Continuando con nuestro estudio leemos: “…Porque Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses. 4Porque en su mano están las profundidades de la tierra, Y las alturas de los montes son suyas. 5Suyo también el mar, pues él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca…” Tenemos que alabar a Dios porque Él es el creador del cielo y la tierra. Tenemos que alabar a Dios porque Él creo nuestra vida. Tenemos que alabar a Dios porque Él es nuestro redentor. Tenemos que alabar a Dios porque Él nos hizo Su pueblo.

Tenemos que alabar a Dios porque Él es por encima de todas las cosas. No existe situación o circunstancia que Dios no pueda vencer. No existe poderío o fortaleza que Dios no pueda conquistar. Dile a la persona que tienes a tu lado: “…Porque Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses…” Como les dije al inicio, nuestra actitud o disposición directamente influyen lo que sucede en nuestra vida. Es como nos dice el Señor en Lucas 6:45 cuando leemos: “…El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…de la abundancia del corazón habla la boca…” ¿Qué les quiero decir con todo esto?

Lo que les estoy diciendo es que cuando permitimos que lo negativo influencie nuestra relación con Dios, entonces de nuestra boca saldrán maldiciones, criticas, ofensas, y groserías. En otras palabras, no estamos permitiendo que Dios sea por encima de todas las cosas en nuestra vida; no estamos reconociendo que “…Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses…”

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¿Qué son los dioses que muchos tienen que abandonar? Para contestar esta pregunta debemos examinar más de cerca la palabra “dioses” usada aquí. La palabra “dioses” usada aquí hace referencia a una suprema deidad. En otras palabras, a un espíritu superior al nuestro que puede influenciar, o ser el factor determinante en lo que sucede en nuestra vida, o de la manera que actuamos y hablamos.

Ahora preguntémonos, ¿qué espíritu inmundo puede influenciar nuestra vida para conducirnos a actuar de manera desagradable a Dios?

En realidad existen muchos; por ejemplo: el espíritu de arrogancia; el espíritu de altivez; el espíritu de soberbia; el espíritu de vanagloria, para solo nombrar algunos. Todos estos son espíritus inmundos que tratan de influenciar de la manera que pensamos, hablamos y nos conducimos. Es por esta misma razón que en Gálatas 5:26 encontramos que se nos advierte: “…No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros….”

Y también en Efesios 4:29-30 encontramos que se nos dice: “…Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención…”  Dile a la persona que tienes a tu lado: cambia tu actitud. ¿Cómo podemos cambiar nuestra actitud?

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. 7Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, 8No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto…”

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La realidad es que solo existe una manera de derrotar los espíritus inmundos que tratan de influenciar nuestra vida. De la única manera que podemos cambiar nuestra actitud, es derrotando a los espíritus inmundo que tratan de apoderarse de nosotros, y que tratan de influenciar de la manera que nos comportamos. ¿Cómo podemos derrotarles?

La Palabra aquí nos dice: “…Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor…” De la única manera que podemos derrotarles es rindiéndonos completamente a Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado: ríndete a Dios.

La realidad es que por muy fuerte que nosotros pensamos que somos, por nuestra propia fortaleza o fuerza de voluntad, nosotros nunca lograremos derrotar los ataques del enemigo. Por muy fuerte que pensemos que somos, la naturaleza de la carne es débil. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del Señor según encontramos en Mateo 26:41que nos dice: “…Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil…” Dile a la persona que tienes a tu lado: la carne es débil. Y es por esta razón que muchos no logran cambiar.

La debilidad de la carne es la que le proporciona la entrada a los espíritus inmundos en nuestra vida.  Pero recordemos que “…él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano…” Recordemos que no existe nada que pueda derrotar a nuestro Dios; pero para que podamos obtener este resultado en nuestra vida, existe algo que tenemos que hacer.

¿Qué tenemos que hacer? Tenemos que postrarnos ante Su presencia en reverencia y alabanza, y rendirnos a Él completamente. Tenemos que glorificar Su nombre, y ponerle por encima de toda situación circunstancia o acontecimiento.

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Tenemos que rendirle el honor, y adoración que solo Él merece. Tenemos que clamar al Padre rogándole que nos fortalezca en todo momento para que podamos cambiar.  Tenemos que rendirnos ante Su presencia porque Él es nuestro hacedor, y nosotros somos el pueblo de Su prado. Dile a la persona que tienes a tu lado: ríndete a Dios.

Para concluir. Como les dije al inicio, existe un gran número de personas que no abren sus bocas para alabar y bendecir al único merecedor de toda alabanza. Existen muchos que están convencidos que no es necesario abrir su boca y bendecir a Dios, pero si piensas así te invito que pienses otra vez.

Digo esto porque en Romanos 10:10 encontramos que se nos dice: “…Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación…” En nuestro corazón creemos que hemos recibido la salvación, pero con nuestra boca tenemos que confesarlo. ¿Cómo lo podemos confesar? La manera más fácil y agradable de hacerlo es alabando y bendiciendo Su nombre.

Examina tu vida hoy y reflexiona. ¿Qué detiene tu alabanza? ¿Qué te detiene de alabar y bendecir el nombre de Dios? Como les dije, nuestra actitud o disposición pueden ser, y en numerosas ocasiones son, influenciadas por las circunstancias que nos rodean las cuales son influenciadas por espíritus inmundos.

Y cuando nos dejamos influenciar por estos espíritus inmundos, entonces seremos conducidos a desarrollar actitudes y disposiciones negativas. Demás esta decir que una vez que esto sucede, entonces no seremos capaces de agradar a Dios. Demás esta decir que una vez que adoptamos o tomamos una actitud negativa, entonces se nos hará imposible alabar y bendecir a Dios como Él merece. No permitas que esto suceda en tu vida.

Tú puedes hoy desarrollar una actitud vencedora; tú puedes hoy desarrollar una actitud que agrada a Dios; tú puedes fortalecerte hoy con el poder de Dios. ¿Cómo puedes lograr estas cosas? Las puedes lograr rindiéndote a Dios completamente y alabando y bendiciendo su Santo nombre. “Venid, aclamemos alegremente a Jehová; Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. 2Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos. 3Porque Jehová es Dios grande, Y Rey grande sobre todos los dioses…”

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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