La semana pasada les hable acerca de las bendiciones, y durante esa predicación les dije que para recibir las bendiciones de Dios, tenemos que fortalecer, reparar, y/o reconstruir nuestra relación con Dios.

Como les dije la semana pasada, el enemigo tratara de influenciar nuestra relación con Dios, utilizando todos los medios y avenidas que existen, incluyendo a nuestras amistades, familiares, y hasta a mismos cristianos, ya que nuestra fortaleza para poder resistir los ataques del enemigo, en realidad depende del nivel de nuestra relación con Dios. Pero ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos fortalecer nuestra relación con Dios?

La realidad es que de la única manera que lograremos fortalecer nuestra relación y comunión con Dios, es desarrollando una fe absoluta en Dios. Como les dije la semana pasada, no todo cristiano logra desarrollar el nivel de su relación con Dios que Él desea que tengamos, y a consecuencia, la gran mayoría de los cristianos se encuentran entrando y saliendo de su comunión con Dios.  Es por eso que en el día de hoy deseo que exploremos este tema a más profundidad.  Así que la pregunta que nos haremos en el día de hoy es: ¿qué tan fuerte es mi fe?

Cuando buscamos en la Biblia acerca de la fe, no es difícil encontrar que existen numerosos versículos que tratan con este sujeto.  ¿Por qué es esto?  Esto es porque la fe es el aspecto más importante de nuestra vida.  Es por eso que en Hebreos 11:6 encontramos que se nos dice: “…Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan…

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En otras palabras sin fe es imposible creer que el Dios todopoderoso, y lleno de misericordia existe.  Sin fe es imposible confiar que Jesucristo murió por nuestros pecados, resucito, y que siempre nos acompaña y fortalece para que podamos vencer [1].  Sin fe es imposible creer y confiar que el Espíritu Santo mora en nosotros [2], y nos guía en todo momento [3].

Así que esta pequeñita palabra es el eje principal de nuestra salvación, y la esperanza de todo creyente fiel.  Pero lamentablemente, este aspecto tan imprescindible de nuestra vida en muchas ocasiones se encuentra debilitado o completamente destruido. Pero veamos ahora lo que sucede cuando se posee una fe completamente fortalecida.

Hoy vamos a estar estudiando el libro de Daniel, capitulo tres.  Porque el tiempo que compartimos es corto no les leeré el capitulo completo, sino que solamente leeré los versículos claves que nos ayudaran a entender el mensaje de hoy, pero si les pido que en su tiempo de reflexión lo lean completo y mediten en su contenido.

Ahora bien, como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

En este punto de la historia Judá y sus habitantes habían sido capturados por el imperio de Babilonia [4].  Así que Daniel y sus compañeros habían sido llevados como esclavos a Babilonia.  Pero a pesar de que las circunstancias eran completamente desagradables, Dios se glorifico en la vida de Daniel y sus compañeros. Dios les bendijo permitiéndoles que ellos entraran directamente al servicio del rey, y el rey les consultaba en todo asunto de sabiduría; es más el rey los encontró diez veces superiores a todos los otros que le servían [5].  ¿Saben por qué Dios se glorifico de gran manera en sus vidas?

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La razón fue porque ellos se mantuvieron fieles a Dios, ellos no estaban dispuestos a contaminarse con lo que el rey de Babilonia les ofrecía.  Esto es algo que queda bien resumido en Daniel 1:8 cuando leemos: “…Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse…”.

En este punto de la historia el rey había mandado a construir una estatua propia de oro sólido.  También había decretado una ley que exigía que al escucharse música, todos los ciudadanos del reino tendrían que postrarse ante esta estatua y adorarla.  Los que no cumplieran con esta ley serian ejecutados.

Fíjense bien como esto queda declarado en Daniel 3:4-6 cuando leemos: “…el heraldo proclamó con gran voz: “Se ordena a ustedes, oh pueblos, naciones y lenguas, 5 que al oír el sonido de la corneta, de la flauta, de la cítara, de la lira, del arpa, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postren y rindan homenaje a la estatua de oro que ha levantado el rey Nabucodonosor. 6 Cualquiera que no se postre y rinda homenaje, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo….” (RVA-2015)  ¿Por qué es necesario que sepamos estas cosas?

Es necesario que sepamos estos detalles, porque estos pequeños detalles nos revelan las condiciones que rodeaban a estos jóvenes.  En otras palabras, estos jóvenes pronto tendrían que tomar una decisión que bien podía costarles la vida.

Ellos tendrían que decidir entre agradar al hombre, o agradar a Dios (adorar la imagen del rey: abominación a Dios [6]).  Y esta decisión descansaba completamente en la fe de estos varones.  Así que manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio, y examinemos lo que sucedió con ellos cuando llego el momento de decidir, y como se aplica a nuestra vida hoy en día.

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Cuando estudiamos lo que sucedió en este instante, pronto vemos que cuando llego el momento de la decisión, estos varones decidieron mantenerse fieles a Dios.  Esto es algo que queda bien claro en la declaración que ellos hicieron cuando fueron confrontados porque no estaban dispuestos a alabar a la imagen del rey; algo que encontramos en Daniel 3:17-18 cuando leemos: “…Si es así, nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18 Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado…” (RVA 2015)

Estos varones conocían bien la penalidad que el rey había impuesto, pero ellos no le serian infiel a Dios.  Dile a la persona que tienes a tu lado, tenemos que serle fiel a Dios.

¿Qué podemos apreciar en la actitud de estos varones? Lo que podemos apreciar en la actitud de estos varones es una fe completa y absoluta en Dios.  Lamentablemente, este tipo de fe absoluta es difícil de encontrar hoy en día.  Las razones por la que esto sucede son numerosas, pero yo diría que la razón principal es el temor.

Pero una gran realidad es que el temor no proviene de Dios; Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía sino de poder, de amor, y de dominio propio [7].  Es muy importante que siempre tengamos eso muy en mente, y que lo grabemos en nuestra mente.  Digo esto porque el espíritu de temor o la cobardía, en toda ocasión nos conducirán lejos de la voluntad de Dios.

El espíritu de temor impedirá nuestro crecimiento; en otras palabras, NO nos permitirá crecer, y desarrollar la vida que Dios desea para nosotros.  Y nosotros no estamos llamados a estancarnos en nuestra fe, sino que estamos llamados a crecer. Fíjense bien como esto es algo que queda bien declarado en 2 Pedro 3:18 cuando leemos: “…Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén…” (RVA 2015).  Sin embargo, en toda ocasión, el espíritu de temor detendrá nuestro crecimiento.

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