Deseo iniciar el día de hoy con un chiste. Resulta ser que un hombre llego a la consulta de su medico, y le dijo: doctor, estoy muy preocupado por mi esposa. ¿Qué sucede?, le contesto el medico. Lo que sucede, le contestó el hombre, es que pienso que mi esposa se está quedando sorda; ¿Qué me recomienda que haga?

El médico lo pensó por un momento, y le dijo: bueno no te puedo recomendar nada antes de tener una idea de la gravedad. Quiero que le hagas una prueba y después me dejas saber el resultado.  Cuando ella esté de espaldas a ti, dile algo, y si no te oye, acércate más a ella y repíteselo hasta que ella te oiga y te responda.

Al entrar a su casa el hombre vio que su esposa estaba de espaldas en la cocina, y dijo: ¿mi amor, que hiciste de cenar hoy? Pero no escucho respuesta.

Procedió hasta el pasillo, y repitió: ¿mi amor, que hiciste de cenar hoy? Pero no escucho respuesta. Se paró a la entrada de la cocina, y repitió: ¿mi amor, que hiciste de cenar hoy? Pero no escucho respuesta.

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Entonces se paró al lado de su esposa y nuevamente le pregunto: ¿mi amor, que hiciste de cenar hoy? A lo que ella respondió, te he dicho tres veces que pollo asado.

Algo cómico, ¿verdad? Pero me sirve muy bien para enfocar el tema de hoy. Digo esto porque con frecuencia la Palabra de Dios cae en oídos sordos.

Pero, la pregunta ahora es: ¿qué podemos hacer para evitar quedar sordos? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Romanos 12:1-3Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 3Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Como podemos apreciar, lo primero que vemos es que Pablo nos indica que debemos presentar nuestro cuerpo en sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios. Pero, ¿qué nos está diciendo él con esto? En éste momento el apóstol no estaba hablando de un sacrificio que pagara el pecado del creyente como los que ofrecían los judíos en el templo.  El sacrificio por los pecados del creyente fue hecho por el único que lo podía hacer.

Esto es algo que queda bien declarado en 1 Juan 4:9-10 cuando leemos: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”

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Pero entonces, ¿de qué sacrifico se nos habla? Presentarnos ante la presencia de Dios en sacrificio vivo, santo y agradable significa perseverar en Su verdad en todo momento, y esto es algo que en todo caso nos conduce a dejar de satisfacer los placeres infructuosos de la carne. Permítanme detenerme aquí por un breve momento para que entiendan bien lo que les digo.

Cuando los judíos le ofrecían a Dios un sacrificio de expiación, ellos le ofrecían animales sin manchas o defectos. Esto es algo que queda muy bien reflejado en Levítico 6:6, cual forma parte de las leyes acerca de los sacrificios, y nos dice así: “….Y para expiación de su culpa traerá a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación, y lo dará al sacerdote para la expiación.” Pero aunque nosotros no estamos llamados a éste tipo de sacrificio, nosotros si estamos llamados a comportarnos de cierta forma.

Fíjense bien lo que encontramos en Filipenses 2:15 cuando leemos: “…para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.” El problema que existe es que ésta nueva conducta, en ocasiones, es considerada por muchos como un sacrificio. ¿Por qué?

Porque existen muchos que no  quieren abandonar lo mundano.  Pero la realidad es que el sacrificio vivo, santo y agradable a Dios del que habla el apóstol aquí es abstenernos de todas esas cosas que quizás causan un placer temporal, o nos de cierto beneficio, pero que nos alejan o separan de la voluntad de Dios.

En éste mundo existen numerosas cosas que nos pueden causar un placer temporal, y que si no estamos parados firmes en la roca, eventualmente nos alejaran de la presencia y voluntad de Dios.

Sería imposible hacer una lista completa de lo que estas cosas pueden ser en nuestra vida, pero les nombrare algunas de las cosas más comunes que en casi toda ocasión nos puede satisfacer temporalmente, pero que eventualmente nos alejaran de la presencia y voluntad de Dios.

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Por ejemplo; existen muchos que todavía buscan la paz y el regocijo en cosas como el alcohol y las drogas. Esto es algo de sumo peligro ya que nuestro enemigo tomara ventaja de ello para hacer a un creyente caer, y es por eso que 1 Pedro 5:8 encontramos que se nos dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. Dile al que tienes a tu lado: cuidado.

Existen muchos que buscan la felicidad en la fornicación y el adulterio. Esto es algo de sumo peligro ya que es condenado por Dios, como encontramos en 1 Corintios 6:9-10 cuando leemos: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.”

Existen muchos que buscan gratificación en la avaricia y lujuria, tratando de satisfacer sus deseos acumulando riquezas materiales; dejando así de escuchar lo que el Señor nos dice en  Mateo 6:19-20 cuando leemos: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.”

Seguramente que muchos ya estén pensando que ninguno de los tres ejemplos que les expuse se aplican a su vida, pero toma ahora un breve momento para reflexionar y pregúntate. ¿Qué seria un sacrificio para mí? Al reflexionar en ésta pregunta quizás encuentres que un sacrificio es NO dejar de asistir a los servicios de la iglesia, aun cuando podamos estar cansados.

Quizás encuentres que un sacrificio es alejarte de esas amistades, y relaciones, que tú bien sabes que no convienen. Quizás encuentres que un sacrificio es controlar la lengua y los impulsos de la carne en esos momentos que se nos ofende.