Leí un chiste el otro día que deseo compartir con ustedes. Resultar ser que el jefe de un hombre llama por teléfono a la casa del empleado, y le contesta un niño pequeño. Entonces el jefe le dice: ¿está tu papá?, y el niño contesta: si.

Entonces le pregunta: ¿pudiera hablar con él por favor? y el niño contestó: no, él está muy ocupado en estos momentos. El jefe entonces le pregunta: ¿está tu mamá en casa?, si contestó el niño. Y el jefe preguntó, ¿pudiera hablar con ella? A lo que el niño contestó: no, ella está muy ocupada en estos momentos.

El jefe ya un poco preocupado le pregunta al niño: ¿hay alguien más en casa contigo? A lo que el niño respondió: si, aquí está la policía. El jefe entonces muy alarmado preguntó: ¿pudiera hablar con el policía? A lo que el niño respondió: no, él está muy ocupado hablando con los bomberos, y mi mamá y papá.

En eso el jefe escuchó lo que aparentaba ser el sonido de un helicóptero aterrizando muy, pero muy cerca, y le preguntó al niño: ¿qué fue ese sonido tan alto? A lo que el niño contestó, un helicóptero que aterrizó frente a mi casa.

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El jefe ya extremadamente preocupado entonces le pregunto: ¿qué hacen todas esas personas en tu casa? A lo que el niño contestó: buscándome a mí. ¿Qué cómico, verdad?

Pero ahora permítanme hacerles una pregunta: ¿a cuántas personas aquí se le extravía o pierden las cosas continuamente? Una gran realidad es que en ocasiones todos nosotros hemos perdido o se nos ha extraviado algo. Y otra gran realidad es que en la mayoría de los casos no nos damos cuenta de lo que se nos ha perdido hasta que lo necesitamos.

Por ejemplo; ¿a cuántos se les ha extraviado las llaves de la casa o del automóvil y no se dan cuenta hasta que tienen que salir? Para los que usan espejuelos para leer como yo; ¿a cuántos se les ha extraviado los espejuelos, y no se han dado cuenta hasta que los necesitan para leer? Pudiéramos seguir enumerando ejemplos, pero creo que estos son los dos más comunes que suceden en nuestra vida. Ahora pregunto: ¿se han dado cuenta del nivel de intensidad con el que buscamos las cosas que temporalmente extraviamos o perdemos?

En ocasiones la intensidad de nuestra búsqueda es tan grande que el objeto puede estar frente a nosotros, y no lo vemos. Entonces comenzamos a frustrarnos o desesperarnos, y pedimos ayuda; luego llega nuestra esposa o esposo (según el caso), o cualquier otra persona de la que hayamos solicitado ayuda, busca o mira a nuestro alrededor y lo encuentra (las llaves en la gaveta; los espejuelos puestos en la cabeza). ¿Le ha sucedido esto a alguien alguna vez?

Claro está en que sí, pero lo triste de todo es que eso no solo nos sucede con objetos inánime, sino que también nos sucede en cuanto a ciertos aspectos de nuestra vida en nuestro caminar cristiano. Así que este será nuestro tema para el día de hoy. Hoy nos preguntaremos: ¿qué hemos perdido o extraviado temporalmente en nuestro caminar cristiano? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Lucas 15:8-10¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? 9Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. 10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

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Como la mayoría de nosotros sabemos, el capítulo 15 del evangelio de Lucas contiene tres parábolas acerca de cosas que fueron pedidas, que al ser encontradas produjeron un gran gozo en las personas. Y son las tres parábolas comúnmente usadas por muchos para predicar acerca de las almas perdidas, y del amor de nuestro Padre celestial que todos reciben al arrepentirse y volverse a Él.

Pero yo creo que la segunda parábola, cual es la que estamos examinando en el día de hoy, contiene un mensaje aún más profundo para todo creyente. Así que ahora debemos preguntarnos: ¿cómo se aplica esta parábola a nuestra vida? Para contestar esta pregunta vamos a analizar tres puntos encontrados en el primer versículo.

En el primer versículo encontramos que se nos dice: “…¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?..” Primero examinemos el significado de la palabra “dracma”. Según el diccionario de la Real Academia Española, la definición de la palabra dracma es: “Moneda griega de plata, que tuvo uso también entre los romanos, casi equivalente al denario, pues valía cuatro sestercios.”

Si fuésemos a traducir esto a tiempos modernos, y considerado que el salario mínimo de un obrero en este país es $7.25 la hora (dependiendo del Estado), y considerando que en esos tiempos no era nada fuera de lo común trabajar de 10 a 11 horas diarias, cuando hacemos la matemática podemos decir que un dracma sería el equivalente de alrededor de $80.00 (dólares).

Este total está basado sin contar con la regulación de salario por horas extra de trabajo, cual dicta que toda hora de trabajo por encima de 8 horas diarias tiene que ser pago a tiempo y medio. Así que simplemente puesto, una dracma representaba el equivalente del salario por un día de trabajo de un obrero. ¿Por qué les he explicado todo esto con tanto detalle?

La razón por la que les he explicado esto con tanto detalle es para que todos estemos muy consientes del valor tan grande que tenia lo que esta mujer había perdido. Ahora bien, el primer versículo también nos dice que ella tenía nueve otras, pero que buscaba con diligencia y urgencia la que se le había extraviado. Preguntémonos ahora: ¿por qué la buscaba con tanta diligencia?

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La parábola no explica la razón exacta, ya que por definición la parábola solo es una: “Narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral…[1].

Así que con el propósito de descubrir el mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy vamos a asumir que la razón por la que esta mujer buscaba esa dracma perdida era porque ella la necesitaba para algo.

Hermanos, la gran realidad es que todo creyente fiel tiene el regalo más valioso que se puede tener en el universo. Tenemos algo que no puede ser comprado con todo el oro y toda la plata que existe en el mundo.

Esto es algo que queda bien resumido en la respuesta del apóstol Pedro a Simón el mago, cuando él les ofreció dinero para que ellos le dieran el poder de dar el Espíritu Santo a las personas, según encontramos en Hechos 8:20-21 cuando leemos: “…Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios…” Tenemos al Espíritu Santo que nos da convicción de nuestros errores y quien nos guía en todo momento; tenemos el Espíritu Santo quien nos ayuda a vencer toda dificultad, y a derrumbar toda oposición que pueda surgir. Pero desdichadamente muchos han perdido el ardor del Espíritu Santo en su vida, algo que todos necesitamos con urgencia.

Ahora examinemos el significado de la “lámpara.” Cuando se habla de una lámpara, se habla de un utensilio que produce luz. En esos tiempos eran utensilios que tenían una mecha y que quemaban aceite o cualquier otro combustible.

Pero la lámpara para nosotros tiene un significado aún más grande, ya que teológicamente, en la Biblia encontramos que la luz de la lámpara es usada para describir a nuestro Señor Jesucristo. Esto es algo que queda bien ilustrado en Juan 8:12 cuando leemos: “…Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida…” ¿Qué les estoy tratando de decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que al igual que esta mujer, todo creyente tiene que buscar con urgencia y diligencia fortalecer su relación con Dios. ¿Cómo podemos nosotros fortalecer nuestra relación con Dios?

La respuesta a esta pregunta es encontrada en el significado de lo tercero que estamos examinando del versículo uno.