No sé cuántos de ustedes se han dado cuenta, pero en las últimas predicaciones he venido haciendo mucho hincapié en lo que es nuestra condición espiritual. ¿Por qué es que he insistido en este tema con tanta frecuencia? La razón principal por la que he insistido en este tema, es porque en la mayoría de los casos, muy pocos cristianos se encuentran al nivel que Dios desea que nos encontremos. ¿Por qué sucede esto?

La razón por la que tantos cristianos no se encuentran en el nivel espiritual que Dios desea que nos encontremos, es debido a la desastrosa guerra que esta tomando lugar en este mismo momento, en la cual muchos caen seriamente heridos, y/o completamente muertos. Queramos admitirlo o no, existe una guerra en el ámbito espiritual que esta siendo peleada en este mismo momento, y todos participamos en ella. Y deseo que quede bien claro que cuando digo todos, me estoy refiriendo tanto a los creyentes como los no creyentes, ya que tarde o temprano toda la creación tendrá que darle cuentas a Dios; pero la existencia de esta guerra espiritual no es algo que todos aceptan. ¿Por qué es que tantos no aceptan la existencia de esta guerra?

La razón principal por la que tantos rechazan la verdad de la guerra espiritual, es porque esta guerra no es algo que podemos ver o palpar; esta guerra no es reportada por los medios de comunicación y noticieros. Pero, ¿puede ser verdad que los medios de comunicación y noticias no reportan nada acerca de esta guerra? La verdad es que las noticias acerca de esta guerra, son transmitidas a diario por todos los medios de comunicaciones que existen; pero lo que está sucediendo es que las personas no las reconocen.

La guerra espiritual esta siendo peleada por dos ejércitos, el ejército de Satanás, y el ejército de Dios. Es decir, la guerra entre el bien y el mal. Y para darnos cuenta de las noticias acerca de esta guerra que son transmitidas a diario, lo único que tenemos que hacer es abrir nuestros ojos, y prestar atención a lo que escuchamos y vemos reportado a diario.

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La realidad es que casi a diario los medios de comunicación y noticias reportan acerca de la violencia, el terrorismo, el crimen, la perversidad sexual, el uso de drogas, etc. etc. En otras palabras, la guerra que existe en la regiones celestes. Y cuando no estamos conscientes de esta guerra catastrófica, entonces se le hará muy fácil al ejército de Satanás hacernos caer seriamente heridos en el campo de batalla, y en los casos más extremos, caer completamente muertos espiritualmente.

Así que el propósito de la predicación de hoy será estudiar acerca de esta guerra, con el fin de descubrir como pelear y vencer las batallas que a diario enfrentamos. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Efesios 6:10-18Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos

Lo primero que vemos aquí es que el apóstol nos da un poderoso consejo de cómo ser victoriosos en nuestra batalla diaria, y una gran advertencia acerca de contra quien peleamos. Fíjense bien como dice aquí cuando leemos: “…Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…”

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Estoy completamente consciente de que muchos, sino todos, han leído estos versículos en más de una ocasión; también estoy seguro que muchos han concluido que estos versículos están dirigidos solo a los líderes, pero esto no es verdad. Entretener estos tipos de pensamientos, o pensar de esta manera es una buena indicación que hemos caído heridos en el campo de batalla. La razón por la que digo esto es porque como les mencione al inicio, en cuanto a la guerra espiritual, no existe excepción de personas.

Lo único que separa a los cristianos del resto del mundo, es que nosotros somos parte del ejército de Dios. Mientras que todos aquellos que no se someten y sirven a Dios fielmente, automáticamente caen bajo el dominio de Satanás [1]. ¿Cómo puedo decir esto con tanta certeza? La razón por la que digo esto con tanta certeza es porque cuando definimos el significado de la guerra espiritual, todos podemos fácilmente concluir que la guerra espiritual es la constante batalla por nuestra mente.

¿Por qué existe esta batalla por nuestra mente? Esta batalla existe porque el enemigo sabe muy bien que si logra controlar, o de alguna manera influenciar nuestros pensamientos, entonces podrá influenciar en lo que creemos y como actuamos. El ejemplo primordial para probar este punto que les estoy haciendo, es lo que sucedió con Adán y Eva en el huerto del Edén [2].

La palabra de Dios nos dice que nuestra batalla no es contra “…sangre y carne…” Esta declaración nos enseña claramente que esta guerra en la que nos encontramos no es en contra de instituciones religiosas, gobiernos, o personas. Esta guerra no es en contra de entidades que podemos palpar y ver. Si este fuese el caso, entonces no nos fuera tan difícil vencer las batallas. Pero las batallas espirituales en ocasiones son muy difíciles, y la razón por ello es que la mayoría de nosotros, sino todos, somos personas calificadas como visuales.

Es decir, la mayoría de las personas somos como Tomás; tenemos que ver para creer [3]. Pero si esa manera de pensar describe como piensas, entonces la advertencia del apóstol no te servirá para nada. La razón por la que digo esto es porque no podemos ver los principados que nos rodean. No podemos ver los demonios a nuestro alrededor que constantemente tratan de influenciar nuestros pensamientos, y separarnos de la presencia de Dios. Pero reflexionemos en algo por un breve momento, y preguntémonos: ¿Existen cosas que nos rodean que no podemos ver, pero que no dudamos que existen y en ocasiones hasta dependemos de ellas?

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¿Cuántos aquí tienen un teléfono móvil? ¿Cuántos aquí tienen una computadora que se conecta al Internet a través de wifi (conexión de dispositivos electrónicos inalámbrico)? ¿Cuántos tienen una televisión o radio? ¿Por qué hago estas preguntas? Hago estas preguntas porque en este mundo moderno en que vivimos, hay una gran variedad de cosas que no podemos ver y palpar. En esta era moderna existen muchas cosas indiscernibles a nuestros sentidos, que nos rodean completamente. Ahora mismo todos aquí estamos completamente rodeados, y bombardeados por señales indiscernibles, que de una forma u otra impactan o influencian nuestra vida.

Los poderes de las tinieblas operan de la misma manera. Fíjense bien en lo que el apóstol Pablo dice aquí para que entiendan bien lo que les digo; él nos dice: “…contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes…” El ejército de las tinieblas se encuentra a nuestro alrededor, y constantemente nos bombardea con sentimientos y pensamientos, en su intento de separarnos de la presencia de Dios. A pesar de que no les podemos ver y palpar, el ejército de las tinieblas es algo real, y no existe táctica, o medio que no emplee para tratar de separarnos de Dios. Y es por eso que siempre tenemos que recordar que nosotros no somos huérfanos, o que estamos desamparados y a la merced del diablo. Jesús vino a destruir, y completamente destruyó las obras del diablo [4]. Dile a la persona que tienes a tu lado: el diablo no tiene autoridad en nuestra vida.

Cristo destruyo las obras del diablo para que nosotros quedáramos libres de la esclavitud. Dile a la persona que tienes a tu lado: Cristo destruyo las obras del diablo. ¿Qué significa esto? Esto significa que no podemos ser obligados a pecar; todos seremos tentados, pero la decisión final es nuestra, y solamente nuestra [5].

Pero a pesar de que no podemos ser obligados a faltarle a Dios, esto no quiere decir que el ejército de las tinieblas se dará por vencido, y dejara de lanzar ataques para destruir nuestra fe, o hacernos dudar de Dios. En otras palabras, influenciar nuestra fe y comportamiento. ¿Qué podemos hacer para evitar ser influenciados? Para evitar ser influenciados tenemos que vestirnos correctamente. Dile a la persona que tienes a tu lado, vístete bien.

¿De qué vestimenta les hablo? Continuemos ahora con nuestro estudio de hoy para descubrirla.

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