Entre muchas de las cosas que podemos encontrar que afectan la vida de un incontable número de personas, encontramos la falta de confianza. Digo esto porque la falta de confianza es algo que afecta todo aspecto en nuestra vida.

Por ejemplo; si no confías en que un producto hará lo que promete hacer, entonces no compraras el producto. Si no confías en que asistir a un evento social no te será de beneficio (no solo monetario), entonces no asistirás. Si no confías en tu pareja, entonces nunca tendrás paz y sosiego.

Pudiéramos continuar haciendo una lista extensa de la desconfianza, pero creo que todos ya tenemos muy buena idea a lo que me refiero. Y debido a la desconfianza del hombre existen numerosos seminarios acerca de aprender a confiar, especialmente en aquellos que te rodean, (amistades, familiares, compañeros de trabajo, y especialmente tu pareja). ¿Cuántos han visto o han escuchado del ejercicio llamado: “cae confiadamente”?

Para los que nunca han escuchado de él, es un ejercicio muy utilizado en los seminarios que buscan promover la confianza de las personas. Existen numerosas maneras de llevar a cabo este ejercicio, pero normalmente es algo hecho en un grupo, donde el grupo forma un círculo, y una persona se para en el medio, cruza sus brazos, cierra sus ojos, y deliberadamente se deja caer hacia atrás.

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El objetivo del ejercicio es que la persona confié en que uno de los que tiene a su alrededor lo/la agarrara antes de caer contra el piso y darse un golpe. En otras palabras, se le pide a la persona que confié su bienestar en otros. Así que el tema que estaremos enfocando hoy será el tema de la confianza. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Salmo 31:1-5En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. 2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. 3 Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. 4 Sácame de la red que han escondido para mí, Pues tú eres mi refugio. 5 En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Según los historiadores, este Salmo fue escrito por el Rey David, quien fue una persona que experimentó gran sufrimiento desde el día en que venció a  Goliat en el campo de batalla.

Esto es algo que queda bien reflejado en 1 Samuel 18:8-9 cuando leemos: “…Y se enojó Saúl en gran manera, y le desagradó este dicho, y dijo: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino. 19 Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David…”

Lo que sucedió fue que después de esta victoria, la fama y reputación de David creció de tal manera que el pueblo le quería más que al rey; esto causó que el rey llegara a odiarle de tal manera que busco matarle en más de una ocasión. Fue durante esta persecución que David escribió el Salmo que estamos explorando hoy [1].

Esta persecución incesante eventualmente condujo a que David tuviese que huir de su país para salvar su vida. Esto es algo que queda bien declarado en 1 Samuel 27:1 cuando leemos: “…Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de Israel; y así escaparé de su mano…” Pero algo muy importante a notar, es que su sufrimiento no se terminó después del exilio.

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Digo esto porque después que David asumió el reino de Israel, su propio hijo (Absalón) también le hizo huir para salvar su vida. Esto es algo que queda bien detallado en 2 Samuel 15:14 cuando leemos: “…Entonces David dijo a todos sus siervos que estaban con él en Jerusalén: Levantaos y huyamos, porque no podremos escapar delante de Absalón; daos prisa a partir, no sea que apresurándose él nos alcance, y arroje el mal sobre nosotros, y hiera la ciudad a filo de espada…”. Pero a pesar de todo esto, David nunca dejo de confiar en las promesas de Dios.

Seguramente que algunos ya deben estar haciéndose esa pregunta, ¿por qué tenemos que saber todo esto? Es importante que notemos estos pequeños detalles de la vida de este hombre, porque estos breves detalles nos revelan dos cosas muy importantes.

Número uno; nos revela que ninguno de nosotros somos exentos de tener que atravesar por momentos difíciles, y nos ilustra el peligro constante que tenemos que afrontar a diario.

Número dos; nos revelan la actitud que debemos tomar en esos momentos cuando todos en el mundo aparentan estar en contra de nosotros; en otras palabras, nos revelan en quien tenemos que depositar nuestra confianza y por qué. Continuemos ahora con nuestro estudio para determinar si lo que les digo tiene sentido.

Continuando con nuestro estudio leemos: “…En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. 2 Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme…”. Lo primero que vemos bien claro aquí es una declaración de la confianza absoluta que David tenía en Dios. Él dijo: “…En ti, oh Jehová, he confiado; no sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto…”. En realidad esto aquí es una oración, y lo que podemos ver bien reflejado en esta porción del Salmo, es que David invoca el nombre de Dios con una confianza absoluta. ¿Por qué podía David orar con tanta confianza?

La razón por la que él podía orar tan confiadamente la podemos encontrar bien reflejada en Salmos 89:18 cuando leemos: “…Porque Jehová es nuestro escudo, Y nuestro rey es el Santo de Israel…”.  Dile a la persona que tienes a tu lado: David conocía muy bien quien Dios es.

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Ahora debemos detenernos aquí por un breve momento y preguntarnos: ¿demostramos nosotros esta misma confianza en Dios? Cuando somos honestos con nosotros mismos, yo diría que la mayoría de nosotros contestaremos esta pregunta con un NO. Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué sucede esto? ¿Por qué es que la mayoría de las personas no pueden depositar toda su confianza en Dios?

Yo diría que la razón principal por la que la mayoría de las personas no pueden depositar toda su confianza en Dios, es porque desde muy temprana edad, todos aquí fuimos adoctrinados a confiar en nuestra propia fortaleza, en nuestra propia habilidad, en nuestro conocimiento y demás.

Pero aunque todos debemos confiar y reconocer nuestras habilidades e incapacidades, lo que nunca podemos dejar de hacer es confiar en Dios. Y es por eso que debemos reflexionar en nuestra vida y preguntarnos, ¿en quien confió? ¿Por qué tenemos que reflexionar en esto?

Tenemos que hacerlo porque la realidad de todo es que todo el que confíe en la fuerza humana estrictamente, tarde o temprano se tropezara con la duda y la confusión, y es por eso que aquí vemos que David oro diciendo: “…no sea yo confundido jamás…”. En otras palabras, con esto aquí él le estaba pidiendo a Dios que no permitiera que sus emociones y opiniones, produjeran duda o confusión en cuanto a la voluntad de Dios.

¿Por qué pedía David esto de Dios?

La razón principal por la que él pedía que Dios mantuviera sus pensamientos claros y enfocados en la voluntad de Dios es porque David reconoció, desde muy temprana edad, (batalla contra Goliat [2]), que la duda y confusión solo producen desilusión y cobardía. Y la desilusión y la cobardía son cosas que directamente afectan nuestra fe; la desilusión y cobardía causaran que nuestra fe comience a escasear o a secarse, y demás está decir que una vez que esto sucede, entonces nunca agradaremos a Dios.