para su vida. Pasemos ahora a la Palabra de Dios y encontremos un ejemplo de lo que les hablo, y aprendamos del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy.

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Génesis 25:29-34Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

Una gran realidad es que a través del tiempo las costumbres y las leyes han cambiado, es por eso que antes de proceder con nuestro estudio de hoy, tenemos que hacer una breve pausa para examinar el significado de la primogenitura para el pueblo de Dios de ese entonces.

Como todos aquí sabemos, primogénito significa el primer hijo nacido. Pero primogénito también se emplea de manera figurativa en sentido de prioridad, superioridad, o excelencia. El varón primogénito de una familia debía sujetarse a ciertos ritos y gozaba de privilegios. Ser el primogénito significaba que recibiría una doble porción de la herencia paterna.

Esto es algo que queda bien declarado la ley de ese entonces como encontramos en Deuteronomio 21:17 cuando leemos: “…mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.” ¿Por qué es necesario que sepamos estos detalles?  .

Es necesario saber estos pequeños detalles porque cuando tomamos el tiempo de leer éste capitulo desde el inicio, encontramos que Esaú era el primogénito y el preferido por su padre. Esto es algo que queda bien ilustrado en Génesis 25:28 cuando leemos: “…Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.”

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En otras palabras encontramos que Esaú había sido bendecido por Dios desde el vientre de su madre; él recibiría privilegios y doble porción de la herencia paternal.  Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio para ver como se aplica todo esto a nosotros hoy en día. .

Cuando estudiamos las escrituras encontramos que Dios nos ha entregado numerosas bendiciones a través de Sus promesas. Pero lo más maravilloso de todo es que las escrituras nos dejan saber que Dios nos ha entregado una gran herencia.

Esto es algo que queda bien claro en Gálatas 3:28-29 cuando leemos: “…Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” Nosotros poseemos una herencia que no se puede igualar a ninguna otra, una herencia que no se puede medir o valorizar; Dios nos ha entregado la vida eterna.

Dios tiene un lugar muy especial reservado para todo creyente fiel; esto es algo que el Señor nos deja saber claramente en Juan 14:2 cuando leemos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” Pero cuando aceptamos a Cristo como nuestro Rey y Salvador y perseveramos en conducir una vida agradable a Dios, tenemos aun más de esto.

Cuando tomamos el tiempo de estudiar y meditar en las escrituras encontramos que a demás de la promesa de la vida eterna, Dios en su infinita gracia y misericordia ha derramado y continua derramando bendiciones en la vida de un creyente fiel. Por ejemplo:

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Dios nos ha entregado paz aun en tiempos difíciles; esto es algo que queda bien ilustrado en Filipenses 4:6-7 cuando leemos: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

Dios nos proveerá lo que necesitamos cuando le damos el lugar que Él merece en nuestra vida, y cuando buscamos su rostro en todo momento. Esto es algo que queda bien declarado en Mateo 6:31-33 cuando leemos: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

Si me pusiera a enumerar todas las bendiciones que Dios derrama en la vida de todo creyente fiel no tendría para cuando acabar. Pero ahora preguntémonos: ¿menospreciamos nosotros las bendiciones de Dios? ¿Hacemos nosotros igual que Esaú y cambiamos nuestra herencia por un plato de potaje de lentejas? No creo que exista nadie aquí que diga que si, pero preguntemos: ¿qué significa un potaje de lentejas en nuestra vida? Un potaje de lentejas en nuestra vida es el ceder a los impulsos de la carne; en otras palabras el ceder al apetito por las cosas de éste mundo. Dile a la persona que tienes a tu lado: cuidado con tu apetito.

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.”

Creo que todos aquí podemos ver claramente que en éste caso Esaú hizo una decisión precipitada, y las decisiones precipitadas siempre conducen a los pesares. Quiero que notemos bien lo que le condujo a ésta decisión, quiero que notemos muy bien cuando él dice: “He aquí yo me voy a morir; ¿Para qué, pues, me servirá la primogenitura?” Ahora preguntémonos: ¿hubiese muerto Esaú en ese instante si no comía?

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