Una cosa que sucede con frecuencia dentro de la iglesia, que es encontrado dentro de toda denominación, es que es que existe un gran número de personas que no abren sus bocas para alabar y bendecir al único merecedor de toda alabanza.

Esto sucede porque muchos están convencidos de que para alabar a Dios hay que saber cantar, pero esta manera de pensar o sentir es el error más grande que podemos cometer. Digo esto porque como he dicho en numerosas ocasiones, lo único que nos hace falta para alabar a Dios es tener un corazón dispuesto y sincero.

La gran realidad es que la actitud o disposición que tomamos acerca de las cosas, directamente influyen el resultado final. En otras palabras, la actitud o disposición que tomamos pueden ser, y en la gran mayoría de los casos son, la diferencia entre algo bueno y algo malo. Por ejemplo; la actitud o disposición que tomamos acerca de nuestra vida cotidiana pueden ser la diferencia entre tener un buen matrimonio, o tener uno lleno de dolor.

La actitud o disposición que adoptemos durante ciertas ocasiones pueden ser la diferencia entre vivir felices y en armonía en nuestro hogar, o vivir deprimidos y sufriendo. ¿Qué les quiero decir con todo esto? Lo que les estoy diciendo es que una actitud negativa directamente influye lo que sucede en nuestra vida, y demás está decir que esto también incluye nuestra vida de alabanza.

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Desdichadamente muchos no le prestan atención a esta porción de nuestra vida cristiana, pero el que no le prestemos atención no hace que deje de ser sin importancia.

Es por eso que en el día de hoy deseo que examinemos nuestra vida de alabanza, y que descubramos cómo, y por qué, debemos alabar a Dios. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Salmos 95:1-8Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. 2Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos. 3Porque Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses. 4Porque en su mano están las profundidades de la tierra, Y las alturas de los montes son suyas. 5Suyo también el mar, pues él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca. 6Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. 7Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, 8No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto

Como todos sabemos, una vez que aceptamos a Jesús como nuestro Rey y Salvador personal, nosotros recibimos un llamado. Una vez que aceptamos a Jesús como nuestro Rey y Salvador personal, nosotros recibimos el llamado de anunciar el Reino de Dios a las naciones.

Esto es un conocimiento básico, y es fácilmente encontrado en Mateo 28:19 donde el Señor nos dice: “…Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo…” Pero ahora debemos preguntarnos, ¿qué otro llamado hemos recibido?

La realidad es que como el pueblo de Dios que somos, nosotros estamos llamados a muchas cosas. Por ejemplo, estamos llamados a dejar atrás el viejo hombre. Esto es algo que queda bien declarado en Efesios 4:22-23 cuando leemos: “…En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente…” Dios nos ha llamado a conducir una vida de santidad. Esto es algo que queda bien declarado en 1 Pedro 1:15-16 cuando leemos: “…sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo…”

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Estamos llamados a perseverar en nuestra fe a pesar de cualquier dificultad o circunstancia por la que podamos estar atravesando. Esto es algo que el Señor nos dice claramente en Mateo 10:22 cuando leemos: “…Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo…” Estamos llamados al amor.

Esto es algo que queda bien expresado en 1 Juan 4:20-21 cuando leemos: “…Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 21Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano…”

Nosotros estamos llamados al perdón. Esto es algo que queda bien declarado por el Señor en Mateo 6:14-15 cuando nos dice: “…Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas…”

Como les dije, estamos llamados a muchas cosas, y estos son solamente algunos de ellos. Pero, ¿qué otro llamado existe que es de suma importancia en nuestra vida?

El otro llamado que existe que es de suma importancia en nuestra vida, y que es la razón principal por la que hoy nos encontramos en este lugar, lo encontramos en Hebreos 10:24-25 cuando leemos: “…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca…” Dile a la persona que tienes a tu lado: estamos llamados a congregarnos.

Como podemos ver estamos llamados a congregarnos para estimularnos los unos a los otros a perseverar en la verdad de Dios; estamos llamados a estimularnos los unos a los otros a las buenas obras; pero existe una razón más por la que tenemos que congregarnos, y es aquí donde comienza nuestra lección de hoy.

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En los versículos que estamos explorando en el día de hoy vemos que se nos dice: “…Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. 2Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos…” Dile a la persona que tienes a tu lado: estamos llamados a alabar a Dios. ¿Dónde estamos llamados a hacer esto?

La respuesta a esta pregunta la encontramos bien reflejada en Salmos 22:22 cuando leemos: “….Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré…” ¿Cómo debemos alabar a Dios?

La respuesta a esta pregunta queda bien clara en Salmos 98:4-6 cuando leemos: “…Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. 5Cantad salmos a Jehová con arpa; Con arpa y voz de cántico. 6Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Jehová…”  Detengámonos aquí por un breve momento y reflexionemos.

Preguntémonos: ¿alabamos nosotros a Dios de esta manera? La triste respuesta a esta pregunta es que muchos no lo hacen. Como les dije al inicio, existe un gran grupo de personas que no abren sus bocas para alabar a Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: alaba a Dios. ¿Por qué debemos alabar a Dios?