Con solo prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor, no es difícil discernir que el enemigo de las almas ha lanzado un fuerte ataque en contra de nuestra generación. ¿Cómo lo está haciendo? Con solo prestar atención a lo que vemos y escuchamos, no es difícil discernir que él lo está haciendo de manera muy sutil. Con solo prestar atención a lo que vemos y escuchamos nos damos cuenta que  le están lavando el cerebro a las personas.

Digo todo esto porque la gran realidad es que nosotros estamos viviendo en una sociedad saturada de sexo. El televisor, las películas, los videos, las novelas, las revistas, los carteles publicitarios y las pantallas de las computadoras, sirven cómo una puerta que le facilita la entrada a la inmoralidad a nuestro hogar, y lo hace aparentar como algo normal.

En otras palabras, las programaciones, anuncios, y películas promueven pensamientos impuros que solo sirven para envenenar la mente de las personas. Pensamientos que tratan de destruir los principios básicos de Dios.

Ahora las preguntas que debemos hacernos son: ¿cómo puede el pueblo de Dios permanecer puro? ¿Cómo podemos desarrollar una moral personal lo suficientemente fuerte como para resistir la seducción de la época actual?  Para encontrar las respuestas a nuestras preguntas pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Proverbios 7:1-5Hijo mío, guarda mis razones, Y atesora contigo mis mandamientos. 2Guarda mis mandamientos y vivirás, Y mi ley como las niñas de tus ojos. 3Lígalos a tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón. 4Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, Y a la inteligencia llama parienta; 5Para que te guarden de la mujer ajena, Y de la extraña que ablanda sus palabras.

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de este capítulo. Los versículos que estamos usando en el día de hoy, forman parte de de la historia de un joven que es atrapado y arruinado por una mujer adúltera. Consideremos ahora las dos descripciones encontradas en este capítulo. La primera descripción es la del joven, quien es descrito como un tonto. ¿Por qué se le describe de esta manera?

Se le describe de esta manera porque el joven se expuso deliberadamente a la tentación. Fíjense como esto es algo que queda bien claro en los versículos del 7:7-9 cuando leemos: “…Vi entre los simples, Consideré entre los jóvenes, A un joven falto de entendimiento, 8El cual pasaba por la calle, junto a la esquina, E iba camino a la casa de ella, 9A la tarde del día, cuando ya oscurecía, En la oscuridad y tinieblas de la noche…”

La segunda descripción es la de la mujer, quien es descrita como una mujer astuta. Esto es algo que podemos encontrar claramente declarado en el versículo diez cuando leemos: “… cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, Con atavío de ramera y astuta de corazón…”  Continuando leyendo el capitulo también encontramos que ella usa suaves palabras seductoras, que producen que el joven le siga a su casa; lugar donde el joven sufriría una grave consecuencia debido a su acción.

Fíjense bien como esto queda bien declarado en los versículos del 21-22 cuando leemos: “…Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, Le obligó con la zalamería (Demostración de cariño afectada y empalagosa[1])de sus labios. 22Al punto se marchó tras ella, Como va el buey al degolladero, Y como el necio a las prisiones para ser castigado…” ¿Por qué he tomado el tiempo de explicar estos dos detalles?

He tomado el tiempo de exponerles estos dos breves detalles porque la gran realidad es que una gran porción  de nosotros, al igual que el joven, en determinadas ocasiones actuamos sin pensar. En otras palabras, la historia narrada en este Proverbio puede ser usada para ilustrar todo tipo de tentación. ¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les estoy diciendo con esto es que cuando deliberadamente nos exponemos a las tentaciones, entonces estamos siendo tontos.

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La realidad es que la vida de muchas personas ha sido arruinada, y continúan siendo arruinadas debido a ceder a las tentaciones. Y esto no es algo que solo se limita al pueblo, sino que también ha sucedido en el otro lado del púlpito. Con solo hacer un poco de memoria, estoy seguro que todos aquí nos recordaremos de por lo menos el nombre de un predicador que ha caído en desgracia porque cedió a la tentación.

Claro está en que no siempre nos exponemos a la tentación deliberadamente; en ocasiones nosotros peleamos y peleamos en contra de la tentación, y hacemos todo lo humanamente posible para esquivar el ataque del enemigo, pero no obstante nuestro esfuerzo humano, la tentación trata de apoderarse de nosotros para que le faltemos a Dios.

Esto es algo que queda bien ilustrado en lo que le paso a José con la esposa de Potifar como encontramos en Génesis 39:10-12 cuando leemos: “…Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, 11aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. 12Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió…”  Como podemos apreciar, José rechazo todo avance que ella hizo, pero no obstante esto, la tentación llego a él y trato de apoderarse de él. ¿Qué les quiero decir con todo esto?

Lo que les quiero decir, es que nosotros no podemos detener que la tentación llegue a nosotros. Todos seremos tentados, fíjense bien lo que encontramos en Santiago 1:14 cuando leemos: “…sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido…” Pero cuando nos encontremos cerca del lugar de tentación, lo que tenemos que hacer es seguir el ejemplo de José y huir.

Como he dicho en otras ocasiones, la tentación es algo muy personal. Lo que le puede servir de tentación a uno de ustedes quizás no funcione conmigo y viceversa. Dile a la persona que tienes a tu lado: huye de la tentación. Manteniendo estas cosas en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

La primera pregunta de hoy: ¿cómo puede el pueblo de Dios permanecer puro? Existen dos cosas que tenemos que hacer para permanecer puros.

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Lo primero que tenemos que hacer cuando verdaderamente buscamos permanecer puros lo encontramos aquí cuando leemos: “…Hijo mío, guarda mis razones, Y atesora contigo mis mandamientos. 2Guarda mis mandamientos y vivirás, Y mi ley como las niñas de tus ojos…” Las palabras claves aquí son: “…guarda mis razones, Y atesora contigo mis mandamientos…;” digo esto porque nosotros somos los que escogemos guardar o romper los mandamientos de Dios. Es por eso que digo que el primer paso a seguir cuando genuinamente buscamos permanecer puros ante Dios es guardar Su Palabra. ¿Cómo podemos guardar Su Palabra?

Podemos guardar Su Palabra cuando permitimos que el Espíritu Santo nos guie en todo momento. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque el Espíritu Santo nunca nos alejara de la presencia de Dios, sino que nos revelara donde existe el peligro, y nos enseñara la salida. Esto es algo que queda bien reflejado en 1 Corintios 10:13 cuando leemos: “…No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar…”

Una gran realidad es que en ésta vida se presentarán tentaciones que aparentan insuperables, pero si nos dejamos guiar, cuando escuchamos atentamente la voz de Dios, entonces no existe tentación que no podamos superar. Dile a la persona que tienes a tu lado, atesora los mandamientos de Dios.