Una gran realidad de la vida es que todos nosotros, tendremos que enfrentar y pasar por situaciones difíciles; en otras palabras, períodos de tribulación. Y lo que sucede es que al encontrarnos en medio de estas tribulaciones, tendemos a pensar que la razón por la que tenemos que atravesar por ellas, es porque Dios se ha olvidado de nosotros, o que es indiferente a lo que sucede en nuestra vida. Sin embargo, la verdad acerca de todo esto es que Dios no se olvida de nosotros, y Él está muy consciente de todo lo que pasamos.

Contrariamente a lo que los demonios quieren hacernos creer, nosotros no somos huérfanos abandonados. Nosotros somos hijos de Dios, y al igual que cualquier padre amoroso Él nos ama y cuida. El problema que existe es que en ocasiones nosotros no logramos encontrar consuelo en este conocimiento. No somos capaces de encontrar consuelo o aliento en simplemente saber que Dios es un padre cariñoso y atento, y esto es algo que empieza a ocurrir cuando comenzamos a dudar. Y la duda nos hace flaquear en nuestra fe al encontrarnos en situaciones difíciles, y/o en situaciones donde no somos capaces de encontrar una solución humana.

Es por eso que hoy quiero que exploremos algunos versículos que tratan directamente con este tema. Pasemos ahora a la palabra de Dios.

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Isaías 40:27-31¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? 28¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 30Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; 31pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Cuando leemos este capítulo desde el principio, encontramos que este capítulo está lleno de palabras de consuelo y promesas de Dios.  Esto es algo que está claramente resumido en Isaías 40:1-2 cuando leemos: “…Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. 2Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados…”

En otras palabras, aquí encontramos las palabras que alentó al pueblo de ese entonces, el cual estaba pasando por momentos muy difíciles. Digo esto porque cuando tomamos el tiempo de investigar, pronto encontramos que la vida que el pueblo de ese entonces pensaba que merecía, era muy diferente a la vida que ellos conducían en actualidad.

El pueblo de ese entonces pensaba que su vida tenía que ser mucho mejor de lo que era, simplemente porque eran el pueblo de Dios, y que podían hacer lo que quisieran. Ellos esperaban tener éxito en todo; ellos esperaban siempre prevalecer sobre todos sus enemigos. Sin embargo, este no siempre fue el caso.

cuando examinamos la historia, rápidamente descubrimos que el pueblo de ese entonces no tuvo el éxito que deberían tener. La historia revela que las naciones alrededor de ellos crecieron en poder, al mismo tiempo que ellos parecían ir hacia atrás. Escuchen cuidadosamente por lo que el pueblo de ese entonces estaba pasando para que entiendan bien la gravedad de sus problemas.

Las diez tribus del norte habían sido capturadas por los asirios, y el resto de Israel (las tribus del sur: Judá) estaba destinado a ser derrotado por Babilonia[1]. El futuro de este pueblo se veía muy triste, y ellos estaban completamente angustiados, después de todo, esto era algo que no debía estarle sucediendo al pueblo escogido de Dios.

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Hermanos, hay muchas personas en este mundo que piensan de la misma manera que ellos pensaban en ese entonces. Hay muchos creyentes que piensan que sólo porque creen en Dios van a tener éxito en todo, y prevalecerán en todo momento. Sin embargo, esto no es más que un gran engaño orquestado por el diablo. El simple hecho de decir que creemos en Dios y en Jesucristo no es suficiente; se necesita mucho más que eso.

Esto es algo que está claramente establecido en Santiago 2:19 cuando leemos: “…Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan…” El pueblo de ese entonces, al igual que muchos hoy en día, reconocía y profesaba que Dios existía; pero a pesar de esto, se habían convertido en personas malvadas y rebeldes[2].

El pueblo de ese entonces, al igual que un gran número de personas hoy, no actuaba y se comportaba de la manera en que Dios espera y exige. Prueba de su maldad y rebelión es fácilmente encontrada en las palabras del Señor en Isaías 1:16 cuando leemos: “…Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo…” Y este mal comportamiento fue exactamente lo que les condujo, y hoy en día conduce a muchos, a no escuchar las advertencias de Dios, y a dudar de sus promesas. Como he dicho en otras ocasiones, la duda es algo que interrumpe el crecimiento espiritual, y destruye nuestra fe.

Si yo le preguntara a alguien aquí si dudan de Dios, estoy seguro que la respuesta siempre sería un NO.  Sin embargo, la realidad es que nuestra respuesta audible puede ser muy diferente de lo que realmente sentimos. ¡Qué cosa tan terrible pastor! ¿Cómo puede decir eso? Pero la única razón por la que puedo decir esto es porque es verdad. Hagamos una breve pausa para examinar nuestro corazón; ¿podemos encontrar la duda morando en él?

La realidad de todo es que todos nosotros somos capaces de articular verbalmente un sin número de cosas; sin embargo, la verdadera respuesta sólo puede encontrarse en nuestro corazón.  Fíjense bien en lo que pasó con este pueblo y verán que lo que estoy diciendo es verdad. Aquí leemos: “…¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio?..”

Estoy seguro de que todos estarán de acuerdo cuando digo que la pregunta que Dios hizo en este instante refleja la duda que existía en el corazón de este pueblo. Puede muy bien ser que sus dudas nunca hayan sido expresadas y mucho menos audiblemente; pero la realidad de todo es que Dios ve más allá de lo audible.

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Dios busca y ve dentro de nuestra mente y corazón; él sabe muy bien cuando existe la duda. Esto es algo que queda bien ilustrado en Romanos 8:27 cuando leemos: “…Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos…” Es triste decir, pero queramos admitirlo o no, la mayoría de nosotros dudamos de Dios. Puede ser que no lo hagamos en voz alta, pero cuando examinamos nuestro corazón, y cuando somos honestos con nosotros mismos, todos encontraremos que en ocasiones dudamos de Dios.

Ahora pregúntate a ti mismo y se honesto, ¿has sentido alguna vez que Dios se ha olvidado de ti? ¿Has sentido alguna vez que a Dios no le importan tus problemas? Quizás llevamos un gran tiempo orando por una situación, pero que no hemos recibido una respuesta. Tal vez hemos estado orando por nuestros hijos, pero parece que mientras más oramos, más rebelde aparentan ser.