Hace un tiempo atrás leí una reflexión que deseo compartir con ustedes.

Un anciano indio americano estaba enseñándole a su nieto acerca de la vida. Una pelea feroz esta siendo peleada dentro de mí, le dijo al niño.

Es una pelea muy feroz entre dos lobos. Uno es malo, él es ira, rencor, envidia, tristeza, remordimiento, avaricia, arrogancia, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, superioridad, y ego.

El otro es bueno, él es paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, compasión, generosidad, y fe. Esta batalla también está siendo peleada dentro de ti, y dentro de toda persona en el mundo, le dijo el anciano.

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El niño se quedó pensativo por un breve momento, y le preguntó a su abuelo: ¿quién ganará? A lo que el anciano contestó: el que tú escojas alimentar.

El autor de esta reflexión es desconocido, y definitivamente no es una reflexión cristiana. Sin embargo, después de leerla encontré que en esta reflexión podemos encontrar un poderoso mensaje acerca de todo ser humano. Y es por eso que en el día de hoy deseo que tomemos el tiempo para reflexionar, y descubrir la solución a la pelea interna que existe en nuestra vida. Pasemos ahora a los versículos que estaremos explorando en el día de hoy.

Romanos 12:17-21No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. 21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Cuando meditamos en los versículos que acabamos de leer, creo que sin duda alguna, todos llegaremos a la conclusión que en ellos, encontramos una alegoría acerca de la batalla interna que todos nosotros peleamos.

En otras palabras, en estos versículos encontramos que el apóstol Pablo nos habla de esa pelea interna, que son nuestros pensamientos entre el bien y el mal. Como he dicho en otras ocasiones, el campo principal de batalla es nuestra mente. Digo esto porque como todos sabemos, en nuestra mente nacen los sentimientos de ira, contienda, avaricia, venganza, envidia, y temor.

En nuestra mente nacen los sentimientos de culpabilidad, lastima propia, y duda. La batalla entre el bien y el mal es peleada en nuestra mente, y si nos descuidamos,  si no aprendemos a reconocer los ataques del enemigo, entonces se nos hará muy difícil conducir una vida victoriosa, y a consecuencia seremos derrotados fácilmente.

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Así que ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos vencer? La respuesta es fácil; podemos vencer cuando permitimos que nuestro espíritu sea alimentado por el Espíritu Santo. Podemos vencer, cuando nos alimentamos con la Palabra de Dios.

Para ser victoriosos en nuestro caminar, lo primero que tenemos que hacer es analizarnos a nosotros mismos, y determinar nuestros errores. Tenemos que determinar qué produce esos malos pensamientos, qué produce esos malos deseos, y más importante de todo, tenemos que combatir esos impulsos de la carne, que solo buscan alejarnos de Dios.

En otras palabras, tener siempre muy en mente el consejo del apóstol Pablo según encontramos en Romanos 8:6-8 que nos dice: “…Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios…”

El problema que existe es que muchos de nosotros no hemos llegado al convencimiento de que podemos ser victoriosos en toda situación; muchos de nosotros no hemos llegado al convencimiento de que poseemos el poder para derrotar todo ataque, y toda tentación.

La batalla puede ser difícil; en momentos determinados la batalla puede aparentar como algo imposible, pero nosotros que hemos hecho un compromiso genuino con Dios, nosotros que ahora le servimos de todo corazón, nosotros que hemos nacido nuevamente en el espíritu y verdad, podemos vencer. Es como nos dice la Palabra en 1 Juan 5:4 cuando leemos: “…Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe….” Dile a la persona que tienes a tu lado: nuestra fe vence todo.

Pero para poder lograr esta victoria, tenemos que alimentar nuestro espíritu con el bien, y esta acción causara que el mal sea completamente eliminado de nuestra vida. En los versículos que estamos explorando hoy encontramos que se nos dice: “…No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal…” Pero, ¿qué quiere decir esto?

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Lo que este pequeño versículo nos dice aquí es que tenemos que dejar de alimentar nuestros malos pensamientos. En otras palabras, no podemos alimentar ni entretener ningún pensamiento que nos aleje de la voluntad de Dios. ¿De qué pensamientos les hablo?

Analicemos algunos y veamos si estamos alimentando el mal en nuestra vida.  Veamos si le estamos permitiendo al enemigo que nos ataque y nos aleje de la voluntad de Dios.

La realidad es que todos aquí hemos tenido, o estamos teniendo que atravesar por situaciones que nos desaniman, deprimen, enojan y/o frustran, ¿verdad? Estas situaciones son numerosas; por ejemplo, pueden ser problemas de salud; pueden ser problemas económicos; pueden ser problemas con nuestra familia, o en el hogar con nuestra esposa/esposos, hijos/hijas.

Como les dije, las situaciones que buscan alejarnos de la presencia de Dios son numerosas. Pero cuando estas situaciones nos detienen o impiden servirle a Dios, cuando estas situaciones o dificultades nos detienen de alabarle y bendecidle, entonces tenemos que reconocer que no estamos alimentando lo bueno en nosotros, sino que estamos alimentando el mal.

En otras palabras, no estamos venciendo el mal con el bien, sino que estamos permitiendo que el mal derrote el bien en nosotros. Estamos permitiendo que el mal nos aleje de la voluntad de Dios, estamos permitiendo que el enemigo se robe las bendiciones de Dios para con nosotros.

Estamos permitiendo que nuestro corazón sea endurecido, estamos permitiendo que nuestro espíritu sea matado. Y una vez que esto sucede, entonces nuestros pensamientos y nuestro corazón, ya no estarán en el lugar debido.

Cuando permitimos que el enemigo tome potestad en nuestra vida, entonces de nuestro corazón ya no saldrá lo bueno sino saldrá lo malo. Esto es algo que queda bien reflejado en lo que nos dice el Señor en Mateo 12:35 cuando leemos: “…El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas…” Dile a la persona que tienes a tu lado: purifica tu corazón.

Si no buscamos purificar nuestro corazón, entonces de nosotros ya no saldrá el perdón, el amor, y la paciencia; sino que de nuestro corazón saldrá la ira, la contienda, el desánimo, la rebeldía y la envidia.