Una gran realidad es que estamos viviendo en tiempos de incertidumbre. No creo que exista una persona en éste país que en ocasiones no haya pensado que su futuro es incierto. No creo que exista una persona en el mundo que en ciertas ocasiones no haya dudado de la existencia de Dios, ya que a diario podemos ver cosas suceder a nuestro alrededor que nos dejan perplejos.

Las situaciones políticas alrededor del mundo cada día aparentan ponerse peor, y demás está decir que las situaciones económicas también. El número de desempleo aparenta crecer con cada día que pasa, y las grandes y poderosas corporaciones están en un estado de incertidumbre.

Como les dije, vivimos en tiempos inciertos, y lo peor de todo es que la avaricia y maldad aparentan estar fuera de control. Pero ahora la pregunta que debemos hacernos son: ¿existe algún refrigerio para el creyente? ¿Existe algún alivio o consuelo en estos momentos de apuro, incomodidad o pena? Las respuestas a ambas preguntas es ¡SI! El creyente fiel encuentra alivio y consuelo en la Palabra de Dios, ya que la Palabra de Dios es un lugar de bendiciones.

En la Palabra de Dios encontramos las respuestas a nuestras preguntas; en la Palabra de Dios encontramos la esperanza de un nuevo y brilloso futuro; en la Palabra de Dios encontramos la fortaleza para mantenernos firmes. Pero desdichadamente existen muchos creyentes que no alcanzan estas y todas las otras incontables bendiciones que existen en la Palabra, y la razón por esto es porque para poder recibir las bendiciones de Dios existe algo que tenemos que hacer.

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Para poder ver realizada las bendiciones de Dios en nuestra vida, y lograr la victoria sobre las dificultades o situaciones según se presenten, existe algo imprescindible que tenemos que hacer. Sé que seguramente algunos ya estén un poco intrigados así que pasemos ahora a los versículos que nos revelaran las tres cosas imprescindibles que tenemos que hacer para recibir las bendiciones de Dios.

Santiago 1:22-25Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la Palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.

Número uno. En el primer versículo que estamos estudiando encontramos que se nos dice: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” En éste versículo encontramos la clave de cómo lograr la victoria sobre las situaciones, y de cómo obtener las respuestas a nuestras inquietudes.

Hermanos, si queremos ser vencedores, si queremos conducir vidas victoriosas, si queremos recibir bendiciones, entonces tenemos que ser: “hacedores de la Palabra.” Pero, ¿qué significa esto? cuando nos fijamos bien en lo que estamos leyendo, no es difícil discernir que la palabra “hacedores” es una palabra de acción. Dile a la persona que tienes a tu lado, tenemos que actuar.

Conocer la Palabra de Dios es muy importante, ya que la Palabra de Dios nos revela la voluntad de Dios para con nosotros, pero conocer la Palabra de Dios no es suficiente. Digo esto porque tener conocimiento es muy importante, pero el conocimiento sin acción no equivale a nada.

Por ejemplo, a mi esposa le gustan mucho los libros de cocina. Pero aunque ella lea todos los libros de cocina que existan, si ella no toma el tiempo de preparar los platos encontrados en su contenido, entonces ella nunca sabrá el verdadero resultado de la receta. Ella puede memorizarse todas las recetas que existan, pero si no las pone en uso, de nada la valdrán. La verdad es que la Palabra de Dios es igual.

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Digo esto porque la Palabra de Dios no es algo a memorizar y guardar en nuestra mente. La Palabra de Dios es para compartir con otros, y para guiarnos a como debemos comportarnos. El problema más serio que existe es que muchas personas han desarrollado una actitud errónea en cuanto a la Biblia.

Digo esto porque muchas personas tratan de leer la Biblia como se lee un libro, sin tomar el tiempo de meditar en ella para descubrir las ricas y abundantes bendiciones que Dios tiene para con nosotros.

Demás ésta decir que al desarrollar éste tipo de actitud, por mucho que leamos nunca lograremos experimentar todos los beneficios o bendiciones que Dios desea que tengamos. Para recibir las ricas y abundantes bendiciones que Dios desea que tengamos tenemos que ser hacedores de la Palabra. Digo esto porque la Palabra de Dios nos llama a vivir de cierta forma. Preguntémonos ahora, ¿qué nos llama la Palabra de Dios a hacer? Examinemos ahora brevemente tres de las cosas más importantes que estamos llamados a hacer.

Lo primero y más importante que encontramos es que se nos llama a aceptar a Cristo como nuestro Rey y Salvador. Esto es algo que queda bien declarado por nuestro Señor Jesucristo como encontramos en Juan 14:6 cuando leemos: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Y también es algo que queda muy bien ilustrado en 1 Timoteo 2:3-5 cuando leemos: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 5Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.”

Sin primero aceptar a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador no tenemos nada. Digo esto porque por muy religiosos que seamos, por muy puros que pensemos que somos, por muy bueno que opinemos que nos comportamos, la realidad de todo es que no existe nada que nosotros podamos hacer que nos pueda redimir de nuestros pecados. Es como nos dice el Señor en Marcos 8:37 cuando leemos: “¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”.

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El perdón de nuestros pecados y nuestra salvación solo depende de una cosa. Fíjense bien lo que nos dice la Palabra en Hechos 4:11-12 cuando leemos: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

Solo por la sangre de Jesús, solo por el sacrificio perfecto que Él hizo en la cruz del calvario podemos nosotros ahora formar parte del reino de Dios. Es como encontramos en Hebreos 10:19-20 cuando leemos: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne.” Dile a la persona que tienes a tu lado: somos salvo porque Jesucristo actúo.

Lo segundo que nos llama la Palabra de Dios a hacer es a amarnos los unos a los otros, pero más importante de todo, a amar a Dios por encima de todas las cosas.

Fíjense bien como nos dice el Señor en Marcos 12:30-31 cuando leemos: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” ¿Por qué se nos llama a hacer esto?

Se nos llama a hacer esto porque cuando amamos a Dios sobre todas las cosas, cuando amamos a nuestro prójimo de la misma manera que nos amamos a nosotros mismos, entonces nunca haremos nada fuera de la voluntad de Dios, y nunca haremos nada que pueda herir u ofender a aquellos que nos rodean.

Lo tercero que se nos llama a hacer es a perseverar en todo momento. Esto es algo que el Señor nos deja muy claro en Mateo 10:22 cuando leemos: “Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” ¿Por qué se nos llama a hacer esto?

Se nos llama a perseverar porque si no perseveramos en nuestra fe, entonces cuando lleguen las pruebas y tentaciones caeremos del lugar que Dios nos ha entregado. Caeremos del lugar de victoria que Cristo nos ha entregado.

La realidad es que me seria imposible cubrir todo lo que estamos llamados a hacer en éste breve espacio de tiempo que compartimos, pero creo que con lo que hemos cubierto todos pueden llegar a la conclusión que para agradar a Dios y recibir las bendiciones que Él tiene para nuestra vida, entonces tenemos que ser mucho mas que oidores de la Palabra, tenemos que ser hacedores de ella.   Dile a la persona que tienes a tu lado: se un hacedor.

Número dos. Continuando con nuestro estudio leemos: “Porque si alguno es oidor de la Palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.” Hermanos, una gran realidad es que si no somos hacedores de la Palabra, entonces somos simplemente oidores de ella.