La semana pasada hablamos acerca de nuestro comportamiento, les predique acerca de las múltiples personalidades que en muchas ocasiones demostramos. Como les dije, en muchas ocasiones demostramos diferentes personalidades debido a que no queremos ser señalados y/o etiquetados. En otras palabras, con frecuencia tendemos a ceder a las presiones sociales y culturales, cosa que en toda ocasión no nos acerca a Dios, sino que nos separa de Él. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿Por qué permitimos que exista una separación entre Dios y nosotros?

La razón principal por la que con frecuencia permitimos que exista una separación entre Dios y nosotros, es porque la mayoría de nosotros no estamos dispuestos a cumplir con la palabra de Dios como se demanda, y exige, sino que queremos hacer las cosas a nuestra manera. Pero la realidad es que hacer las cosas a nuestra manera, y no según la palabra de Dios nos indica, es el error más grande que un cristiano puede cometer. ¿Por qué digo esto?

La razón por la que digo esto es porque nuestra manera de pensar, es muy diferente a la manera de pensar de Dios. Y en la mayoría de los casos, sino en todos, los caminos que nosotros seleccionamos transitar no son los caminos que Dios desea que tomemos [1]. Si se recordaran, durante la predicación de la semana pasada, les mencione que nuestras acciones hablaban más alto que nuestras voces. Les dije que tenemos que permitir que la luz de Cristo que mora en nosotros, resplandeciera en todo momento.

Pero hacer esto no es algo fácil; como les he mencionado en numerosas ocasiones, ser cristiano no es fácil. Pero a pesar de lo difícil que aparenten las cosas, los cristianos no podemos ser personas que se adaptan al ambiente, sino que tenemos que ser personas que cambiamos el ambiente. Pero la pregunta que ahora queda es, ¿qué tenemos que hacer para lograr ese cambio? Este es el tema y la pregunta que estaremos explorando hoy. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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1 Corintios 9:24-27¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Como siempre digo, antes de proceder con nuestro estudio de hoy nos será necesario hacer un breve resumen histórico. Corintio fue una ciudad internacional; contaba con un puerto y un centro comercial destacado, y era la ciudad principal de Grecia durante la vida de Pablo. Pero esta ciudad también se caracterizo por la idolatría e inmoralidad. Y Pablo escribió esta epístola a los creyentes de esa ciudad para ofrecerles soluciones a los problemas que enfrentaban, y para enseñarles como vivir en medio de un ambiente corrupto [2]. ¿Por qué es necesario notar este detalle?

La razón por la que les he expuesto este detalle, es para que nos demos cuenta de que a pesar de que han pasado cientos de años desde que Pablo escribió esta carta a los cristianos en Corintio, el pueblo de Dios de hoy se encuentra en más o menos la misma situación que ellos en ese entonces. Es decir, los cristianos nos encontramos completamente rodeados, y viviendo en medio de un mundo completamente corrupto. ¿Cuántos dicen amen? Así que con este breve detalle en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

En estos versículos encontramos algo que es bien interesante, ya que vemos que Pablo compara a los cristianos con atletas; personas compitiendo en una carrera en un estadio. Aquí vemos que Pablo dijo: “...¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis…”

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¿Cuántos encuentran esta declaración bien interesante? La realidad es que cuando tomamos el tiempo de meditar en lo que el apóstol dijo en esta oportunidad, pronto llegaremos a la conclusión de que lo que él dijo tiene mucho sentido. Dile a la persona que tienes a tu lado: prepárate para el maratón.

Vamos a analizar esto un poco más de cerca, para determinar cómo se aplica la declaración del apóstol a nuestra vida hoy. ¿Cuántos aquí conocen acerca de los maratones como el de Nueva York y el de Boston? Yo no soy un aficionado de los maratones, pero pienso que estos dos son los más populares, ya que son los que los noticieros siempre cubren. Ahora, antes de proceder preguntémonos ¿qué es un maratón? La palabra maratón es una traducción de la palabra griega: “Μαραθών” (pronunciada: Marathṓn), que era un pueblo y la llanura de la antigua Grecia al noreste de Atenas, y fue el sitio de una importante victoria ateniense sobre los persas en 490 a.C. Esta victoria fue anunciada por un soldado griego quien corrió hasta Atenas sin detenerse, esto es, corrió una distancia de 26.2 millas (un poco menos de 42.2 kilómetros) [3]. Así que ya tenemos un entendimiento de lo que significa esta palabra, y el origen de ella.

En la sociedad moderna este evento histórico se convirtió en una competencia, donde miles de personas participan para correr esta gran distancia y ganar el premio al fin de la meta. Pero la realidad es que de todos los que compiten, la mayoría nunca alcanza la meta final, y muy pocos son los que obtienen los premios ganadores. Así que la mayoría de las personas que se apuntan para participar de este evento no compiten con la intención de ganar, sino que compiten completamente conscientes de que nunca alcanzaran la meta; es decir, lo hacen para tener el derecho a presumir decir que participaron del evento. Y ahora debemos preguntar, ¿por qué es que de miles de concursantes solo unos cien, (más o menos), son los que llegan a la meta final? La razón principal por la que la mayoría no llega a la meta final es porque no se entrenaron debidamente. Demás esta decir que el entrenamiento y acondicionamiento es el aspecto más importante en la vida de un atleta. ¿Por qué es esto de tanta importancia?