Uno de los problemas más serios que ha confrontado la iglesia de Cristo desde el inicio es que a través de la historia, y en el presente, existen muchos que profesan ser cristianos, pero que no viven para Cristo.

Digo esto porque el mundo está lleno de personas que profesan a Cristo, se bautizan, se hacen miembros de una congregación, pero no siguen y viven para Cristo.

El mundo está lleno de supuestos creyentes que no siguen la norma de un verdadero cristiano cual queda muy bien definida en 1 Pedro 1:16 cuando leemos: “…Sed santos, porque yo soy santo.” En otras palabras, no perseveran en conducir una vida en santidad.

Ahora las preguntas que debemos hacernos son: ¿podemos decir honestamente que una persona que no persevera en la santidad es genuinamente salva? ¿Puede una persona que no persevera en la santidad declarar que posee una fe genuina?

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Dos preguntas difíciles para reflexionar, y ambas serán el tema para el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Santiago 2:14-26Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Yo diría que la tentación más grande que un cristiano tiene es la tentación de profesar la fe, y no tener obras. Pero la realidad es que la fe sin obras es una contradicción el términos. Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento para aclarar algo.

Muchos dirían que existe una contradicción entre lo que enseña Pablo acerca de la salvación, como encontramos en Efesios 2:8-9 cuando leemos: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe.” Y lo que Santiago nos enseña aquí en estos versículos, pero la realidad del caso es que no existe contradicción alguna.

Digo que no existe contradicción alguna porque cuando tomamos el tiempo de estudiar los acontecimientos históricos detrás de ambas escrituras, no es difícil discernir que Pablo le estaba hablando a un grupo de personas completamente diferente. Digo esto porque la ciudad de Efeso sufría de una enfermedad mortal; la iglesia en Efeso sufría de la enfermedad de la injusticia sensual y moral, y ésta enfermedad había corrompido al pueblo de tal manera que cuando Pablo llego a ellos, la iglesia consistía de solo doce creyentes.

Esto es algo que queda bien ilustrado en Hechos 19:1-7 cuando leemos: “Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos, 2les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. 3Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. 4Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. 5 cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. 6Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. 7Eran por todos unos doce hombres.”

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Así que como podemos apreciar, cuando Pablo hablo acerca de la salvación en Efeso, él le estaba hablando a pecadores que necesitaban ser salvos de sus pecados, pero en los versículos de Santiago que estamos explorando en el día de hoy vemos que Santiago le hablaba a los santos, es decir, a los que ya habían recibido la salvación.

En los versículos que estamos explorando en el día de hoy Santiago le hablaba y les habla a los miembros del cuerpo de Cristo, quienes necesitaban, y muchos necesitan aún, ser santificados. Es por ésta misma razón que podemos decir que sin duda alguna no existe una contradicción entre lo que enseña Pablo acerca de la salvación, y lo que encontramos aquí en el libro de Santiago. No existe contradicción alguna porque como hemos podido apreciar existían dos circunstancias completamente diferentes. Con esto en mente continuemos ahora nuestro estudio de hoy.

Para que podamos entender bien el mensaje de hoy, transformemos los versículos que estamos explorando en el día de hoy a términos modernos. Les pregunto, ¿puede funcionar un automóvil sin gasolina? La respuesta a esto es NO. Al igual que un automóvil no puede funcionar sin gasolina, nuestra fe no puede funcionar sin obras.

En otras palabras, para que nuestra fe sea efectiva, tiene que ser acompañada, tiene que ser suplida por obras. Una de las preguntas que recibo con mucha frecuencia es: “¿se puede perder la salvación?”

Les contestare ésta pregunta con otra: ¿se puede perder lo que nunca se ha tenido?”. Claro está en que es imposible perder lo que nunca se ha tenido. Contestó la pregunta acerca de la salvación de ésta manera porque la realidad del caso es que aunque creer en Cristo es un acto de pura fe, creer en Él solamente es el primer paso que damos para recibir la salvación; esto es algo que queda extremadamente claro en Juan 3:16 cuando leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Pero tener el conocimiento de que Él existe y quien Él es no es suficiente para alcanzar la salvación. Fijémonos cuidadosamente en lo que nos declara aquí Santiago cuando leemos: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.”

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Tener el conocimiento de que Él existe no es suficiente; creer en Él no es suficiente. Satanás y todos sus demonios conocen acerca de Cristo; los poderes de las tinieblas creen que Él es el Hijo de Dios, pero nada de esto les salvará. Nada de esto les salvará porque ellos se rebelaron en contra de Dios y su futuro es bien claro.

El futuro de Satanás y de los poderes de las tinieblas queda claramente declarado en Apocalipsis 20:10 cuando leemos: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Y es por esto que Santiago nos dice que ellos: “creen, y tiemblan.” El mismo futuro le aguarda a todo aquel que cree o que tiene conocimiento de que Cristo existe, es decir aquellos que profesan la fe cristiana, pero que no tienen obras que acompañen su fe.

Creer en Cristo no es suficiente para alcanzar la salvación. Esto es algo que el Señor nos deja bien claro en Mateo 7:21-23 cuando leemos: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” Hermanos para alcanzar la salvación hay que perseverar en la santidad; en otras palabras hay que vivir dentro de la voluntad de Dios.