Una de las realidades de la vida es que a diario nosotros somos empujados o alados en diferentes direcciones. Pensemos en esto por un momento para ver si lo que les acabo de decir tiene sentido. Todos aquí tenemos obligaciones en nuestro trabajo que nos empuja en una dirección, (más horas de trabajo, viajes, estrés diario del trabajo, etc.) Tenemos nuestras obligaciones en el hogar que nos empuja en otra dirección, (crianza de los hijos, apoyando nuestro hogar, esposa, esposo, etc.).

También tenemos las obligaciones sociales, es decir con los amigos y demás, que también nos empujan en otra dirección (cenas, reuniones sociales, intereses comunes, etc.) Tampoco podemos olvidarnos de la iglesia, es decir, nuestra fe, que nos empuja en una dirección completamente distinta que todas las otras que mencioné anteriormente.

Todas estas cosas combinadas a veces nos pueden conducir a llevar una vida llena de estrés o tensión, ya que a la mayoría de nosotros nos gustaría poder complacer a todos, pero como todos sabemos, complacer a todos es algo absolutamente imposible.

Desdichadamente, lo que le sucede a la mayoría de las personas es que las tensiones del mundo comienzan a acumularse en su vida, hasta llegar a un punto donde su fe se debilita y ni siquiera pueden mirar hacia arriba. En otras palabras, el estrés de este mundo incapacita completamente a muchos para que ellos no puedan ni tan siquiera mirar a Dios en busca de las respuestas o soluciones que necesitan.

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Es por esta razón que hoy quiero explorar uno de los milagros realizados por Jesús, para determinar si nuestra fe ha sido afectada por las tensiones de este mundo, ya que como creyentes genuinos nosotros no podemos permitir que nada se interponga entre nosotros y nuestra relación con Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Lucas 13:10-17Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; 11y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. 12 cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. 13Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. 14Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. 15Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? 16Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo? 17Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.

Si leemos estos versículos sin tomar el tiempo para examinar o meditar sobre lo que acabamos de leer, todo lo que podemos obtener de ellos es la descripción de uno de los milagros de nuestro Señor Jesucristo que quedaron registrados en la historia. Sin embargo, cuando tomamos el tiempo para meditar sobre ellos, rápidamente descubrimos un mensaje más profundo que una simple descripción de un acontecimiento histórico.

Digo esto porque cuando tomamos el tiempo para meditar en estos versículos, creo que todos aquí llegarán a la conclusión, de que la incapacidad física de esta mujer sirve para caracterizar la condición espiritual de muchas personas dentro de la iglesia. Exploremos estos versículos con más detalle para determinar si lo les que estoy diciendo tiene sentido.

Lo primero que encontramos aquí es: “…Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; 11y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar…” En estos dos versículos existen tres detalles que debemos tener en cuenta, y que nos servirán para que podamos entender mejor el mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy.

Número uno; esta mujer había estado sufriendo de este mal, por un período de dieciocho años. Dile a la persona que tienes a tu lado: dieciocho años.

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Número dos; esta aflicción la deshabilitaba completamente como nos dice la Palabra: “…y en ninguna manera se podía enderezar…” La Biblia no entra en detalles acerca de la enfermedad que ella padecía, pero tiene que haber sido algo que ver con la columna vertebral ya que estaba totalmente encorvada. Dile a la persona que tienes a tu lado: no se podía enderezar.

Número tres; ella amaba a Dios, como lo demuestra su presencia en la sinagoga. Dile a la persona sentada a tu lado: ella amaba a Dios. Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con el estudio de hoy.

Como dije hace un momento, la razón exacta de su enfermedad es completamente desconocida, pero de lo único que podemos estar seguros es de que: “…tenía espíritu de enfermedad…” Esta mujer sufría de una enfermedad física que la incapacitaba, pero les digo en el día de hoy que existen muchos creyentes que sufren de esta misma enfermedad.

Ahora, no estoy hablando de una enfermedad física que nos hace caminar encorvados físicamente como en el caso de esta mujer; sin embargo, hay muchos creyentes que si andan por este mundo completamente encorvados espiritualmente. Hay muchos creyentes que andan con una fe encorvada, o sin fe alguna, y demás está decir que esto es algo que desagrada a Dios por completo. Esto es algo que se expresa claramente en Hebreos 11:6 cuando leemos: “…Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan…”

¿Qué causa que tantos creyentes anden en esta condición espiritual?

En realidad existe numerosas razones por las que muchos pierden su fe, o caminan con una fe encorvada, pero en el día de hoy vamos a examinar los tres espíritus más comunes responsables de afectar la fe de un buen número de creyentes. Pero antes de proceder deseo hacer una aclaración.

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En el caso de esta mujer, el Señor nos dice que lo que le afectaba a ella era un espíritu inmundo, es decir un poder demoníaco. Esto es algo que todos podemos claramente apreciar cuando el Señor les dijo: “…Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?..” Pero en el día de hoy yo no he venido a hablar acerca de demonios.

Hago esta aclaración porque siempre que se habla acerca de los espíritus, la primera cosa que viene a la mente de las personas es lo que han visto en las películas de Hollywood;  es decir un poder o fuerza maligna que posee a una persona y les obliga a hacer cosas horribles. Pero aunque si existen poderes de las tinieblas, lo que vemos en las películas de Hollywood no es algo que le puede pasar a un verdadero creyente.

Digo esto porque la Palabra de Dios nos dice claramente que los poderes de las tinieblas no tienen dominio sobre nosotros. Esto es algo que está claramente declarado en 1 Juan 4:4 cuando leemos: “…Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo…” Por lo tanto, cuando hoy me refiero a los espíritus, quiero que quede bien claro que no me estoy refiriendo a una fuerza maligna o demonios que pueden influenciar a una persona.

Aunque la realidad de todo es que la definición de la palabra “espíritu” si incluye una fuerza maligna o demonio, también existen otras definiciones para ella. Así que cuando hoy les hablo acerca del espíritu, me estoy refiriendo a la otra parte de la definición de esta palabra la cual incluye: “…la parte inteligente o sensible inmaterial de una persona; el principio de activación o esencial que influyen a una persona; una actitud especial o estado de mente…”[1]. En otras palabras, hoy estaremos hablando acerca de la voluntad, el estado de ánimo, y las intenciones de las personas. Con esto en mente continuemos ahora con nuestro estudio

Como dije al principio, la triste realidad acerca de vivir en nuestra era moderna es que vivimos en un mundo muy estresante. Es por eso, que yo diría que el primer espíritu que a menudo afecta a la fe de muchos es la ansiedad o tensión. Lo interesante de este espíritu o estado de ánimo es que no es algo que cae sobre nosotros repentinamente, sino que es algo que se comienza a acumular en las personas hasta que al final hay una explosión.