Deseo iniciar advirtiéndoles que el mensaje que predicare hoy no le agradara a muchos. Hoy estaré haciendo dos cosas que ninguno de ustedes jamás me han visto hacer. ¿Qué estaré haciendo? Número uno; hoy voy a usar versículos de la Nueva Versión Internacional de la biblia. Usare versículos de esta traducción de la biblia, porque deseo que el mensaje de hoy, quede bien claro en la mente de todos los que lo escuchen y/o lean. Ya que esta será la única vez que predico de este tema; esto nos conduce a lo segundo que hare hoy.

Número dos; hoy voy a predicarles acerca del espíritu de pobreza que lentamente esta destruyendo esta iglesia, y un gran sin número de iglesias alrededor del mundo. Escuchen bien que dije: “esta iglesia”. Hoy voy a predicarles acerca de los diezmos y de ofrendar. Ahora debemos establecer el significado de ambas palabras.

La palabra diezmo: “Tributo del diez por ciento que sobre el valor de ciertas mercancías recibía el rey. Contribución que pagaban los fieles a la Iglesia, consistente en la décima parte de sus frutos.”

La palabra ofrendar: “Ofrecer dones y sacrificios a los seres sobrenaturales por un beneficio recibido o solicitado o en señal de rendimiento y adoración. Entregar algo en obsequio o beneficio de personas, acciones, ideas, etc., por un impulso de amor, acatamiento (sumisión, obediencia) o solidaridad.” [1].

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Pero antes de proceder deseo que quede bien claro que no estoy exigiéndolos. Quiero que queda bien claro que no estoy aquí para pedir dinero, como se ve con tanta frecuencia en las iglesias de hoy; estoy aquí para predicar la palabra de Dios.

También deseo que quede bien claro que la predicación de hoy no es para ofender, avergonzar, o hacer sentir mal a nadie. Pero como todos sabemos, “…la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón…” Hebreos 4:12 (NVI). ¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les estoy diciendo es que muchos encontraran esta predicación como una bendición, pero otros la verán de forma completamente diferente.

Otros la encontraran como que les estoy exigiendo las cosas; pero repito, en todo el tiempo que las puertas de esta iglesia han estado abiertas, y en todo el tiempo que llevo ministrando nuca he tratado este tema. Y les repito nuevamente, no estoy aquí para pedirles dinero. Yo no vivo del dinero que se recauda en este lugar; además, ninguno de los que obramos aquí cobramos salarios, o tenemos algún tipo de ingreso derivado de la iglesia. Todos los que obramos aquí lo hacemos por amor a Dios y a Su obra redentora. Así que con esto en mente, procedamos ahora a nuestro estudio de hoy.

Proverbios 24:30-34 Pasé por el campo del perezoso, por la viña del falto de juicio. 31 Había espinas por todas partes; la hierba cubría el terreno, y el lindero de piedras estaba en ruinas. 32 Guardé en mi corazón lo observado, y de lo visto saqué una lección: 33 Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos … 34 ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez, como un hombre armado! (Nueva Versión Internacional)

Aquí vemos que Salomón, el hombre más sabio que ha existido [2], relata un cuento de algo que él vio durante uno de sus viajes. Salomón nos cuenta que vio que: “…Había espinas por todas partes; la hierba cubría el terreno, y el lindero de piedras estaba en ruinas…” En otras palabras, algo estaba muy, pero muy mal. La viña que una vez fue fértil, ahora estaba cubierta de espinos y ortigas; el muro que una vez protegió el campo, ahora estaba en ruinas y derribado; y aparentemente al dueño no le importaba la condición en que se encontraba, y es por eso que vemos que Salomón dice: “…por el campo del perezoso, por la viña del falto de juicio…” En otras palabras, Salomón se refiere al dueño como alguien vago y carente de sentido. ¿Cómo se aplica esto a nosotros hoy en día?

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Desafortunadamente, lo que acabamos de leer es algo que refleja muy bien la terrible actitud que muchos cristianos han adoptado. Es decir, muchos han completamente abandonado sus responsabilidades dentro de la iglesia, esperando que otros se hagan los responsables por ellas. Al igual que el dueño perezoso de esta viña, muchos se han desocupado de las obligaciones financieras que incurre toda iglesia, y piensan que con ofrendar las migajas que caen de su mesa es suficiente. Me abochorna tener que decir esto, pero es la realidad.

Me abochorna decir esto, pero la mayoría de pueblo de Dios de hoy piensa que una iglesia se puede sostener con el menudo que les sobra en el bolsillo. Pero esto no es así, y es debido a esta razón que muchas obras eventualmente se ven forzadas a cerrar (al buen entendedor, con pocas palabras basta). ¿Por qué sucede esto?

Existen numerosas razones por la que esto sucede; la mayor siendo que las personas están cansadas de que esos supuestos pastores, ministros, y evangelistas, que no son nada más que personas avariciosas, les saqueen los bolsillos. Me abochorna decir esto, pero una gran porción de las iglesias y eventos evangélicos se han convertido en un negocio, una forma de recaudar riquezas. Y de la manera que lo hacen es acusando al pueblo de robarle a Dios. Estos falsos ministros, con palabras de la biblia torcidas y manipuladas, hacen que las personas se sientan culpables, de algo que es imposible ser culpable, y les sacan hasta lo que no tienen del bolsillo. En muchas ocasiones, estos charlatanes tienen una charla tan bien preparada, que convencen a las personas a endeudarse con avances de tarjetas de crédito y demás.

La otra principal razón por la que muchas iglesias se ven forzadas a cerrar sus puertas la encontramos aquí cuando leemos: “…Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos … 34 ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez, como un hombre armado!..”

Desafortunadamente, esto aquí también describe a muchos dentro del Cuerpo de Cristo de hoy. Muchos se han quedado dormidos, muchos están cruzados de brazos. Muchos no prestan atención a lo que sucede a su alrededor, y mientras tanto, las cosas se van abajo. Aquí vemos que la palabra nos dice: “…¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez, como un hombre armado!..” Y esto exactamente es lo que le esta sucediendo hoy, a un gran número de creyentes. El espíritu de pobreza se ha infiltrado en su vida lentamente, y no les permite aportar para la obra del Señor.

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La palabra nos dice: “…te asaltará la pobreza como un bandido…” Ahora preguntémonos algo, ¿qué hace “…un bandido…”? Los bandidos vienen a robar, a arrebatar de ti lo que no les pertenece. ¿Qué hace el espíritu de pobreza? El espíritu de pobreza te roba la bendición. ¿Qué bendición te roba? El espíritu de pobreza te roba la bendición de dar; recordemos que: “…Hay más dicha en dar que en recibir…” [3]

En el recuento que Salomón hace, vemos que el encontró la viña en las condiciones más pésimas que podían existir. Ahora pregunto, ¿creen ustedes que esa condición ocurrió repentinamente? Claro que no, llegar a la condición que se encontraba esa viña tomo tiempo. De igual manera sucede con el espíritu de pobreza. El espíritu de pobreza que esta afectando a un gran grupo de creyentes, es un demonio que se infiltra en los hogares y congregaciones lentamente. Y la realidad es que tarde o temprano, todos tendremos que luchar contra él.

Como les dije al inicio, hoy estoy enfocando un tema muy delicado. Y deseo reiterar que con lo que les estoy diciendo, y con lo que les voy a decir a continuación, yo no estoy parado aquí al frente pidiéndoles dinero. Así que deseo que quede muy claro que no les estaré pidiendo una ofrenda especial o cosa similar, como tantos acostumbran a hacer. Y deseo asegurarles que ni hoy, ni nunca haremos esto. Francamente, con la excepción de mi esposa, ninguno de ustedes se pueden imaginar el bochorno que para mí es tener que hablarles de todo esto.

Así que mi propósito no es exigir sus contribuciones, sino que mi propósito es descubrir al espíritu de pobreza que quizás se ha infiltrado en sus vidas, lentamente afectándoles y destruyendo la congregación que asisten. ¿Por qué digo esto? Hermanos, la realidad del caso es que cuando el espíritu de pobreza toma control en nuestra vida, lo primero que nos induce a pensar es que el dinero que ganamos no nos alcanza para las necesidades básicas, y definitivamente mucho menos para diezmar y/o ofrendar en la iglesia.

Les aseguro que esta es una batalla que a todos, sin excepción de uno, nos toca pelear, especialmente cuando estamos un poco apretados en nuestras finanzas. Tengo a mi esposa de testigo, que esta batalla la hemos peleado en más de una ocasión. Pero es una batalla que siempre hemos vencido, porque hemos determinado que: primero Dios.

Claro esta en que no estoy diciendo, ni implicando que alguien le quite la comida a su familia, que abandone sus obligaciones financieras en el hogar, o se endeude para entregar una ofrenda o un diezmo en la iglesia. Pero, primero Dios.

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