Hoy para nosotros es un día muy especial, hoy es el día que celebramos el décimo aniversario de ésta iglesia. Ésta iglesia nació hace diez años con una visión, la visión de llevar el evangelio a las naciones.

Nosotros fuimos llamados a navegar en contra de la corriente de maldad que arrastra a éste mundo. Hoy hace diez años que los fundadores de ésta iglesia decidimos hacer la obra de nuestro Señor Jesucristo.

Hace diez años que decidimos que seriamos completamente diferentes de todas esas congregaciones que profesando venir en el nombre de Dios, han dejado atrás la verdadera misión y propósito, y se han convertido en un negocio. Les puedo decir que en ocasiones la batalla no ha sido fácil; en ocasiones hemos tenido que atravesar por momentos difíciles y dolorosos. Pero no obstante toda dificultad o dolor, aquí permanecemos, perseverando cada día en nuestra fe, y confiando absolutamente en Dios.

Les digo que en ocasiones hemos pasado por momentos dolorosos porque es muy doloroso ver como algunos dentro del pueblo de Dios caen en un estado de rebeldía; es muy doloroso ver que todos desean ser bendecidos, pero muy pocos están dispuestos a bendecir.

Anuncios

Pero cuando no estamos dispuestos a bendecir, entonces no estamos cumpliendo el propósito de Dios para con nosotros. Digo esto porque Dios examina a toda persona, Dios escudriña nuestro corazón, y nos llama a cada uno individualmente. Él nos llama y capacita, pero mantenernos firmes y constantes es nuestra responsabilidad. Él nos llama, capacita, y fortalece, pero descansar en Su gracia, misericordia, y poder, descansa en cada uno de nosotros.

A través de estos diez años aquí hemos visto milagros suceder, hemos visto vidas restauradas, en otras palabras, hemos visto el mover del Espíritu Santo y la mano de Dios en todo. No somos una congregación de cientos o miles, no ejercemos ningún tipo de influencia en la comunidad, y definitivamente no somos famosos. Si nos comparamos con otros ministerios podemos decir que no somos ni una gota de agua en un cubo.

Pero entonces: ¿por qué hemos presenciado los milagros? ¿Por qué hemos visto la mano de Dios en todo? Pasemos ahora a la Palabra de Dios para encontrar las respuestas a nuestras preguntas.

Hechos 2:1-13cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 5Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

No tenemos que examinar esto muy de cerca para encontrar las respuestas a nuestras preguntas. La razón por la que hemos visto la mano de Dios en todo es porque Dios nos ha bendecido con el Espíritu Santo. Dios ha escudriñado el corazón de todos los que obramos y reunimos aquí, y ha visto el gran deseo que tenemos de servirle. Dios ha visto la necesidad que existe en cada uno de nosotros de sentir Su santa y divina presencia. Y Dios ha derramado el fuego de Su espíritu Santo sobre éste lugar.

Ahora bien, me voy a detener aquí por un breve momento y hacer una aclaración. No quiero que nadie vaya a pensar que lo que digo lo digo por orgullo o por destacarnos como perfectos; les puedo decir con toda confianza que ninguno de nosotros somos perfectos. La realidad de todo es que ninguno de nosotros somos merecedores de crédito alguno, solo Dios merece todo el crédito, honra y honor.

Anuncios

Digo esto porque nuestra congregación nunca ha sido un lugar de personajes famosos; nuestra congregación nunca ha sido un lugar de palabras vanagloriosas; nuestra congregación nunca ha sido un lugar de palabras elocuentes. Es más, como todos ustedes saben mi español no es muy bueno y cometo muchísimos horrores de ortografía; digo horrores porque es fácil cometer errores de ortografía, pero los que hago yo dan horror.

No solo tengo faltas de ortografía al escribir, pero también mi pronunciación de algunas palabras no son nada buena, y no hablemos de cuando se me traba la lengua. Quizás algunos estén pensando que estoy siendo demasiado crítico en mi observación personal, pero les estoy hablando del corazón. Yo tengo estos y muchos otros defectos, y se los he dicho para demostrarles que nuestra congregación nunca ha sido un lugar de pastores orgullosos; nunca lo fue y nunca lo será.

Creo firmemente que en ésta congregación nosotros hemos visto la mano de Dios en todo porque nuestro propósito nunca fue, y nunca será, entretener a las personas o pasarle la mano al pecado. Aquí no se predican mensajes populares para agradar el oído del hombre, todos ustedes que llevan un tiempo aquí conocen muy bien que aquí se predica la verdad.

Nuestro propósito siempre ha sido y siempre será agradar a Dios. Nuestro propósito es enseñar la verdad y llamar al pueblo de Dios al arrepentimiento. ¿Por qué no cambiamos nuestro estilo? ¿Por qué no comprometemos algunos de nuestros principios como han hecho tantas otras congregaciones para atraer miembros?

La razón es porque nosotros hemos recibido un regalo muy especial, y nunca nos arriesgaremos a perderlo. ¿De qué regalo les hablo? Les hablo del fuego del Espíritu Santo. Me detengo aquí nuevamente por un breve momento para hacer una aclaración.

Quiero que quede bien claro que yo no estoy diciendo ni implicando que el fuego del Espíritu Santo se ha derramado y continua derramándose en solo ésta congregación o en solo los obreros que formamos parte de éste ministerio. El fuego del Espíritu Santo está al alcance y ha sido derramado sobre todo creyente fiel. Esto es algo que queda muy claro aquí cuando leemos: “…y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”

Anuncios

Así que como podemos ver, éste grupo de fieles creyentes estaban reunidos en éste lugar esperando como el Señor les había instruido.  Fíjense bien como les dijo el Señor en Hechos 1:4-5 cuando leemos: “…Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” Dile a la persona que tienes a tu lado: ellos esperaban recibir la promesa del Señor. Y es por eso que ellos estaban todos reunidos unánimes de corazón.  El Señor les había prometido que Él enviaría al Espíritu Santo, pero la realidad de todo es que ellos no comprendían exactamente lo que esto significaba.

Igualmente, algunos cristianos hoy en día no logran comprender el significado y propósito del Espíritu Santo. Existe un buen número de creyentes que no logran entender que el fuego del Espíritu Santo está aquí con nosotros.

La razón principal por esto es porque muchos han permitido que el diablo venga y apague el fuego. Estoy seguro que no tengo que decirles esto, pero el diablo es el mejor bombero del mundo. Pero el fuego que Cristo nos dejo es más poderoso que cualquier demonio. ¿Qué tan poderoso es? Los versículos 2 y 3 nos dice que ellos oyeron un gran estruendo. ¿Cómo podemos comprender lo que sucedió?

Lo hacemos usando nuestra imaginación. Así que imaginémonos ahora que un huracán o tornado pasó por ese lugar, pero que nada se movió; no hubo destrucción alguna. No se movieron ni las hojas de los árboles. ¿Cuántos dirían que eso fue algo extremadamente poderoso? Yo diría que no solamente fue algo poderoso, sino que fue algo extremadamente impresionante.

¿Qué fue lo que sucedió en ese momento? Lo que sucedió fue el cumplimiento de las palabras del Señor y el cumplimiento de las palabras de Juan el Bautista acerca del bautismo y Espíritu Santo como encontramos en Lucas 3:16 cuando leemos: “…el os bautizara en el Espíritu Santo y fuego.” Así que en éste momento histórico, vemos que Dios nuevamente manifestó su presencia de una manera espectacular.