Si se acuerdan, durante la prédica de la semana pasada yo les dije que de cada diez personas que le hablemos acerca de Dios y el plan de salvación, quizás una nos preste atención o reciba el mensaje. Esto puede sonar como una estadística un poco deprimente, pero desdichadamente es la verdad. ¿Por qué es que una estadística verdadera? La mayor razón es porque las personas han permitido que los poderes de la tinieblas les ciegue y conduzca al camino de la perdición.

La humanidad está siendo conducida a todo lo que es opuesto a Dios, y ha preferido aceptar las mentiras de Satanás como la verdad. Es por esa misma razón que no es fuera de lo común escuchar como muchos dicen que no creen en Dios. Sin embargo, si creen en cosas como la metafísica, la astrología, el karma, y todas las demás otras mentiras que nuestro enemigo ha inventado para tratar de separar al hombre de la presencia de Dios.

Tampoco es fuera de lo común escuchar como algunos dicen que son cristianos, pero que se han apartado de la iglesia. Se han apartado porque se han cansado de escuchar herejías, en otras palabras, palabras suaves que acarician el pecado en vez de condenarlo. Se han apartado de la iglesia porque se han cansado de ver la avaricia y el amor a las cosas de este mundo, en vez de ver el fervor y amor que todos debemos sentir por la obra de Dios. Se han apartado de la iglesia porque han visto como el hombre se ha endiosado.

En otras palabras estamos viendo cómo las personas en este mundo están siendo arrastradas lejos de la presencia de Dios por las filosofía e idolatría. Estamos hablando de problemas graves y cosas feas; así que la pregunta que debemos hacernos es: ¿qué podemos hacer nosotros ante todo esto?

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Pasemos ahora a la Palabra de Dios para contestar nuestra pregunta y explorar el tema de hoy.

Hechos 17:16-23Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. 17Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. 18Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. 19Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? 20Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. 21(Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) 22Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; 23porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.

Como todos aquí sabemos, Atenas fue una de las ciudades más gloriosa en el mundo. La realidad es que la literatura, la arquitectura, el arte, la filosofía, y la prosperidad abundaban en esta ciudad. Como podemos ver en estos versículos, Pablo fue impactado grandemente al visitar esta ciudad. Pero quiero que nos fijemos bien que lo que impactó a Pablo no fue nada de estas cosas o maravillas.

Lo que impactó a Pablo fue la idolatría abundante que existía, la Palabra nos dice: “…su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.”

Según los historiadores, existían miles de miles de ídolos; existía más de un ídolo por persona. En otras palabras, no se podía caminar sin tropezar con un ídolo. Y eso fue lo que causó que el espíritu de Pablo se enardeciera; el espíritu de Pablo se enardeció al ver la ceguera espiritual del hombre, y la esclavitud al demonio.

cuando tomamos el tiempo de meditar en la Palabra de Dios, y hacemos una comparación entre la ciudad de ese entonces, y nosotros hoy en día, pronto veremos que en realidad no existe mucha diferencia entre el hombre de ese entonces y la humanidad moderna.

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Digo esto porque en la actualidad todas esas cosas que abundaban en ese entonces, continúan abundando y floreciendo en el mundo de hoy. La realidad de todo es que en el mundo moderno la ciencia, el arte, la arquitectura, y la prosperidad continúan abundando.

Ahora bien, no quiero que nadie me mal interprete, no estoy diciendo que nada de esto es malo en sí mismo. Yo encuentro muy bien que Dios le haya dado al hombre el entendimiento y sabiduría para poder lograr los avances científicos. Yo encuentro muy bien que Dios le haya dado al hombre el entendimiento y sabiduría para poder construir grandes y bellos proyectos de arquitectura.

Yo encuentro muy bien que Dios le haya dado al hombre el entendimiento y sabiduría para poder avanzar a la humanidad a una mejor forma de vivir; pero lo malo de todo está en que la abundancia de sabiduría y entendimiento que Dios nos ha permitido, en ocasiones nos causa que nos volvamos en personas complacientes y materialistas.

En otras palabras, nos dejamos influenciar por las cosas de este mundo y a consecuencia nuestra fe sufre ya que dejamos de caminar con el fuego del Espíritu Santo. Y les puedo decir que una vez que esto sucede, en todo caso nuestra fe se convertirá en una fe fingida, y haremos las cosas no para agradar a Dios, sino más bien para quedar bien con el hombre.

Pero es exactamente por eso que en Efesios 4:22-24 encontramos que se nos dice: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…vestíos del nuevo hombre.”

La realidad de todo es que cuando nos convertimos en personas complacientes y materialistas, entonces se nos hace muy fácil desobedecer a Dios; se nos hace fácil racionalizar y justificar el pecado; se nos hace fácil convertirnos en idolatras. Sé que muchos están pensando que eso jamás les sucederá, sé que muchos están diciendo que nunca servirán a un ídolo hecho por el hombre, pero también sé que los ídolos no tienen que ser necesariamente estatuas de piedra o yeso.

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La realidad de todo es que la idolatría abarca muchas cosas. Fíjense bien como esto es algo que queda claramente expuesto en Colosenses 3:5 cuando leemos: “…Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.” Y estos mismos son los ídolos de hoy a los que muchos sirven; estos son los ídolos de hoy que han causado que las personas dejen de creer en Dios para creer las mentiras del diablo. Estos son los ídolos de hoy que han causado que muchos se aparten de la iglesia. Pero aunque tú no creas en Dios, Dios si cree en ti.

Aunque tú no tengas esperanza en Dios, Dios si tiene esperanza en ti. La pregunta que hicimos al inicio fue: ¿qué podemos hacer nosotros ante todo esto? En realidad todos aquí conocemos la respuesta a esta pregunta. Digo esto porque todos aquí sabemos que lo que podemos hacer y lo que tenemos que hacer es ser valientes como Pablo.

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “…Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. 18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.” ¿Qué encontramos reflejado en estos versículos?