Hoy vamos a examinar uno de los milagros de Jesucristo que contiene un mensaje de suma importancia. Quiero advertirles desde ahora que el mensaje de hoy no es solamente de suma importancia, sino que puede ser que muchos lo encuentren bastante fuerte. Digo esto porque hoy estaremos hablando de un pecado común en la vida de muchos creyentes.

Ahora bien, cuando se habla del pecado, lo primero que nos viene a la mente es los Diez Mandamientos (leyes espirituales). Es decir, pensamos en las leyes establecidas por Dios, que nos proporcionan los estándares morales en los cuales tenemos que basar nuestra vida, ¿no es así? Pero la realidad del caso es que la transgresión de los Diez Mandamientos no son los únicos pecados.

Digo esto porque el pecado es mucho más que las transgresiones de la ley; el pecado es: “…cualquier cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido[1]…” En otras palabras, el pecado es todo aquello que bien sabemos es lo correcto o bueno, pero que dejamos de hacer. Esto es algo que queda extremadamente claro en Santiago 4:17 cuando leemos: “…y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado…”

¿Cuál es el pecado más común en la vida de muchos creyentes? El pecado más común que muchos cometen es la ingratitud. Digo esto porque cuando hacemos un análisis de nuestra vida, creo que todos podemos decir que Dios ha hecho y está haciendo grandes cosas en nosotros.

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Y esto es algo por lo que siempre deberíamos estar dándole gracias a Dios, pero la realidad del caso es que la mayoría de los creyentes ni tan siquiera toman el tiempo de orar dando gracias a Dios por los alimentos antes de comer.

La ingratitud es el pecado desapercibido (no reconocido), y es por eso que en el día de hoy vamos a estudiar una lección que todo creyente tiene que aprender. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Lucas 17:11-19– Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: !!Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Estoy seguro que todos aquí hemos oído hablar de la lepra, y que sabemos que es una aflicción devastadora; pero también estoy seguro que la mayoría de nosotros desconocemos la magnitud de esta enfermedad. La razón por esto es porque esta enfermedad no es muy común hoy en día.

Es por eso que para lograr tener un mejor entendimiento de lo que está sucediendo aquí, nos será necesario tener un mejor entendimiento de lo que esta enfermedad es, y lo que contraer esta enfermedad significaba en ese entonces.

Cuando se habla acerca de la lepra, se está hablando de la enfermedad más temida en esos tiempos. Contraer esa enfermedad era peor que recibir una sentencia de muerte, ya que el enfermo tenía que ser completamente aislado del resto del pueblo. Esto es algo que podemos encontrar bien claro en Números 5:1-3 cuando leemos: “…Jehová habló a Moisés, diciendo: Manda a los hijos de Israel que echen del campamento a todo leproso, y a todos los que padecen flujo de semen, y a todo contaminado con muerto. Así a hombres como a mujeres echaréis; fuera del campamento los echaréis, para que no contaminen el campamento de aquellos entre los cuales yo habito…”

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Con esto podemos ver que el enfermo no solo sufriría del padecimiento físico asociado con esta terrible enfermedad, sino que también tendría que sufrir el rechazo por todos los que le rodeaban, incluyendo el rechazo de sus propios seres amados y familiares. Pero, ¿qué es esta enfermedad en sí?

Para que podamos tener un mejor entendimiento del significado del sufrimiento de esta enfermedad, debemos brevemente explorar los síntomas y resultados finales que dicha enfermedad produce.

La enfermedad comienza con pequeños crecimientos en los párpados y las palmas de las manos. Luego se riega gradualmente por todo el cuerpo, destiñendo el pelo hasta quedar blanco, y empiezan a salir escamas en las partes del cuerpo afectado que crean dolorosas llagas e inflamaciones.

Fíjense si esta enfermedad es mala, que la enfermedad empieza en la piel causando llagas e inflamaciones, pero no se detiene ahí. La infección se va comiendo la piel y la carne hasta llegar al hueso, de esta manera va pudriendo todo el cuerpo miembro por miembro[2].

Los rabinos de antigüedad veían esta enfermedad como un castigo de Dios, y a menudo era asociado con el chisme. Por ejemplo, la hermana de Moisés, María, contrajo lepra después de calumniar a su hermano. Esto es algo que podemos encontrar en Números 12:9-10 cuando leemos: “…Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. 10 Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa…”

Así que debido a que esta enfermedad era vista como un castigo de Dios, sólo Dios podía sanar a las personas con esta aflicción. Esto es algo que encontramos bien ilustrado en 2 Reyes 5:7 cuando leemos: “…Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí…”

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El leproso era considerado como una persona sucia físicamente y espiritualmente. Es por eso que los judíos tenían leyes muy estrictas acerca de las personas sufriendo de este padecimiento, esto es algo que se puede encontrar en los capítulos 13 y 14 del libro de Levíticos.

El leproso no se podía acercar a otras personas, y tenía que mantener una distancia de por lo menos seis pies de otras personas en todo momento. El leproso no podía habitar dentro de las paredes de ninguna ciudad; el leproso era desterrado a lugares remotos para esperar de su destino (la muerte). Teniendo ya una mejor idea de lo que es la lepra, y del significado que contraer esta enfermedad representaba en ese entonces, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Lo primero que encontramos aquí es que la Palabra de Dios nos dice: “…Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: !!Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados…” cuando hacemos una comparación entre estos diez hombres, y el pueblo de Dios de hoy, pronto encontraremos que existe un gran paralelo entre ellos y muchos dentro del pueblo de Dios de hoy.

Quizás algunos piensen que me equivoco ya que ninguno de nosotros sufrimos de lepra, pero la realidad es que cuando reflexionamos en cómo nosotros llegamos a los caminos del Señor, la mayoría de nosotros reconoceremos que llegamos a los caminos de Jesús cuando sufríamos de una aflicción tan grande o peor que la de ellos.

Nosotros estábamos completamente llenos de dolorosas llagas que nos deshabilitaban en todo sentido. Claro está en que no estoy hablando acerca de llagas físicas, sino de llagas espirituales. Entonces al igual que ellos, nos humillamos ante Dios; reconocimos que no éramos merecedores y que estábamos en una condición que solo Él podía resolver, y clamamos Su nombre.

En otras palabras, al igual que estos diez salimos al encuentro con el Señor y pedimos Su misericordia. Y tal como lo hizo con estas personas, Él nos demostró su amor y misericordia y fuimos sanados.

Ese vació que existía en nuestra vida fue completamente lleno. Él derramó de Su santo espíritu sobre nosotros, nuestro hogar, y todo lo que nos rodea, y empezamos a recibir las bendiciones. Él derramó Su gracia y misericordia sobre nosotros y recibimos la sanidad que tanto anhelábamos. Pero desdichadamente, aquí es donde comienza el problema para un gran número de creyentes. ¿Por qué digo que aquí comienza el problema para un gran número de creyentes?

Digo esto porque a continuación leemos: “…Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano….” Dile a la persona que tienes a tu lado: solo uno regreso.