Deseo iniciar el servicio de hoy haciendo una pregunta: ¿cuántos aquí podemos decir que sabemos con certeza que nuestra relación con Dios está al nivel que Él desea que este? Esta no es una pregunta para que nadie me la conteste, sino que es una pregunta de reflexión que nos hace examinar a qué nivel esta nuestro caminar con el Espíritu Santo. ¿Por qué hago esta pregunta?

Hago esta pregunta porque uno de los problemas más serios que confronta el pueblo de Dios de hoy, es que muy pocas personas toman el tiempo para examinar su relación con Dios. Demás está decir que en toda ocasión esta falta de acción nos conduce a que le faltemos a Dios, y que tarde o temprano terminemos sufriendo.

Digo que terminamos sufriendo porque nuestro caminar con el Espíritu Santo nunca llega al nivel que Dios desea que este. Es por eso que hoy deseo que examinemos el nivel de nuestra relación con Dios.

Hoy vamos a explorar los cuatro niveles que existen en nuestra relación con Dios y nuestro caminar con el Espíritu Santo. Haremos esto con el propósito de encontrar a que nivel nos encontramos. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Anuncios

Ezequiel 47:1-6Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente, y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar. Y me sacó por el camino de la puerta del norte, y me hizo dar la vuelta por el camino exterior, fuera de la puerta, al camino de la que mira al oriente; y vi que las aguas salían del lado derecho. Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos. Midió otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta las rodillas. Midió luego otros mil, y me hizo pasar por las aguas hasta los lomos. Midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar, porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado. Y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Después me llevó, y me hizo volver por la ribera del río.

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios nos tiene para nosotros en el día de hoy, será necesario que conozcamos un poco mejor a este hombre llamado Ezequiel. Ezequiel fue un sacerdote y profeta, y le tocó ministrar durante los días más negros de la historia de Judá; setenta años que ellos soportaron bajo el cautiverio de Babilonia.

Ezequiel fue llevado cautivo antes del asalto final en contra de Jerusalén; y él usó profecías, parábolas y señales para dramatizar el mensaje de Dios para Su pueblo. Como la mayoría de los otros profetas, los mensajes de Ezequiel estaban divididos en dos partes, la condenación y la consolación [1].

Los versículos que estamos explorando hoy forman parte de una de las visiones que Dios le entregó al profeta, y es una visión de consolación, y es una visión directamente relacionada con los niveles que existen en nuestra relación con el Espíritu Santo.

Antes de proceder, lo primero que tenemos que hacer es establecer que: “…las aguas…” como indicado aquí, son una representación del Espíritu Santo. Establecer que “las aguas” son una representación del Espíritu Santo es algo que podemos lograr con facilidad, cuando tomamos el tiempo de meditar en los primeros dos versículos que estamos explorando hoy.

Digo esto porque en los dos primeros versículos que estamos explorando hoy, encontramos dos pistas que afirman la representación del Espíritu Santo. La primera pista la encontramos cuando leemos: “…a la entrada de la casa…” Digo que esta es la primera pista porque la casa de que se nos habla aquí es del templo de Dios.

Anuncios

Esto es algo que queda bien reflejado en Ezequiel 43:4-5 cuando leemos: “…Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente. Y me alzó el Espíritu y me llevó al atrio interior; y he aquí que la gloria de Jehová llenó la casa…” La segunda pista la encontramos cuando leemos: “…aguas que salían de debajo del umbral…” En otras palabras, aguas que salían del punto principal del templo de Dios hacia Su pueblo.

Aguas que se convertían en un río que daba vida; un río que sanaba. Esto es algo que queda bien reflejado en Ezequiel 47:9 cuando leemos: “…Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y vivirá todo lo que entrare en este río…”

Dios le dio la visión a Ezequiel que de debajo del umbral saldría el agua que nuevamente infundiría vida en ese pueblo, y nosotros que hemos aceptado a Cristo como nuestro Rey y Salvador, sabemos que el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros hace brotar esa agua de vida de nuestro interior.

Esto es algo que el Señor nos deja bien ilustrado en Juan 7:38 cuando nos dice: “…El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva…” Así que sin duda alguna podemos establecer que el agua que Ezequiel vio fluir en esa visión fue una representación del Espíritu Santo derramado sobre Su pueblo.

Manteniendo esto en mente continuemos con nuestro estudio de hoy, y examinemos los cuatro niveles que existen en nuestra relación con Dios a través del Espíritu Santo.

Aquí vemos que se nos dice: “…Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos…” Este pequeño versículo describe el primer nivel que existe entre la mayoría de los creyentes y Dios. Digo esto porque cuando el Espíritu Santo comienza a obrar en nosotros, un cambio inevitable sucede.

Anuncios

Cuando una persona se arrepiente de sus pecados y llega a los caminos del Señor, entonces podemos decir que esa persona ha entrado a su relación con Dios hasta los tobillos. Esta es la primera experiencia, y desdichadamente muchos se quedan estancados aquí. Esto es algo que sucede porque muchos no están dispuestos a entrar a más profundidad. Permítanme ilustrarles lo que les digo de otra manera.

Usemos nuestra imaginación; imaginémonos que estamos en la playa, y que el mar es el Espíritu Santo. Ahora entremos en el mar, pero solo hasta que el agua cubra nuestros tobillos. Pensemos por un instante, ¿con el agua hasta los tobillos, podemos movernos libremente? ¿Se nos hace difícil caminar en la arena?

La respuesta a ambas preguntas es si. Si podemos movernos libremente ya que el agua solamente cubre una pequeña porción de nuestro cuerpo, y si se nos hace un poco difícil caminar en la arena porque el agua en nuestros pies causa un poco de resistencia, pero a pesar de esto no nos encontramos limitados en ninguna manera.

Hermanos, aquí es donde esta el peligro. Digo que aquí esta el peligro porque cuando podemos movernos libremente, cuando no estamos limitados, entonces esto quiere decir que no estamos recibiendo convicción de nuestras malas acciones.

Esto quiere decir que cederemos con frecuencia a los impulsos y deseos infructuosos de la carne. Esto quiere decir que seremos mayormente dominados por las cosas de este mundo, en vez de por el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. Preguntémonos ahora: ¿desea Dios que tu relación con Él esté a este nivel?