Si se acuerdan la semana pasada exploramos el tema de la fe, y pudimos ver claramente que decir que tenemos fe no es suficiente. Como pudimos apreciar, vimos que la Palabra de Dios nos enseña que una fe genuina tiene que ser acompañada de obras.

Hoy deseo profundizar más en el tema de la fe. Deseo profundizar en éste tema porque la triste realidad de todo es que la fe de muchos creyentes se encuentra en gran peligro, sino completamente muerta.

Esto es algo que ha sucedido debido a la corrupción que existe dentro del Cuerpo de Cristo, es decir la iglesia en su totalidad, y la apostasía que puede ser encontrada en la mayoría de las congregaciones.  En otras palabras, la corrupción ministerial ha dado luz a la apostasía, y el resultado final ha sido la muerte o la debilitación de la fe de un sin número de creyentes.

Hoy vamos a explorar unos versículos que estoy seguro que la mayoría de nosotros,  sino todos, hemos leído o escuchado. Hoy vamos a explorar unos versículos que la mayoría de nosotros hemos visto como una gran enseñanza del significado de tener una fe absoluta, o del milagro más grande de Jesús.

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Esto por supuesto será lo más evidente que podremos apreciar, pero en los versículos que estaremos explorando hoy también encontraremos un mensaje más profundo. Encontraremos un mensaje que nos servirá para fortalecer y o revitalizar nuestra fe. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Juan 11:38-44Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. 39Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. 40Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? 41Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. 42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: !!Lázaro, ven fuera! 44Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

Como les dije hace un breve instante, la mayoría de las personas dirían que la lección más importante que existe aquí es que el Padre escucha la oración del Hijo, y que Jesús probó Su verdadera identidad al resucitar a Lázaro, pero les digo que aquí existe una lección mucho más profunda.

Lo que sucedió en éste instante sin duda alguna fue una cosa gloriosa; no cabe duda alguna que fue uno de los milagros más poderosos de nuestro Señor Jesucristo. Pero aquí también encontramos una lección que nos ayudara a fortalecer y/o revitalizar nuestra fe. Digo esto porque creo que todos aquí tenemos un buen conocimiento de la relación que existía entre nuestro Señor Jesucristo, Lázaro y su familia.

Y la profundidad de ésta relación es algo que queda muy bien reflejada en las palabras de las hermanas  de Lázaro, cuando inicialmente le pidieron a Jesús que regresara porque Lázaro estaba enfermo y a punto de morir, como encontramos en Juan 11:3 cuando leemos: “Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.” Pero de algo que tenemos que estar muy concientes es que aunque ellas enviaron un mensaje para que Jesús regresara, en realidad la fe de ambas había sido corrompida.

Ninguna de las dos hermanas poseía una fe absoluta en el Señor que les condujera al entendimiento de Su poder, gloria, y majestad. Ellas enviaron por Él más que nada para que Jesús tuviese la oportunidad de despedirse de su amigo amado antes de morir.

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Esto es algo que queda muy bien reflejado en la actitud que ellas demostraron como encontramos en Juan 11:20-21 cuando leemos: “Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. 21Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.” La fe de ambas hermanas había sido de cierta forma corrompida debido a las circunstancias que le rodeaban. Quiero que notemos bien de lo que ellas estaban rodeadas.

La fe de ambas hermanas estaba rodeada de dolor y sufrimiento, ya que habían visto a su hermano morir. Las hermanas de Lázaro estaban rodeadas de personas que aunque las acompañaban con muy buenas intenciones, lo único que estaban logrando era debilitar la fe de ambas, ya que ponían en duda el poder, majestad, y gloria de Dios.

Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Juan 11:37 cuando leemos: “Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” Ahora pregunto: ¿de que esta rodeada tu fe?

Hago esta pregunta porque de aquí nosotros tenemos mucho que aprender. Digo esto porque con frecuencia las circunstancias que nos rodean pueden causar que nuestra fe se debilite, y que pongamos en duda todo lo que hemos aprendido, y lo que conocemos acerca de la verdad de Dios.

Como les dije al inicio, la fe de muchos se encuentra en gran peligro, sino completamente muerta. La corrupción ministerial ha dado luz a la apostasía, y el resultado final ha sido la muerte o la debilitación de la fe de un sin número de creyentes. ¿Cómo puede ser que esto suceda? .

Esto es algo que ha sucedido porque la realidad de todo es que no todo el que dice venir en el nombre de Dios, genuinamente viene en el nombre de Dios.

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Es por eso que en 2 de Corintios 11:13-14 encontramos que el apóstol nos advierte acerca de todo esto cuando leemos: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. 14Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” Pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo han podido estos falsos obreros introducir falsa doctrinas y huecas filosofías dentro del Cuerpo de Cristo? Estas cosas han sido logradas porque todo no fue introducido de golpe. Permítanme ilustrarles el punto que deseo hacer de otra manera.

¿Cuántos han escuchado acerca del síndrome del sapo? El síndrome del sapo es una anécdota muy popular que describe como un sapo vivo puede ser cocinado lentamente.

La premisa es que si un sapo vivo es puesto en una cazuela de agua hirviendo, el sapo salta y se sale inmediatamente de ella. Pero que si se pone el mismo sapo en una cazuela de agua fría, pero se le va subiendo la temperatura lentamente hasta hervir, el sapo se queda tranquilo hasta morir cocinado.

Ésta anécdota es frecuentemente usada como una metáfora de la inhabilidad de reaccionar de las personas a los cambios importantes que suceden gradualmente. Ésta metáfora puede ser utilizada para describir muy bien lo que le ha sucedido a la fe de muchos creyentes.

Digo esto porque muchos se han acostumbrado a escuchar ciertas cosas, y se han sometido a lo que escuchan de tal manera, que ya no es un sometimiento a la voluntad de Dios, sino manipulación por parte de los hombres. ¿Pero por qué permite Dios que esto suceda?

Hermanos la realidad de todo es que nos es que Dios permita que estas cosas sucedan, la realidad es que Dios NO nos obligara a vivir Su verdad. Permítanme explicarles esto de otra forma para que me entiendan bien.