Viendo lo que está aconteciendo a nuestro alrededor, en otras palabras, los conflictos y las guerras en el medio oriente; los problemas financieros en Europa; y los problemas financieros aquí en los Estados Unidos, donde el gobierno está a punto de cerrar, el desempleo continúa creciendo, y los juicios hipotecarios aumentan a diario, yo diría que para muchas personas se les hace muy difícil ser optimistas. La realidad es que todas estas cosas causan que la mayoría de las personas desarrollen una actitud pesimista.

En otras palabras, una actitud de derrota. Y desarrollar y alimentar actitud de derrota es algo que nosotros no podemos permitirnos. No podemos desarrollar y alimentar una mente derrotada porque de hacerlo, entonces dejaremos de ver y apreciar las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo. Y yo no sé ustedes, pero les puedo decir que yo no deseo perderme ni una bendición.

Pero ahora la pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo podemos nosotros evitar caer en un estado de derrota? Este será nuestro tema en el día de hoy, pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Salmos 1:1-6Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; 2sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. 3Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. 4No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento. 5Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, Ni los pecadores en la congregación de los justos. 6Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.

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Algo que todo ser humano tiene en común es que todos deseamos ser feliz. A todos nos gustaría estar contentos y sin ningún problema, ¿verdad? Pero lo que sucede es que la gran mayoría de las personas piensan que para ser feliz necesitan tener más dinero, más posesiones, carros, joyas, ropa lujosa, etc. Si hiciéramos una encuesta y le preguntáramos a diferentes personas qué es lo que les hace feliz, o deleita, estoy seguro que recibiríamos una gran variedad de respuestas. Recibiremos diferentes respuestas porque una gran porción del mundo ha escuchado hablar acerca de la palabra “delicia o felicidad” pero no saben lo que es.

En otras palabras nunca han experimentado el significado de estas palabras en su vida. Como les dije al inicio, existe un buen número de personas que viven derrotadas; existe un buen número de personas que aunque ricos materialmente, son débiles mendigos; ¿cómo podemos evitar que esto nos suceda a nosotros? Comencemos a responder nuestra pregunta analizando el significado de la palabra “deleite.” La palabra deleite es definida como: placer del ánimo[1]. Y es una palabra sinónima con la felicidad y gozo.

En los versículos que estamos explorando hoy encontramos que se nos dice: “…Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores (escarnecer: burlarse de otro[1])se ha sentado; 2sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche…” Como podemos apreciar, en esta pequeña porción de las escrituras encontramos dos cosas de suma importancia. En esta pequeña porción de las escrituras encontramos que existe una bienaventuranza, en otras palabras, existe una bendición especial cuando nos mantenemos fieles a Dios.

Esto es algo que el Señor nos afirma en Lucas 11:28 cuando leemos: “…Pero aún más bendito es todo el que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica…” (Nueva Traducción Viviente). Así que aquí encontramos la bendición de Dios, pero también encontramos lo que debemos hacer para evitar que desarrollemos una actitud negativa o pesimista. ¿Qué tenemos que hacer?

Lo primero que tenemos que hacer es darnos cuenta que nosotros no somos de este mundo. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del Señor según encontramos en Juan 15:19 cuando leemos: “…Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece…”  Una vez que aceptamos a Cristo como nuestro Rey y Salvador nuestra ciudadanía cambia. Nosotros ahora somos ciudadanos del Reino de Dios. Yo no sé ustedes, pero yo vivo muy, pero muy feliz de haber cambiado mi ciudadanía. Yo estoy muy, pero muy feliz de haber recibido la salvación y de ahora formar parte de Su reino. Dile a la persona que tienes a tu lado, deléitate en el Reino de Dios.

¿Cómo podemos experimentar la felicidad de vivir en el Reino de Dios?  La Palabra aquí nos dice: “…sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche…” Antes de proceder, deseo detenerme aquí un momento para clarificar algo. Cuando David escribió este salmo, el pueblo vivía bajo el pacto de la ley, y es por eso que vemos como aquí el dice “…que en la ley de Jehová esta su delicia…” Nosotros no vivimos bajo el pacto de la ley, nosotros vivimos bajo el nuevo pacto, el pacto de la gracia.

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Esto es algo que queda bien declarado por el Señor en Lucas 22:19-20 cuando leemos: “…Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama…”

Pero porque vivimos bajo el pacto de la gracia, esto no quiere decir que no tenemos que seguir las leyes de Dios, ya que a través de las leyes es que podemos reconocer lo que Dios aborrece. Esto es algo que queda mejor declarado por el apóstol según encontramos en Romanos 7:6-7 cuando leemos: “…Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. 7¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás…” Así que en nuestro caso no es el deleitarnos en la ley, sino deleitarnos en Su presencia. Dile a la persona que tienes a tu lado: gózate en la presencia de Jehová.

Antes del pacto de la gracia el pueblo no podía llegar ante la presencia de Dios, pero ahora nosotros sí. El velo que separaba al hombre de la presencia de Dios fue rasgado y quitado por el sacrificio perfecto de nuestro Señor. Ahora por obra y gracia de Dios, el Espíritu Santo mora en nosotros. ¿Qué les quiero decir con todo esto? Hermanos, lo que les estoy diciendo es que cuando nos mantenemos dentro de la voluntad del Señor, entonces estamos viviendo gobernados por el Rey de Reyes y Señor de Señores. Y esto es algo que nos debe deleitar, y traer gran felicidad.

Debemos estar deleitados al saber que servimos al Rey supremo, al Rey justo, al Rey bondadoso. Estamos viviendo en el Reino de Dios, pero desdichadamente muchos no se han dado cuenta de ello.  ¿Por qué muchos no se han dado cuenta de ello?

La razón es porque existen muchos que piensan que para vivir en el Reino de Dios hay que morir. Y si piensas de esa forma, tienes toda la razón, pero solo hasta cierto punto. Digo esto porque para vivir en el reino de Dios hay que morir pero no físicamente; para vivir en el Reino de Dios solo hay que morir al pecado. Esto es algo que queda bien reflejado en Colosenses 3:5 cuando leemos: “…Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría…” Y una vez que morimos al pecado, entonces comenzamos a vivir dentro del Reino de Dios. ¿Qué recompensa existe para el que vive dentro del Reino de Dios?

Continuando con nuestro estudio leemos: “…Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará. 4No así los malos, Que son como el tamo que arrebata el viento…” Meditemos en lo que acabamos de leer por un breve momento. ¿Qué significa “…un árbol plantado junto a corrientes de aguas..?

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Un árbol plantado junto a las aguas es un árbol que recibe su alimento constantemente. Es un árbol que echara raíces fuertes y profundas; es un árbol que tiene a su disposición el recurso para mantenerse vivo y saludable. Independientemente de lo que pueda estar aconteciendo a nuestro alrededor, toda persona que deposita su fe en Dios y se deleita en Su presencia siempre encontrara la felicidad y paz que solo Dios puede dar.

En otras palabras, tal como el árbol plantado junto a corrientes de agua, siempre recibiremos el alimento que nuestra fe necesita. Es como nos dice el Señor en Juan 4:13-14 cuando leemos: “…Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna…”