En éste país hoy celebramos una tradición muy bonita y especial; hoy celebramos el Día de las Madres. El 9 de mayo de 1914, el Presidente Woodrow Wilson proclamó el segundo domingo en mayo el Día de las Madres como: “una expresión pública de amor y reverencia por las madres de nuestro país.[1]” Como ustedes bien saben, yo no soy muy partidario de seguir tradiciones establecidas por el hombre, pero si estoy muy de acuerdo en seguir esta en particular.

Estoy muy de acuerdo con la celebración de éste día, porque una gran realidad es que el papel que juegan las madres, con frecuencia es menospreciado. Pero a pesar de esto, el papel que juegan las madres en el hogar es crítico. Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento y dejar algo bien claro. Con lo que les he dicho, y con lo que les voy a decir, no quiero decir, ni implicar, que el padre es menos importante, o que no desempeña un papel crucial en la vida de una persona.

Pero lo que si estoy diciendo es que la madre, en la mayoría de los casos, es quien nos protege, apoya, instruye, y nos anima a perseverar, aun cuando las situaciones o circunstancias no están a nuestro favor. Y es por eso que hoy deseo hacer un reconocimiento especial a toda madre en ésta congregación, y a toda madre que reciba ésta predica. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Éxodo 20:12- Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

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Este pequeño versículo forma parte de los diez mandamientos (es el quinto), y como podemos apreciar, aquí Dios nos da una instrucción muy específica acerca de lo que tenemos que hacer referente a nuestros padres. La Palabra nos dice: “…Honra a tu padre y a tu madre…” Ahora bien, ¿cómo debemos honrar a nuestra madre? Para contestar esta pregunta busquemos primeramente el significado de la palabra “honra”. La palabra honrar es definida como: “respetar, enaltecer o premiar su mérito, dar honor o celebridad.[2]

Manteniendo esta definición en mente, detengámonos aquí por un breve momento y hagamos memoria de algunas de las virtudes, o méritos, que nuestra madre ha demostrado a través de nuestra vida.

El amor y el calor; el amor de una madre es incondicional, y eterno. Es por eso que no es fuera de lo común ver como una madre continúa amando a sus hijos, a pesar de maltratos que hayan podido recibir. El amor que nuestra madre nos ha demostrado es lo que nos fortalece, y conforta en momentos de dificultad. El amor y calor de nuestra madre es lo que convierte la oscuridad en luz, y el llanto en sonrisa. Siempre podemos llegar a mamá, y siempre recibiremos el amor y calor que solo ella puede darnos.

Paciencia y comprensión; la paciencia y comprensión de una madre es algo casi incomprensible; les puedo decir con toda franqueza que si no hubiese sido por la paciencia de mi madre, yo no hubiera llegado a los diez años. ¡Yo era tremendito!  Pero a pesar de esto, siempre encontré, y encuentro refugio en los brazos de mi madre; siempre encontré y encuentro paciencia y comprensión, y más que todo, consejos que nunca olvidare.

Vigilante y protectora; una madre nunca desea el mal para su hijo/hija. Una madre desea lo mejor, y siempre está alerta, vigilante, y protegiendo. Es por eso que no es fuera de lo común ver como una madre puede diferenciar el llorar, o la voz de su hijo de entre multitudes de voces y ruidos.

Ahora bien, yo sé que no todos han tenido la bendición que tenemos mi hermano y yo de tener una madre perfecta. Sé que existen muchas personas que quizás tengan memorias de momentos difíciles, o desagradables de su niñez; pero si ese es el caso, quiero que en el día de hoy entregues esas raíces de amargura, y esas malas memorias a nuestro Señor Jesucristo. Entrégale a Él esa carga, y olvida esos malos momentos que quizás has tenido que atravesar. Esto es algo que tenemos que hacer porque la realidad es que las malas memorias y/o raíces de amargura tienen la tendencia de ahogar todo lo demás.

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Las malas memorias y/o raíces de amargura tienen la tendencia de ahogar todo lo bueno que una madre hace por sus hijos/hijas. ¿Por qué? Porque los pensamientos negativos son los enemigos de una vida feliz. Recordemos lo que siempre les he dicho, el campo principal de batalla es nuestra mente. Esto quiere decir que nuestra vida es en gran medida determinada por nuestros pensamientos. Nuestros pensamientos pueden hacer o deshacer nuestra vida. En otras palabras, los pensamientos negativos distraen nuestra atención del bien. Así que escucha hoy que el Señor te dice: “…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” (Mateo 11:28). Deja de sufrir debido a esa memoria amarga y/o dolorosa, entrégasela al Señor y Él te dará la paz que tanto anhelas.

Una gran realidad es que todos nosotros somos muy diferentes; a algunos les ha tocado pasar por momentos desagradables y difíciles, mientras que a otros no. Algunos quizás tengan memorias desagradables o amargas de su niñez, que les conduce a menospreciar o subestimar el papel que la madre jugo en su vida; pero todos los momentos amargos o difíciles no pueden borrar el hecho de que toda persona fue protegida y amada por su madre.