Una gran realidad acerca de la vida es que en ocasiones las cosas se nos pueden dificultar. En otras palabras, en ocasiones experimentamos situaciones, o nos toca atravesar por circunstancias que nos debilitan y/o desaniman. En ocasiones nos toca atravesar por situaciones que nos roban la paz, y que intentan que perdamos de vista la solución.

En otras palabras, circunstancias o situaciones que nos hacen cuestionar el propósito de Dios. Yo diría que la razón principal por la que esto nos sucede es porque la gran mayoría de nosotros no hemos completamente experimentado la presencia de Dios en nuestra vida. ¿Por qué no hemos completamente experimentado la presencia de Dios en nuestra vida?

No hemos completamente experimentado la presencia de Dios en nuestra vida porque en realidad no la estamos buscando activamente. En otras palabras, solo buscamos de la presencia de Dios en nuestra vida cuando nos vemos apretados, o cuando queremos o deseamos algo. ¿Por qué actuamos de esta manera?

Actuamos de esta manera porque no hemos llegado al convencimiento de que la presencia de Dios, es lo único que nos puede fortalecer y ayudar a vencer los obstáculos que se presentan. Ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo debemos buscar la presencia de Dios en nuestra vida? Pasemos ahora a la Palabra de Dios para explorar este tema.

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Éxodo 33:13-15Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo. 14Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso. 15Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Los versículos que estamos explorando en el día de hoy, forman parte de cuando Jehová promete estar con Israel, y echar fuera los pueblos que ocupaban la Tierra Prometida.

Pero en los versículos anteriores a estos encontramos que el Señor les dice que Él no estaría con ellos debido a la dureza de su corazón. Esto es algo que queda bien claro en Éxodo 33:1-3 cuando leemos: “…Jehová dijo a Moisés: Anda, sube de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré; 2y yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo y al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo 3(a la tierra que fluye leche y miel); pero yo no subiré en medio de ti, porque eres pueblo de dura cerviz (dura cerviz: de la palabra Hebrea “qasheh” [pronunciada: cache] que significa: “duro, cruel y severo, terco)[1],no sea que te consuma en el camino…” Demás esta decir que al escuchar esto el pueblo se afligió. Esto es algo que queda evidente en Éxodo 33:4 cuando leemos: “…Y oyendo el pueblo esta mala noticia, vistieron luto, y ninguno se puso sus atavíos…”

Algo que también sucedió fue que la dureza de corazón de este pueblo condujo a que Moisés de cierta forma se apartara de ellos. Esto es algo que queda bien reflejado en Éxodo 33:7 cuando leemos: “…Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión. Y cualquiera que buscaba a Jehová, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento…” ¿Por qué es necesario saber estos detalles?

 Es necesario conocer estos detalles porque en ellos encontramos  reflejado lo que detiene que podamos experimentar la presencia de Dios en nuestra vida, y el resultado que esto producirá. ¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les estoy diciendo es que la dureza de cerviz; en otras palabras no ser humildes, y no estar dispuestos a abandonar el orgullo y altivez, producirá que la presencia de Dios se aleje de nosotros. Y una vez que esto suceda entonces al igual que este pueblo, nos sentiremos mal y alejados de lo que es la iglesia, es decir, el Cuerpo de Cristo. Así que manteniendo estas cosas en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

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Lo primero que vemos aquí es que Moisés le dice a Dios: “…Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo…”   Lo que estamos viendo aquí es parte de la conversación que Moisés tuvo con Dios, es decir, la oración de Moisés; y las palabras claves aquí son: “te ruego que me muestres ahora tu camino.” ¿Por qué digo que estas son las palabras claves?

Digo que estas son las palabras claves aquí porque como les dije al inicio, la gran mayoría de nosotros solo buscamos de Dios cuando nos vemos apretados, o cuando queremos o deseamos algo (tratamos a Dios como si fuera el genio de la lámpara de Aladino). ¿Qué hacemos?

Lo que hacemos es que inmediatamente buscamos que Dios solucione nuestra dificultad, o que nos envíe lo que le pedimos. En otras palabras nos encontramos constantemente llegando a la presencia de Dios pidiéndole que intervenga en lo que nos está sucediendo, cuando en realidad esto no es lo que deberíamos estar haciendo. Ahora me detengo aquí por un breve momento para hacer una aclaración.

Con lo que les acabo de decir no estoy diciendo, ni implicando, que no debemos suplicarle a Dios que nos ayude en determinados momentos; como todos sabemos Dios está atento a nuestras oraciones y desea ayudarnos. Esto es algo que queda extremadamente claro en la palabras del Señor según encontramos en Mateo 7:7-8 cuando leemos: “…Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá…”

Pero lo que si les estoy diciendo es que no debemos formar el hábito de solo buscar de Dios durante momentos de dificultad, o cuando deseamos o queremos que nos conceda algo; nuestras oraciones deben buscar algo más que una simple solución o lo material. ¿Qué es lo que constantemente deberíamos estar buscando? Lo que deberíamos estar buscando constantemente es la presencia de Dios en nuestra vida.

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¿Por qué es tan importante constantemente buscar la presencia de Dios en nuestra vida? Tenemos que buscar la presencia de Dios constantemente en nuestra vida porque la presencia de Dios es lo que nos cambiara de ser un creyente mediocre, a ser un creyente con propósito. La presencia de Dios en nuestra vida es lo que cambiara de la manera que vemos la iglesia.

La presencia de Dios en nuestra vida es lo que nos fortalecerá para poder cambiar, y ser de la manera que Dios desea que seamos. La presencia de Dios en nuestra vida es lo que nos ayudara en nuestro caminar, y lo que producirá un cambio dramático en nuestro testimonio. En otras palabras, la presencia de Dios en nuestra vida es lo único que producirá un cambio total en nosotros que el mundo no podrá ignorar. ¿Por qué no podrá el mundo ignorar este cambio?

El mundo no podrá ignorar el cambio que la presencia de Dios produce en nuestra vida porque la presencia de Dios provee descanso y nos fortalece para vencer. Es como nos dice el Señor en Juan 16:33 cuando leemos: “…Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo…” Y también en las palabras del apóstol según encontramos en Filipenses 4:6-7 cuando leemos: “…Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús…”  Tenemos que llegar más allá de una experiencia casual en nuestra relación con Dios. Tenemos que llegar a la verdadera presencia de Dios. ¿Qué sucede cuando logramos esto?

La respuesta a nuestra pregunta queda bien resumida en lo que aconteció con el hombre Gadareno endemoniado según encontramos en Marcos 5:6-8 cuando leemos: “… cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él. 7Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. 8Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo…” Hermanos, cuando verdaderamente tenemos la presencia de Dios en nuestra vida, los demonios tienen que doblar rodilla y huir. Cuando verdaderamente tenemos la presencia de Dios en nuestra vida el enemigo grita en pánico. ¿Por qué?

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