Si se acuerdan, la semana pasada les dije que existían muchos creyentes que se habían acostumbrado a tener una relación superficial con Dios, y que esto era algo que en todo caso nos conduce a que dejemos de escuchar Sus advertencias y consejos.

Demás está decir que cuando permitimos que nuestra relación con Dios se reduzca a ese nivel, es muy difícil discernir entre los verdaderos creyentes y el mundo, ya que en vez de destacarnos como personas especiales nos mezclamos a la masa. Así que hoy estaremos explorando el tema de establecer una relación más profunda con Dios.

Hoy vamos a ver lo que tenemos que hacer para restablecer o fortalecer nuestra relación con Dios, y el resultado que final que nuestro esfuerzo obtendrá. Hoy estaremos leyendo del capítulo 14 del segundo libro de Crónicas, donde encontraremos un ejemplo de un compromiso genuino, y el resultado que produjo.

Porque el tiempo que compartimos es corto no leeré el capitulo completo, sino que haré referencia a los versículos claves que nos revelaran los pasos a seguir para profundizar nuestra relación con Dios. Les pido que en su tiempo de meditación lean el capitulo completo.

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2 Crónicas 14:1-7Durmió Abías con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David; y reinó en su lugar su hijo Asa, en cuyos días tuvo sosiego el país por diez años. 2E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios. 3Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; 4y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. 5Quitó asimismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado. 6Y edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra, y no había guerra contra él en aquellos tiempos; porque Jehová le había dado paz. 7Dijo, por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros con torres, puertas y barras, ya que la tierra es nuestra; porque hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él nos ha dado paz por todas partes. Edificaron, pues, y fueron prosperados.

Antes de continuar debemos hacer una breve pausa, y conocer un poco mejor a éste hombre llamado Asa. Lo que debemos saber acerca de éste hombre es que a él le toco reinar después de la muerte de Salomón, cual fue un periodo de tiempo cuando el pueblo de Dios cayó en tal desorden que termino dividido en dos; Israel era el reino del norte, y Judá era el reino del sur.

Lo otro que también debemos saber es que Asa fue uno de ochos reyes que reinaron en Judá; de estos ochos Dios utilizo a cinco de ellos para producir un avivamiento en Su pueblo, y Asa fue uno de ellos. ¿Por qué uso Dios a Asa de está forma?

La respuesta a ésta pregunta, y el tema principal de hoy lo encontramos en el segundo versículo que estamos explorando en el día de hoy cuando leemos: “…E hizo Asa lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová su Dios…” Así que manteniendo ésta breve descripción del rey Asa, procedamos ahora a descubrir los tres pasos a seguir que dio éste hombre de Dios, los cuales produjeron, paz, prosperidad, y victoria sobre sus enemigos.

El primer paso. En estos versículos leemos: “Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera”. ¿Cuál fue el primer paso que éste hombre dio? El primer paso que éste hombre dio fue eliminar de su reino todo aquello que desagradaba y/o deshonraba a Dios.

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De aquí tenemos mucho que aprender; digo esto porque como les dije al inicio, existe un buen número de creyentes que se han acostumbrado a tener una relación superficial con Dios. Existen muchos que no permiten ser guiados por el Espíritu Santo, y por lo tanto con frecuencia actúan de forma que desagrada o deshonra a Dios.

En otras palabras, existe un buen número de creyentes que con frecuencia comprometen su fe y que son seducidos a cambiar la verdad de Dios por las mentiras del diablo. Pero éste no fue el caso con el rey Asa. Lo primero que hizo éste rey fue eliminar todas esas tradiciones inspiradas por demonios que habían sido introducidas en el pueblo de Dios.

Les puedo decir con toda confianza que lo que hizo el rey Asa seguramente fue confrontado por gran oposición, pero a pesar de cualquier oposición, nada lo detuvo de hacer lo correcto ante los ojos de Dios. La crítica no lo detuvo, lo que pensaran de él no lo detuvo, nada de esto lo detuvo porque él sabía que estaba haciendo lo correcto ante Dios.

Inevitablemente las acciones de Asa hirieron los sentimientos de muchos. Digo esto porque estoy seguro que sus acciones hirieron los sentimientos de los sacerdotes y seguidores de Asera; pero si herir los sentimientos del hombre es lo que hacia falta hacer, Asa estaba dispuesto a hacerlo. ¿Qué podemos ver reflejado en el comportamiento de éste hombre? Lo que vemos reflejado en su comportamiento es que él había hecho un compromiso genuino con Dios; lo que vemos reflejado es que él no comprometería su fe por nada o nadie.

Esto es algo que muchos debemos aprender hacer. Muchos de nosotros tenemos que dar el primer paso, cual es destruir en nuestra vida las obras del enemigo. ¿De qué obras les hablo?

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Estamos hablando de los vicios; estamos hablando de los malos sentimientos; estamos hablando de la hipocresía; en otras palabras, estamos hablando acerca de todas esas cosas que guardamos secretamente en nuestro corazón que bien sabemos que desagradan y/o deshonran a Dios.

Es por eso que en Efesios 4:22-23 encontramos que se nos dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente.” En otras palabras tenemos que destruir las obras del enemigo que nos apartan de nuestro Dios; esas obras que nos alejan de la presencia divina de nuestro Padre celestial y que interrumpen o destruyen el fluir del Espíritu Santo en nuestra vida.

Es por eso que en Efesios 4:30-31 encontramos que se nos dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” El primer paso que todo creyente tiene que dar es hacer un compromiso genuino con Dios, y nunca permitir que la cultura, la opinión popular, y que los altos funcionarios dicten o influyan su relación con Dios.

El segundo paso. En los versículos que estamos estudiando hoy leemos: “…y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos.” ¿Cuál fue el segundo paso que dio éste hombre? Éste hombre uso la autoridad que Dios le había entregado. Yo diría que entre tantos de los problemas tan serios que confrontan al creyente de hoy, no usar la autoridad que Dios nos ha dado es uno de ellos.

Es por eso que no es fuera de lo común ver como dentro de familias y grupos cristianos existen personas que en realidad no sirven a Dios, sino que solo sirven para ser piedras de tropiezo y causar discusiones y discordias. Pensemos en esto por un breve momento para determinar si lo que les acabo de decir tiene sentido o no; vamos a usar el ejemplo de ésta congregación.

Desde que se abrieron las puertas del ministerio, nosotros hemos tenido más de quinientas personas que han atravesado por ellas; sin embargo, continuamos siendo un grupo bien pequeño. ¿Por qué ha sucedido esto? Esto ha sucedido porque las personas no han usado la autoridad que Dios les ha entregado, y han permitido que lo que domine su vida y guíe sus pasos sean la conveniencia y el entretenimiento.

Digo esto porque una de las excusas principales que he escuchado, de personas que no han regresado a la congregación, es que ellos estaban buscando un lugar donde se ofrecieren más actividades. Otros han llegado y han tratado de imponer sus ideas o conceptos de cómo ellos piensan que la obra se deba dirigir, y en la mayoría de los casos han sido cosas que tratan de desviar la visión que Dios nos ha dado. En otras palabras, personas que no han usado la autoridad que Dios les ha dado, sino que buscan satisfacer su ego, su orgullo, y desean ser entretenidos.

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