La realidad de todo es que el campo principal de batalla en la guerra espiritual es nuestra mente. Digo esto porque al igual que todos aquí, yo sé lo difícil que es controlar nuestros pensamientos y emociones. Y es por eso que en ciertas ocasiones permitimos que nuestros pensamientos y emociones dicten de la manera que nos comportamos y como procedemos, y una vez que esto sucede, en casi toda ocasión le faltamos a Dios. ¿Cómo le faltamos a Dios?

Le faltamos a Dios cuando cedemos al pecado. Ahora pregunto: ¿qué dirían ustedes que es la mayor razón por la que los creyentes caen nuevamente en una vida de pecado?

Una pregunta bastante interesante, ¿verdad? Para encontrar la respuesta a nuestra pregunta, hoy estaremos explorando un acontecimiento histórico; hoy vamos a explorar lo que sucedió en Sodoma y Gomorra.

Estaremos explorando éste evento en particular porque en él encontraremos la razón principal por la que muchos en vez de avanzar hacia el nuevo futuro que Dios le ha proporcionado, retroceden a la condición espiritual de la que fueron liberados. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Génesis 19:15–26Y al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad. 16Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. 17Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. 18Pero Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos. 19He aquí ahora ha hallado vuestro siervo gracia en vuestros ojos, y habéis engrandecido vuestra misericordia que habéis hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea que me alcance el mal, y muera. 20He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá (¿no es ella pequeña?), y salvaré mi vida. 21Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado. 22Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que hayas llegado allí. Por eso fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar. 23El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar. 24Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. 26Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.

No creo que exista una persona en éste lugar que no conozca acerca de éste acontecimiento histórico; estoy seguro que todos aquí estamos familiarizados con lo que sucedió en Sodoma y Gomorra. Pero ahora pregunto: ¿Cuántos han tomado el tiempo de meditar en éste evento, y lo han usado para evaluar la condición espiritual de muchos en éste mundo?

Lo más obvio acerca de Sodoma y Gomorra es que ambas ciudades estaban completamente entregadas al pecado, y que las oraciones de los justos habían alcanzado los oídos de Dios y que ellos ahora experimentarían Su ira y justicia. Pero les digo que éste evento histórico es una buena reflexión de lo que sucedió en nuestra vida una vez que aceptamos a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador. Examinemos lo que sucedió aquí con más detalle para que puedan entender bien lo que les digo.

Lo primero que encontramos aquí es que los ángeles del Señor le urgían a Lot y a su familia que salieran de la ciudad. Ellos le urgían porque la ira de Dios pronto descendería en ambas ciudades. Ahora detengámonos aquí por un breve momento para analizar una palabra clave usada en ésta porción de las escrituras.

Quiero que examinemos la definición de la palabra: “ángel”. Normalmente cuando las personas hablan de los ángeles, lo primero que viene a la mente de muchos son los Querubines, Serafines, Arcángeles, y todo los demás ángeles que habitan en el cielo con Dios. Sin embargo, aunque la palabra “ángel” puede ser, y es usada para describir los seres celestiales, ésta palabra también puede ser usada para describir un mensajero de Dios. Digo esto porque la palabra “ángel” origina de la palabra Griega “aggello[1],” y su traducción literal es un mensajero de Dios.

Así que, cuando usamos la traducción literal de ésta palabra, podemos decir confiadamente que un ángel no es solamente un ser celestial; un ángel también es un mensajero de Dios, y esto nos provee una nueva revelación acerca del contenido de éste evento. ¿Qué nueva revelación recibimos?

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La nueva revelación que recibimos es que cuando llevamos a otros el mensaje de salvación, en realidad estamos actuando como un ángel del Señor. ¿Cómo puede ser eso posible? Permítanme aclarar ésta porción de la predica usando el libro de Apocalipsis.

Cuando leemos el libro de Apocalipsis, y estudiamos las cartas que el Señor le escribió a las iglesias, pronto encontramos que todas comienzan con: “Escribe al ángel de la iglesia…” ¿Qué quiere decir esto? ¿Quiere decir esto que el Señor había puesto a cargo de las iglesias a seres celestiales? La respuesta es ¡NO!

Estas cartas no estaban dirigidas a seres celestiales; estas cartas estaban dirigidas a los pastores, ministros, diáconos, y a todos aquellos que proclamaban la Palabra de Dios. ¿Por qué he tomado el tiempo de examinar todo esto con tanto detalle?

La razón por lo que lo hice es porque deseo que todos estemos muy conscientes del hecho de que la única razón por la que nosotros huimos de nuestro Sodoma y Gomorra, en otras palabras de una vida entregada al pecado, fue porque al igual que sucedió con Lot, un mensajero de Dios nos trajo Su Palabra. Un mensajero de Dios nos habló de la gracia, misericordia, y amor de Dios; un mensajero de Dios nos hablo acerca del perfecto sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario.

Dios uso a uno de Sus mensajeros para invitarnos a la iglesia; Dios usó a uno de Sus mensajeros para proveernos el llamado a aceptar a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador. Dios uso a uno de Sus mensajeros para urgirnos a abandonar esa vida de pecado que una vez conducíamos.

Dios uso a uno de Sus mensajeros para advertirnos que la paga del pecado es muerte. Para evitar que nuestra alma se perdiese para siempre en las tinieblas, Dios uso a uno de Sus mensajeros a decirnos lo que encontramos en Hechos 4:11-12 cuando leemos: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Dile a la persona que tienes a tu lado: somos mensajeros de Dios.

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Continuando con nuestro estudio deseo que examinemos con más detalle lo que los ángeles le dijeron a Lot. Quiero que prestemos atención a éste detalle porque los ángeles no solo le urgieron a que abandonase la ciudad; los ángeles le dieron instrucciones especificas. Dile a la persona que tienes a tu lado: hay instrucciones específicas a seguir.

Fíjense bien en lo que ellos le dijeron: “Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura.” En ésta instrucción específica reside la respuesta a nuestra pregunta inicial.

En ésta instrucción específica encontramos la razón por la que muchos no proceden hacia el futuro que Dios le ha proporcionado, y regresan al lugar de perdición de donde Dios le había liberado.  ¿Qué quiero decir con esto?