La realidad acerca de nuestra creencia es que nosotros vivimos y servimos a Dios por fe; pero, esto es algo que muchos no pueden entender. Es algo que muchos no logran entender porque aceptar las cosas por fe no es común. La mayoría de las personas en el mundo han sido condicionadas a demandar prueba. En otras palabras, la mayoría de las personas exigen algo sólido o tangible en lo que puedan basar una decisión o determinación, y es por eso que en ocasiones a muchos se les puede dificultar evangelizar.

En ocasiones se nos puede dificultar evangelizar porque la realidad del caso es que nosotros, pensamos y hacemos las cosas muy diferentes al mundo. Esto es algo que sucede porque como fieles creyentes, nosotros hemos dejado de ver las cosas como la ve el mundo, y ahora las vemos a través de la Palabra de Dios. Esto es algo que el mundo no puede entender.

En realidad esto no es un problema nuevo que ha surgido en la iglesia. La duda y/o la exigencia de prueba es algo que ha existido desde el principio, y es algo que ha causado y causa gran división entre Dios y el hombre. ¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que esta división suceda en nuestra vida? Pasemos ahora a la Palabra de Dios para encontrar la respuesta a nuestra pregunta.

Juan 9:35-39Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.

Anuncios

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un pequeño repaso de este capitulo. Cuando repasamos el capitulo desde el inicio, encontramos que estos versículos aquí son parte de lo que sucedió cuando el Señor sano a un hombre que era ciego de nacimiento.

Esto es algo que queda bien resumido en Juan 9:6-10 cuando leemos: “…Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, 7y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo. 8Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? 9Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?..”  Pero como podemos apreciar, a pesar de que aquellos que conocían a este hombre de toda una vida, reconocían que solo por un milagro es que este hombre veía, no lo podían creer.

Como les dije previamente, la duda o no poder creer es un problema que no es difícil de encontrar a nuestro alrededor. Digo esto porque cuando testificamos de la gran diferencia que Dios ha sido en nuestra vida, la primera reacción que confrontamos es que NO se nos cree.

Y eso mismo fue lo que sucedió en este instante. Fíjense como esto es algo que queda bien ilustrado en Juan 9:18 cuando leemos: “…Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista…” La primera reacción de las personas es rechazar lo que estamos testificando, igual que sucedió en el caso de este hombre.

La segunda reacción que confrontamos con frecuencia es la acusación. Fíjense bien como sucedió en este instante para que entiendan bien; en Juan 9:24 leemos: “…Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador…” Como podemos ver, aquí encontramos que ellos acusaban a Jesús de ser pecador (porque le había sanado en el día de reposo [Juan 9:14]), y como vimos previamente al hombre de no ser ciego. En nuestro caso el mundo hace lo mismo.

En otras palabras, el mundo está muy atento a lo que hacemos y como actuamos para tratar de acusarnos y desacreditarnos; es por eso que en numerosas ocasiones les he dicho, y continuare diciendo, que como fieles creyentes tenemos que guardar nuestro testimonio. ¿Por qué es esto tan importante? Es tan importante porque nuestro testimonio habla más que nuestras palabras.  Dile a la persona que tienes a tu lado: lo que no dices habla más alto que tu voz.

Anuncios

Una gran realidad es que cuando perseveramos en nuestra fe, inevitablemente perdemos amistades, familiares, y compañeros de trabajo y demás. Y este mismo fue el caso en este instante. Digo esto porque a través de la interrogación, este hombre mantuvo su posición, y esto causo que él fuese expulsado de la sinagoga. Fíjense como esto es algo que queda bien documentado en Juan 9:33-34 cuando leemos: “…Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron…”

A primera vista ser expulsado de la sinagoga puede lucir como algo insignificante, pero recordemos que en ese entonces las cosas eran muy diferentes a hoy. Recordemos que en ese entonces no existían iglesias en todas las esquinas, como podemos encontrar hoy. Ser expulsado de la sinagoga tenía dos fuertes implicaciones. ¿Qué implicaciones?

Número uno; ser expulsado de la sinagoga significaba que la comunidad ahora tendría que evitarle.

Número dos; ser expulsado de la sinagoga significaba que la persona había perdido todos los privilegios a la adoración en la sinagoga, al igual que a todos los privilegios del sistema de sacrificios. En otras palabras, ser expulsado de la sinagoga significaba que la persona ya no tendría disponible ningún medio de expiar sus pecados. Como podemos ver, dos implicaciones fuertes. Manteniendo estos detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Como les dije al inicio, muchos exigen prueba antes de poder creer, pero la realidad es que primero tenemos que creer para poder ver. Fíjense bien en lo que sucedió aquí para que entiendan bien lo que les digo. A continuación leemos: “…Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?..”

La realidad de la vida es que no tenemos que mirar muy lejos, antes de encontrar a personas que están atravesando por momentos difíciles en su vida, y que han buscado o están buscando una solución pero no la pueden encontrar. Y la razón principal por la que no logran encontrar la solución es porque no pueden creer; no pueden creer que la solución sea una cosa tan simple como creer y aceptar al Hijo de Dios.

Anuncios

Aquí encontramos que Jesús le hizo una pregunta muy importante a este hombre, Él le pregunto “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” Esta es una pregunta que todos debemos hacernos; debemos hacernos esta pregunta porque esta pregunta es mucho más profunda de lo que aparenta. Esta pregunta nos fuerza a examinar nuestra posición espiritual; esta pregunta nos fuerza a examinar nuestra fe. ¿Por qué digo esto?

Digo esto porque toda persona que profesa ser cristiana conoce muy bien los principios básicos de nuestra fe. En otras palabras, conocemos que Jesús entrego Su vida en rescate por el mundo[1]; conocemos que Él intercede por el pecador ante el Padre[2]; conocemos que Él es el Hijo de Dios[3]; conocemos que en ningún otro hay salvación[4]; pero a pesar de tener estos conocimientos o convicciones, la pregunta que le hizo el Señor a este hombre persiste: “..¿crees tú en el Hijo de Dios?…”

¿Por qué digo esto? Lo digo porque cuando el Señor le hizo esta pregunta a este hombre, él seguramente ya había escuchado acerca de las enseñanzas de Jesús, y que habían muchos que le llamaban un profeta[5]. Así que podemos confiadamente asumir que este hombre seguramente tenía los conocimientos básicos acerca de Jesús, pero él no le conocía personalmente.