Hoy vamos a iniciar el servicio con un chiste. Resulta ser que había un hombre, que fue contratado para transportar 50 pingüinos a un zoológico local. En camino al zoológico, el camión se le rompió.

Esto produjo que al hombre le cayera una gran preocupación, y mientras estaba arrimado al lado de la carretera examinando el motor del vehículo, pensaba que seguramente que los pingüinos todos morirían, y que él tendría que pagar el costo.

Levantando su vista del motor, y mirando a su alrededor, el hombre vio un camión que se acercaba y lo paro. El hombre entonces hablando con el camionero y le dijo: te doy 500 dólares para que me lleves a estos pingüinos al zoológico. El camionero pronto accedió, recogió a los pingüinos y se fue

Al otro día, el hombre fue al pueblo, y se llevo tremenda sorpresa al ver que el camionero a quien él había contratado iba cruzando la calle, y los 50 pingüinos iban detrás de él todos en fila.

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Al ver esto, el hombre le dijo al camionero: ¿no te di yo ayer 500 dólares para que llevases a estos pingüinos para el zoológico? El hombre entonces respondió: si, y los lleve, pero me sobró un poco de dinero, así que hoy nos vamos para el cine. ¿Qué cómico, verdad?

Sin duda alguna este camionero no entendió lo que el hombre había pedido de él. Igualmente, muchos creyentes hoy en día no entienden lo que Dios quiere en su vida.

En otras palabras, no logran entender el propósito principal de Dios para con ellos. Y es por eso que hoy deseo que exploremos este tema; exploremos hoy el propósito principal de Dios con nuestra vida.

Colosenses 1:24-29 Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; 25 de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, 28 a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; 29 para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.

Cuando examinamos las palabras de Pablo aquí, encontramos que él dice algo que quizás no entendamos. Digo esto porque en el primer versículo que estamos usando hoy encontramos que él dice: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros”. Como les dije, esto es algo que quizás no entendamos; después de todo, ¿cómo es posible gozarse en momentos difíciles?

En realidad la respuesta a esta pregunta no es nada difícil, y es fácilmente encontrada haciendo otra pregunta. Así que preguntémonos: ¿hemos nosotros tenido algún tipo de sufrimiento desde que nos entregamos a Cristo? La mayoría de todo creyente fiel responderá que sí. Todo creyente fiel responderá diciendo que si porque la gran realidad es que cuando genuinamente vivimos en Cristo, entonces dejamos de ser quien éramos, y pasamos a ser criaturas nuevas.

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Demás está decir que una vez que esto sucede, en la mayoría de las ocasiones nos sentimos aislados; o sea el comienzo de un sufrimiento. Digo esto porque en la mayoría de las ocasiones, nuestras amistades, familiares, y casi todos los que nos rodean se alejan de nosotros. Se alejan porque cuando genuinamente nos entregamos a Cristo, entonces dejamos de formar parte de muchas cosas que antes hacíamos, pero que ahora por convicción del Espíritu Santo no hacemos.

En otras palabras se alejan de nosotros porque hemos escogido hacer como nos dice la Palabra en Efesios 5:11 cuando leemos: “…Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas…”

La Traducción en Lenguaje Actual de la Biblia traduce este versículo de la siguiente manera: “…No se hagan cómplices de los que no conocen a Dios, pues sus hechos no aprovechan de nada. Al contrario, háganles ver su error…”

Y hacer esto en la mayoría de las ocasiones causara que personas que estimamos o amamos se alejen de nosotros; ya no existirá la afinidad que una vez teníamos, y como les dije esto puede producir un sufrimiento.

Para que entiendan bien el punto que les estoy haciendo debemos notar que cuando Pablo escribió esta carta a la iglesia, él estaba encerrado en una prisión romana. Pablo estaba sufriendo en las manos del imperio romano a causa de su fe Cristiana. Pero también deseo que prestemos mucha atención al hecho de que aunque estaba encerrado en esa prisión, la prisión no lo detuvo de continuar obrando para Dios.

Las restricciones impuestas sobre Pablo por esa prisión no detuvieron su ministerio, y yo diría que ni siquiera retardo su progreso (Pablo escribió la mayoría de los libros del Nuevo Testamento mientras sufría encarcelamiento).

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Desdichadamente la iglesia de hoy sufre, y los ministerios se detienen o retardan, porque muchos en el pueblo de Dios permiten que situaciones, y emociones interfieran con su fe. Como he dicho en numerosas ocasiones, es bien fácil tener fe cuando las cosas marchan de la manera que nosotros queremos o deseamos

La realidad es que es bien fácil confiar en Dios cuando no existe adversidad,  pero en el momento que algo malo nos sucede, o en el momento cuando las cosas no marchan de la manera que nosotros deseamos, entonces comenzamos a sufrir. El problema no está en que suframos.

El problema está en que cuando comenzamos a sufrir, en vez de orar y alabar a Dios, la mayoría de los creyentes tratan de resolver las situaciones por su propia fuerza y voluntad, en vez de acudir a Dios. Esto en casi toda ocasión causa que nos enterremos más profundamente en el problema, y demás está decir que esto nos conduce a un mayor sufrimiento

Pablo aquí nos dice que se gozaba en lo que estaba padeciendo, esto es algo que como dije es difícil de entender. Pero aunque difícil de entender, no es imposible hacer. Y es por eso que en 1 Pedro 4:16 encontramos que se nos dice: “…pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello…” Pero esto es algo que algunos encuentran extremadamente difícil de hacer. ¿Por qué? La razón principal es la falta completa o la escasez de fe en la vida de muchos.

La realidad de todo es que si nuestra fe no está firme, si nuestra confianza en Dios no es absoluta, entonces se nos hará muy difícil sino imposible ver que sufrir debido a Cristo es algo que debería producir gran gozo en nuestra vida. ¿Cómo así? Simplemente puesto, sufrir a causa de Cristo no es un sufrimiento, sino una ocasión para gozarnos. ¿Cómo puede ser esto posible?