Como les dije la semana pasada, ya no existen las buenas noticias. Todo lo que los medios de comunicación presentan hoy en día como noticias, o cosas de interés, en casi toda ocasión son cosas dolorosas, tragedias, y sufrimiento.

Evidentemente estos titulares son los que atraen la atención del público, y como todos sabemos las grandes corporaciones solo están interesadas en obtener un gran índice de audiencia, ya que esto les conduce a sacar muy buen provecho. Pero, ¿puede ser verdad que ya no existan buenas noticias?

La realidad del caso es que aunque en ocasiones es difícil de encontrar, las buenas noticias rodean a toda la humanidad. ¿Cómo así? Para que entiendan bien de lo que les hablo, será necesario que examinemos una palabra que muchos pronuncian, pero que en realidad no conocen el significado tan grande que implica. ¿De qué palabra les hablo?

La palabra es: “evangelio”. La palabra evangelio es derivada de la palabra griega eüagguelion[1] (pronunciado: yuanguelion) que significa: buena nueva (buenas noticias).  Y basado en esta definición es por lo que digo que las buenas noticias rodean a la humanidad; pero no obstante esto, muy pocos se dan cuenta de las bendiciones que le rodean; en otras palabras, las buenas noticias que Dios nos provee. Esto es algo que sucede porque una gran realidad es que cuando se habla de las bendiciones, en la mayoría de los casos, lo primero que llega a la mente de una persona son las posesiones materiales.

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Lo primero que llega a la mente son las cosas como el automóvil, la casa, el trabajo, la cuenta de ahorro, y todo lo demás que podemos poseer debido a nuestro esfuerzo humano. Pero la realidad de todo es que las bendiciones de Dios son mucho más que todo lo material que podamos acumular.

Las bendiciones de Dios no son materiales, sino celestiales y espirituales. Así que pasemos ahora a la Palabra de Dios y descubramos las bendiciones que Él ha derramado sobre todo creyente fiel.

Efesios 1:3-14Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Cómo acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.

Pablo escribió esta carta durante su primer encarcelamiento Romano alrededor del 60-62 d.C. Su encarcelamiento es algo que queda bien declarado en Efesios 3:1 cuando leemos: “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles.”

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Demás está decir que cuando él escribió todo esto, Pablo estaba pasando por unos momentos muy difíciles en su vida. Pero a pesar de toda mala situación, él no permitió que nada detuviera el propósito de Dios en su vida. Pablo no se desanimó ni se desalentó, sino que continuó su ministerio y escribió esta carta a este grupo de creyentes que aunque extremadamente ricos en Cristo, vivían derrotados y como mendigos, porque no tenían el crecimiento para reconocer las bendiciones espirituales que Dios les había entregado.

Esto es algo que queda bien ilustrado Efesios 2:4-7 cuando leemos: “…Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús…”

Cuando tomamos el tiempo de estudiar la epístola a la iglesia en Efeso, nos damos cuenta que ésta epístola no fue escrita con el propósito de corregir un problema específico en la iglesia, sino que fue escrita para evitar que surgieran problemas, y para alentar a los creyentes a madurar en Cristo.

En otras palabras, la epístola fue escrita con el propósito de guiar a los creyentes a conducir su vida de forma agradable a Dios, y para motivarlos a que se conectaran al poder de su fuente espiritual. Porque solamente a través de esta conexión es que el creyente recibe la fortaleza que nos ayuda en nuestro comportamiento diario.

Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras del apóstol en Efesios 4:1-2 cuando leemos: “…Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor…” Las palabras claves en esta pequeña porción de las escrituras son: “…que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…”

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Digo que estas son las palabras claves porque si tuviéramos que describir todos los problemas que la iglesia de hoy enfrenta, yo diría que la falta de caminar dignos de la vocación con la que fuimos llamados sería la mejor descripción.

Y es por eso que no es fuera de lo común escuchar como muchos, al igual que este pueblo, siendo ricos viven como mendigos, y teniendo la victoria viven derrotados. Así que manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy, y descubramos las buenas nuevas, en otras palabras, las bendiciones que Dios ha derramado sobre nosotros.

Como les dije al inicio, las bendiciones de Dios abarcan mucho más de todo lo que nosotros podamos acumular. Con esto no estoy diciendo que Dios NO nos bendice en lo material; lo que les estoy diciendo es que lo material en si no es de gran importancia.

La realidad es que lo más importante para todo creyente fiel debe ser lo espiritual. Esto es algo que queda bien declarado en los versículos que estamos examinando en el día de hoy cuando leemos: “…Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…” Sin embargo, existe un buen número de creyentes que no permanecen conscientes de esto.

Esto es algo que mayormente sucede porque a menudo, las personas no ven las bendiciones de Dios debido a situaciones o circunstancias difíciles por las que puedan estar pasando. Y como seres humanos al fin, estas son cosas que nos pueden deprimir o desalentar.

Pero cuando nuestro espíritu esta fortalecido, y cuando nuestra fe y confianza en Cristo no flaquea, entonces podemos levantarnos y conquistar cualquier situación que pueda surgir.

Es como nos dice la palabra en Filipenses 4:13 cuando leemos: “…Todo lo puedo en Cristo que me fortalece…” En otras palabras, podemos conducir una vida en victoria porque sabemos que Cristo nos fortalece para conquistar cualquier situación.

Pero, si nuestra condición espiritual esta débil, o si no estamos parados firmes en la Palabra de Dios, entonces no importa cuántas veces vayamos a la iglesia y escuchemos los mensajes. No importa donde estemos o quien nos acompañe; nada de esto será de importancia porque pase lo que pase, siempre nos sentiremos desamparados y solos.

La gran realidad acerca de nuestro Dios es que este no es Su plan para nuestra vida. Dios no quiere que Su pueblo viva desanimado y desalentado; Dios no quiere que vivamos derrotados y a la merced de este mundo de maldad.

Cristo no vino a este mundo para entregarnos una vida de constante sufrimiento y dolor. Claro está en que en ocasiones a todos nos tocara atravesar por momentos difíciles, pero para esos momentos tenemos Su promesa. Fíjense como nos dice el Señor en Juan 16:33 cuando leemos: “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo…” Dile a la persona que tienes a tu lado; que buenas noticias.

Cristo no vino a este mundo para que Su pueblo viviera derrotado, y no existe ninguna razón para que vivamos de esta manera. Pero el problema consiste que en muchas ocasiones, nuestro espíritu se encuentra débil. Esto por supuesto solo conduce a una cosa, esto solo conduce a que nuestra fe flaquee en momentos de dificultad. Es por eso que les digo hoy que la mayor bendición que Dios derrama sobre nosotros es la bendición espiritual.

Digo esto porque las bendiciones espirituales son completamente diferentes a las bendiciones materiales. Las bendiciones espirituales son gloriosas, y son las bendiciones que borran la tristeza, borran el dolor, la angustia, y las preocupaciones. Son las bendiciones que le entregan al hombre una vida abundante. Son las bendiciones que son superiores a todas las bendiciones materiales. Las personas se pueden considerar bendecidas debido a sus posesiones materiales, pero la realidad es que lo material no es duradero

Todo lo material se puede perder en un abrir y cerrar de ojos. Y es por eso que en Mateo 6:19-20 el Señor nos advierte: “…No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan…”

Nada de lo que podemos acumular en la tierra es permanente; lo único permanente son las bendiciones espirituales que Dios derrama sobre nosotros. Solo las bendiciones espirituales son perfectas en todo aspecto, y es por eso que cuando buscamos ser bendecidos espiritualmente, entonces nos podemos enfrentar a cualquier situación, y podemos dar la buena batalla sin desmayar.

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