En ocasiones Dios se mueve en nuestra vida de manera que nos causa dolor. Cuando confrontamos momentos difíciles o comenzamos a experimentar situaciones dolorosas, rara vez pensamos que es porque Dios está haciendo algo en nosotros.

Cuando comenzamos a experimentar momentos difíciles o comenzamos a atravesar situaciones dolorosas, in casi todo caso le echamos la culpa al diablo, y pensamos que son un ataque maligno que trata de destruirnos; sin embargo, como pronto verán, éste no siempre es el caso.

Digo que no es siempre al caso porque Dios en su infinita misericordia obra en nosotros de muchas diferentes maneras, y algo que nos puede causar dolor, en ocasiones es evidencia de que Dios se está manifestando en nosotros para purificarnos y santificarnos. ¿Cómo puede ser esto así? Pasemos ahora a la Palabra de Dios y veamos porque les digo esto.

Juan 15:1-8Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

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Para tener un mejor entendimiento del mensaje de hoy, será necesario que examinemos la labor del labrador en el viñero. La responsabilidad de un labrador en el viñero es de asegurarse que la viña se mantenga saludable para que así pueda dar mucho fruto.

El labrador se levanta temprano en la mañana, e inspecciona la viña. Si ve que existe una rama que está enferma o seca, su responsabilidad es de cortarla de la vid, para de ésta forma evitar que se eche a perder el resto del árbol. El labrador también es responsable de podar las ramas que contengan fruto, ya que esto las mantiene saludables para que puedan producir aun más fruto.

Esto es algo que se hace día por día hasta que llegue el tiempo de la siega, es decir el tiempo de recoger todo el fruto. Manteniendo ésta breve descripción de la labor del labrador, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Jesús hablo estas palabras poco antes de ser crucificado; Él estaba a punto de morir en manos de los hombres, rodeado de aquellos que estaban a punto de traicionarle. Fíjense bien como sucedió todo. Judas le entregaría en las manos de los hombres por unas monedas de plata.

Fíjense como esto queda bien declarado en Marcos 14:10-11 cuando leemos: “Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. 11Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.” Todos los discípulos desertaron y huyeron Cuando  Jesús fue arrestado por los soldados y alguaciles de los principales sacerdotes y los fariseos. Esto es algo que queda bien claro en Mateo 26:56 cuando leemos: “Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.”

Y por último, el líder de los discípulos, Pedro, le negaría tres veces maldiciendo. Esto es algo que queda bien claro en Mateo 26:73-74 cuando leemos: “Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. 74Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.” ¿Por qué les he dado ésta explicación?

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Les he dado toda ésta explicación porque Cuando  examinamos por lo que tuvo que pasar Jesús desde un punto de vista humano, no es difícil llegar a la conclusión que todas estas traiciones le causarían un gran dolor. Él había escogido a los discípulos, Él había compartido con ellos en todo momento, les había enseñado, y ellos habían visto la gloria y poder de Dios revelada en muchas ocasiones, pero todos ellos sin falta le abandonarían en Su hora final. Así que sin duda alguna podemos concluir que Jesús no solo sufriría la muerte más dolorosa que el hombre ha inventado, sino que también sufrió un gran dolor en su corazón.

Pero ahora la pregunta que nos debemos hacer es: ¿fue todo esto un ataque del enemigo, o fue todo por obra del Padre? La respuesta es que todo fue por obra del Padre, y esto es evidente en la explicación que Jesús nos deja aquí en estos versículos en el día de hoy.

La Palabra aquí nos dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”. Jesús es nuestra vid, nosotros somos las ramas, y el Padre es el labrador que cuida con celo la viña para que siempre esté saludable y produzca buen fruto.

Ahora bien, detengámonos aquí por un breve momento y examinemos más de cerca la distinción que Jesús hace aquí acerca de los creyentes. El Señor aquí nos dice: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto”. Pero ¿qué significa esto? Analicemos esto aquí en dos secciones.

Primero. ¿Qué es el pámpano que no lleva frutos?

Simplemente puesto, el pámpano o rama que no lleva fruto representa a todo aquel que profesa ser cristiano pero que solamente es cristiano de labios y nada más. Muchos de los que profesan ser cristianos, piensan que son cristianos porque se memorizan algunos versículos, o porque traen invitados a la iglesia, o porque pueden mantener una apariencia de santidad, pero la realidad es que ser cristiano es mucho más de eso.

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Ser un cristiano genuino es mucho más de eso por dos razones. Número uno; todos nosotros somos capaces de aparentar ser de cierta manera; es decir podemos engañar a muchos. Pero la realidad es que a Dios no lo podemos engañar.

Esto es algo que queda bien reflejado en Gálatas 6:7 cuando leemos: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” Número dos; no existe nada secreto o escondido que tarde o temprano no sea descubierto. Esto es algo que queda bien claro en la las palabras del Señor en Lucas 12:2 cuando leemos: “Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.”

Así que no se puede decir que somos cristianos al no ser que un cambio drástico suceda en nuestra vida. Pero les advierto desde ahora que cuando  esto sucede, pronto seremos etiquetados como fanáticos religiosos. Para realmente ser cristiano, un cambio drástico tiene que suceder en nuestra vida. Digo esto porque cristiano genuino, una persona que verdaderamente ha experimentado un encuentro con Jesucristo es una persona completamente cambiada.