Hoy es un día muy especial para todos los creyentes; es un día muy especial para todos aquellos que formamos parte de la iglesia de Cristo. Hoy es un día muy especial y de celebración porque hoy nosotros celebramos la resurrección de nuestro Señor; hoy celebramos la victoria que Él tuvo sobre la muerte.

Claro está en que no existe un creyente que no conozca acerca de este acontecimiento, ya que en él descansa nuestra fe, pero hoy deseo que analicemos juntos la resurrección de Cristo, y el gran significado que esto representa para nosotros.

Lucas 24:1-9El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; 3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás.

Como podemos apreciar, en el primer versículo encontramos que María Magdalena y otras mujeres que habían seguido a Jesús, se habían dirigido a la tumba del maestro con gran tristeza y llenas de dolor.

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Digo que ellas se dirigieron a la tumba del Señor con gran tristeza y dolor porque en realidad ellas iban en busca del cadáver para ungirlo, según la tradición de ese entonces. Esto es algo que queda bien ilustrado aquí cuando leemos: “…trayendo las especias aromáticas que habían preparado…”

Ellas iban en busca del cadáver para ungirlo porque ellas no habían podido hacer esto debido a la ley del día del reposo; y es algo que podemos encontrar bien reflejado en Lucas 23:56 cuando leemos: “…Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento…”

Así que a pesar de que ellas, al igual que el resto de los discípulos, habían escuchado como nos dice la Palabra en Marcos 8:31 cuando leemos: “…Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días…”

Ellas en realidad no habían logrado un completo entendimiento de la verdadera identidad de Jesús, ya que si la hubieran logrado, ellas entonces no se hubieran dirigido a la tumba para ungir un cadáver, sino para encontrarse y gozarse en la presencia del Señor. Dile a la persona que tienes a tu lado: ¡Cristo vive!

Cuando estas mujeres llegaron al sepulcro, ellas encontraron una tumba vacía. Ahora bien, con esto no estoy diciendo que Cristo resucitó el amanecer del domingo, es decir, un poco antes de que estas mujeres llegaran a la tumba, como ha enseñado la iglesia católica por décadas; (algo que ha establecido la tradición del domingo como el día de resurrección que muchas iglesias siguen hoy en día).

Lo que les estoy diciendo es que el domingo fue el día que ellas encontraron la tumba vacía; nuestro Rey y Salvador ya había resucitado. Este es el evento tan glorioso que nosotros celebramos hoy con tanto gozo. Dile a la persona que tienes a tu lado: hoy celebramos la victoria.

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En un día como hoy los discípulos y todo creyente obtuvieron la confirmación de la Palabra de Dios; en un día como hoy los discípulos y todo creyente obtuvieron la confirmación de que nuestro Rey y Salvador había vencido la muerte. La resurrección de Cristo es el epicentro de nuestra fe.

La resurrección de Cristo no es una creencia que surgió en la iglesia, o algo que fue inventado por la imaginación de hombres. La resurrección de Cristo es real, y para todo el que duda, la realidad de su resurrección queda muy bien ilustrada en Juan 20:27-28 cuando leemos: “…Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. 28 Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío!..” Dile a la persona que tienes a tu lado: la resurrección de Cristo le dio vida a la iglesia.

Pero aunque la resurrección de Cristo es y siempre debería ser lo que nos motiva y fortalece, existe una gran realidad. Esta gran realidad es que nuestro enemigo tratará por todos los medios habidos y por haber de desacreditar la obra de nuestro Señor Jesucristo. Esto por supuesto no es nada nuevo.

Digo esto porque durante el tiempo que Jesús estuvo físicamente aquí en la tierra, el enemigo trató de destruir la obra de Dios usando a los supuestos hombres de Dios; en otras palabras, los escribas, los saduceos, los fariseos, y los maestros de la ley. Esto es algo que nunca se ha detenido; Satanás continúa su ataque tratando de destruir la obra de Cristo, tratando de derrotar al pueblo de Dios. ¿Cómo ha tratado y continúa tratando lograr su propósito?

Lo ha tratado y continúa tratando a través de tradiciones, filosofías y enseñanzas falsas. Esto es algo que se nos advierte claramente en Colosenses 2:8 cuando leemos: “…Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo…”

La Nueva Versión Internacional de la Biblia traduce este versículo de esta forma: “…Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo…”

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No deseo extenderme mucho hoy en el tema de las tradiciones, ya que es un tema bastante extenso, pero si deseo que examinemos una tradición muy popular de esta época.

Una tradición muy popular que se practica en este país en el día de hoy es la búsqueda de huevos escondidos. Según la tradición, estos huevos fueron dejados por el conejito de las pascuas. Pero, permítanme hacer dos preguntas, ¿qué tiene que ver un conejo con la resurrección de Cristo? ¿Qué tiene que ver un huevo con la resurrección de Cristo?

Les puedo decir con toda certeza que no tienen nada que ver. No existe nada en la Palabra de Dios que identifique la obra de Cristo con ninguna de estas dos cosas, pero en esta época podemos encontrar que ambas cosas son aceptadas por muchos como un símbolo de las pascuas. Vemos que son aceptadas y practicadas no solo por el mundo, sino que por muchos en el pueblo de Dios.