Una de las cosas que más afecta la vida de las personas es la ansiedad o estrés. La ansiedad o el estrés  es una condición real que nos hace sentir mal, nos deprime, y en ocasiones nos afecta físicamente. Según algunos estudios médicos, el estrés o ansiedad es la mayor causa de apoplejías o síncopes cardíacos. La razón por esto es porque la ansiedad causa que nuestro cuerpo comience a funcionar de manera errática; el corazón bombea mas rápido, las arterias se comprimen, y la sangre deja de correr por las venas sin restricción. Como les dije, es algo que puede afectarnos físicamente dependiendo del nivel, pero lo más común es que nos afecte psicológicamente.

La ansiedad o estrés causa que caigamos en un estado de depresión, causa que lleguemos a pensar que no servimos, que no podemos hacer nada, y que nadie nos puede ayudar. Según algunos estudios médicos, y basado en mi propia experiencia como policía por más de 27 años, no existe nada más peligroso que una persona que ha caído en un estado de depresión. ¿Por qué?

Porque una persona que ha caído en un estado de depresión no piensa o razona correctamente. Una persona que ha caído en un estado de depresión no alcanza ver la salida a los problemas, y más importante aún, no puede ver las bendiciones de Dios a su alrededor.

Es por eso que en el día de hoy deseo enfocar el tema de la depresión y/o ansiedad; quiero enfocar este tema porque existen muchos creyentes que se encuentran en esta situación hoy en día. Hoy quiero que aprendamos como podemos vencer la ansiedad en nuestra vida, y evitar la depresión. Leamos ahora unos versículos claves que nos demostraran tres pasos a seguir para que podamos vencer la ansiedad y evitar la depresión. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

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Mateo 6:25-34Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. 30Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? 31No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Una pregunta que nos debemos hacer es: ¿por qué le dijo Jesús estas cosas a los discípulos? La razón por la que el Señor les dijo estas cosas fue porque Él pronto les estaría enviando a predicar el evangelio al pueblo judío, y Él quería establecer la base de lo que realmente importaba. ¿Y qué es lo que realmente importa en nuestra fe?

Lo que realmente importa en nuestra fe es nuestra confianza absoluta en Dios. Y es por esa razón que antes de enviar a los doce discípulos en la misión Él les repite más o menos esto mismo como encontramos en Mateo 10:7-10 cuando les dijo: “…Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento…”

Ahora bien, quiero que nos fijemos bien en un detalle en esta parte de las escrituras que acabamos de leer. Quiero que notemos que con esto aquí, Jesus no les estaba diciendo que salieran desnudos, sino que les dijo que no llevaran otro par de zapatos, ni otra muda de ropa. En otras palabras, les dijo que no se afanaran por las posesiones, y las necesidades materiales que quizás pudiesen tener, sino que se concentraran en la misión que Él les encomendaba. Manteniendo esto en mente, ahora preguntémonos, ¿cómo se aplica esto a nuestra vida?

Aquí vemos que el Señor nos dice: “…Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir…” Dile a la persona que tienes a tu lado: “…No os afanéis…”  Este es el primer paso a seguir. Sé que muchos deben estar pensando que esto es imposible hacer, pero la realidad es que no lo es.

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Digo esto porque si verdaderamente confiamos en Dios, si verdaderamente hemos hecho un compromiso con Cristo, entonces sabemos que lo más bello acerca de nuestra fe, es que nosotros tenemos la seguridad de que Dios se ocupa de nuestras necesidades, y que tiene un plan para cada uno de nosotros.

Esto es algo que queda bien reflejado en Mateo 6:8, donde el Señor le estaba instruyendo a los discípulos acerca de cómo orar cuando leemos: “…No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis…” Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios sabe lo que necesitas. Pero, para poder eliminar el afán de nuestra vida, y la ansiedad que este produce, existe algo que tenemos que hacer. ¿Qué tenemos que hacer? Tenemos que rendirnos a Cristo. En otras palabras, tenemos que confiar en Dios.

Existe un grupo de personas en el mundo que piensan que una vez que se acepta a Cristo todo problema tiene que desaparecer, y que si no desaparece es porque nos falta fe, pero como todos nosotros sabemos esto no es verdad. Digo esto porque a pesar de que nuestra fe pueda ser firme, los problemas y dificultades no desaparecen de nuestra vida por el simple hecho de aceptar a Cristo.

La ansiedad no desaparece de nuestra vida por el simple hecho de aceptar a Cristo, pero aunque no desaparece, si puede ser vencida cuando confiamos y descansamos en Él. Y es por eso que el Señor en Mateo 11:28 nos dice: “…Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…” Pero, ¿qué significa el descansar en Cristo?

Para contestar esta pregunta usemos nuestro sentido común. Creo que todos aquí esteremos de acuerdo cuando digo que para poder descansar en una persona, primero es necesario conocer bien a esa persona, ¿verdad? Por ejemplo; el ejecutivo de una gran empresa, no descansara su responsabilidad en otro empleado sin antes conocer a ese empleado, y tener confianza en su habilidad de hacer el trabajo o tarea asignada.

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Igualmente un pastor no descansará una tarea en un ministro, o diacono sin antes conocer la habilidad de esa persona. Así que con solo estos dos ejemplos podemos confiadamente decir que para poder descansar en una persona primero tenemos que conocerle, y segundo tenemos que confiar en su habilidad de llevar a cabo la tarea u obra que le sea asignado.

Igual sucede con nosotros cuando decimos que descansaremos en Cristo. Hermanos para poder decir que descansamos en Cristo primero tenemos que conocerle. ¿Cómo podemos nosotros mejor conocer a Cristo? Existe solo una manera, de la única manera que podemos conocer mejor a Cristo es estudiando y meditando en Su palabra. Así que el primer paso a seguir para eliminar la ansiedad de nuestra vida es el no afanarnos; en otras palabras no ser completamente consumidos por un problema o situación, sino descansar en Dios y Su palabra. ¿Cómo podemos lograr este descanso que tantos anhelamos?

Podemos obtener el descanso que tanto anhelamos cuando nos mantenemos en constante comunicación con Dios. Este es el segundo paso. La Biblia aquí nos dice: “…Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas…” ¿Cómo podemos nosotros primeramente buscar el Reino de Dios?

Solo existe una manera; esta manera es a través de la oración. La comunicación con Dios es algo de suma importancia en la vida de todo creyente. La comunicación constante con Dios es algo de suma importancia en todo aspecto de nuestra vida, ¿Por qué? Porque nosotros en si somos débiles, y es exactamente por eso que en Mateo 26:41 encontramos que el Señor nos dice: “…Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil…” Para que mejor entiendan el punto que deseo hacer, permítanme exponerles un ejemplo.

¿Qué dirían ustedes que es lo más importante en un matrimonio? Muchos dirán que es el amor; después de todo, “…El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta….” (1 Corintios 13:4-7). Pero aunque el amor es todo esto, y mucho más, y claro está en que el amor es de suma importancia en un matrimonio, les puedo decir que el amor no es lo más importante en un matrimonio.

¿Qué es lo más importante en un matrimonio? Lo más importante en un matrimonio es la comunicación. ¿Por qué digo esto? Lo digo porque cuando no existe una buena comunicación en el matrimonio, el amor comienza a morir.

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