Hoy deseo hablarles acerca de un aspecto en nuestra vida que con frecuencia desatendemos, pero que es de suma importancia. Hoy deseo que exploremos el tema acerca del llamado que todos nosotros tenemos, en otras palabras, acerca del llamado que Dios nos ha entregado.

Lo que nos sucede a la mayoría de nosotros es que sabemos que tenemos un llamado, pero no queremos aceptarlo. Lo que les he dicho no es para que nadie se ofenda, así que no quiero que nadie me mal interprete; como les dije, ignorar o desatender el llamado que Dios nos ha entregado es algo que nos sucede a la mayoría de nosotros. Pero déjenme decirles que aunque quizás podamos correr de nuestro llamado, algo que nunca podremos hacer es escondernos de Dios.

Todos nosotros podemos hacer numerosas excusas por la que no podamos cumplir con nuestro llamado, pero la realidad de todo es que el llamado que Dios nos ha entregado nunca debe ser ignorado o desatendido. ¿Qué es el llamado de toda persona que ahora forma parte del reino de Dios?

El llamado de toda persona es llevar el mensaje de salvación a todos aquellos que se encuentran perdidos en este mundo. Nuestro llamado es liberar de la esclavitud a todos aquellos que se encuentran esclavos al dios de este siglo (2 Corintios 4:4).

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Hoy estaremos examinando un acontecimiento histórico que nos ayudara a identificar algunas áreas en nuestra vida que quizás nos estén deteniendo de cumplir con lo que Dios nos ha encargado, y nos proveerá la fortaleza para poder cumplir lo que agrada a Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Éxodo 3:10-14Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. 13Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Como todos nosotros aquí sabemos, estos versículos forman parte de la historia de la vida de Moisés después que él huyo de Egipto. Examinémoslos ahora con más detalle para comprender lo que estaba sucediendo en ese entonces, y lo que con frecuencia sucede en nuestra vida. Así que, aquí tenemos a Moisés quien había sido un príncipe en Egipto, lo que significa que había sido un hombre que ejercía gran autoridad, pero que ahora era un simple pastor.

En este momento de la historia Moisés estaba desempeñando su labor diaria sin esperar nada en especial; sin embargo, algo muy especial sucedió. ¿Qué sucedió? Lo que sucedió fue que Dios había escogido ese día para hablarle; Dios le hablaría a Moisés en ese instante para revelarle su misión aquí en la tierra; Dios le hablaría a Moisés en este día para revelarle Su propósito divino.

En realidad lo que le sucedió a Moisés en ese momento no es muy diferente a lo que nos sucede o ha sucedido a muchos de nosotros hoy en día. Digo esto porque en la mayoría de los casos nosotros estamos tan ocupados en nuestras tareas diarias, o quizás divirtiéndonos, que se nos olvida o simplemente ignoramos que Dios está presente en todo lugar y en todo momento, y que se puede manifestar a nosotros en cualquier momento.

Pensemos en esto por un breve momento. ¿Cuántos se acuerdan de la primera vez que alguien les hablo de Dios? ¿Cuántos se acuerdan de la primera vez que alguien les trajo el mensaje de salvación? Yo les puedo decir que yo me recuerdo como si hubiese sido ayer; les puedo decir que la primera vez que alguien me hablo a mí de Dios y del plan de salvación fue cuando yo menos me lo imaginaba.

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La primera vez que alguien me ofreció en plan de salvación fue mientras yo patrullaba una de las zonas más peligrosas en esta ciudad, y fue en ese momento que yo acepte a Cristo como mi Rey y Salvador personal. Fue más o menos igual a lo que encontramos en Éxodo 3:2 cuando leemos: “…Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.”

En otras palabras, fue el día que Dios escogió para darme convicción de Su Palabra. Fue el día que Dios permitió que las palabras de ese siervo penetraran en mi corazón. ¿Le suena conocido esto a alguien?

En realidad mi testimonio no es muy diferente al de la mayoría de nosotros; digo esto porque la mayoría de nosotros recibimos el mensaje de salvación cuando menos lo imaginábamos. ¿Por qué sucedió esto de esa forma? Sucedió porque Dios nos llama a cada uno de nosotros individualmente, y de manera única. Dile a la persona que tiene a tu lado: tú eres único para Dios.

Para comprobar que todos nosotros somos únicos y muy especiales para Dios lo único que tenemos que hacer es reflexionar en nuestro pasado, y recordar de la manera que Dios nos llamo a donde estamos hoy. Dios nos saco de la podredumbre de este mundo, y en un instante nos transformo a las personas únicas y especiales que somos hoy en día. ¿Qué tan únicos y especiales somos nosotros para Dios?

La respuesta a esta pregunta la encontramos claramente expuesta en 1 Pedro 2:9 cuando leemos: “…Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” Dile a la persona que tienes a tu lado: tú eres muy especial para Dios.

Lo que sucede es que a través del tiempo, es decir cuando nos acomodamos en la fe, nosotros oímos y/o escuchamos la Palabra de Dios; nosotros conocemos la verdad de Dios y nuestro llamado, pero envés de decir aquí estoy, decimos aquí voy. ¿Por qué sucede esto?

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La mayor razón por la que esto sucede es porque cumplir con nuestro llamado significa que tendremos más responsabilidad de la que queremos. Cumplir con nuestro llamado significa que tendremos que prepararnos y ser valientes para descender al valle de la perdición que es este mundo, y combatir los poderes de las tinieblas, que a diario engañan y seducen a las multitudes a la esclavitud del pecado. Esto por supuesto, es mucho más difícil que simplemente asistir a los cultos de la congregación.

En otras palabras, la comodidad que encontramos en nuestra fe. En realidad esto fue lo que le sucedió a Moisés en este momento. Digo esto porque cuando él tuvo este encuentro con Dios, Moisés en realidad estaba muy pero muy contento y satisfecho. Pensemos en esto por un breve momento para determinar si lo que les digo es verdad o no.