En el día de hoy vamos a estudiar acerca de la batalla que todos nosotros luchamos a diario. Hoy estaremos explorando nuestra batalla contra la carne. Hoy estaremos explorando esa batalla que luchamos a diario con nosotros mismos. Deseo que hagamos esto porque la realidad es que la batalla contra la carne, en ocasiones se nos hace bien difícil.

Esto es algo que sucede porque a la mayoría de nosotros nos cuesta trabajo dejar atrás el hombre viejo. Nos cuesta trabajo cambiar de cómo éramos o somos, a como Dios quiere y demanda que seamos. Pero en el día de hoy vamos a descubrir el secreto que nos permitirá hacer ese cambio tan drástico, y que nos conducirá a vivir según la voluntad de Dios, y no la nuestra. Lograremos nuestro objetivo concentrándonos en la manera que vemos las cosas, y en la manera que Dios desea que vivamos. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Romanos 8:5-14Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.  

Una cosa que sucede con frecuencia, es que nosotros mismos nos encerramos en prisiones de hábitos. Digo esto porque todos aquí reaccionamos diferentemente al confrontar una situación o dificultad. Pero cuando tomamos el tiempo de reflexionar en nuestras acciones, creo que todos aquí descubriremos que con frecuencia reaccionamos o actuamos según los impulsos de la carne, y no según la voluntad de Dios.

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Por ejemplo;  no sé a cuantos de ustedes les ha pasado esto, pero tal parece que cuando uno más apurado está es cuando nos toca manejar detrás de la persona más lenta del mundo. ¿Saben de quien les hablo? Porque tiene que ser la misma persona siempre.

Les estoy hablando del día cuando por una razón u otra nos hemos levantado tarde, o se nos ha hecho tarde para salir de la casa, y necesitamos llegar a un lugar a un tiempo determinado (una cita, una entrevista, trabajo, iglesia, etc.). Pero ese es el día cuando nos toca ir detrás de ésta persona que aparentemente no tiene ni una preocupación en su mente. Por supuesto, también nos vemos encerrados entre él y el tráfico a nuestro alrededor. No podemos acelerar y pasar  este vehículo que en nuestros ojos, y manera de pensar en ese momento, lo único que esta haciendo es bloqueando el trafico.

Me acuerdo de algo que mi abuelo decía en ocasiones similares, él decía “no hay suerte para el hombre honrado.” ¿Qué hacemos al encontrarnos en similares situaciones? cuando somos honestos con nosotros mismos, la mayor parte de nosotros, sino todos, reconoceremos que en la mayoría de las ocasiones nos dejamos llevar por los impulsos de la carne. En lo único que podemos pensar es que ésta persona nos hará llegar tarde o mucho más tarde de lo que pensábamos, algo que nos irrita y causa que nos enfademos.

Es por eso que no es fuera de lo común ver como algunos al encontrarse con ésta situación o cosas similares sacan su cabeza por la ventana del automóvil y le gritan algo como “¡que Dios te bendiga!”. En otras palabras nos dejamos llevar por las emociones e impulsos de la carne. Nos dejamos llevar por los hábitos viejos; nos dejamos llevar por ese hombre viejo que aun vive, quizás escondido, en nosotros.

A pesar de que toda persona que acepta a Cristo como su Rey y Salvador fue liberada de ese hombre viejo. Y esto es algo que queda claramente reflejado 2 Corintios 3:17 cuando leemos: “…Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad…”

No obstante esto, muchos continúan luchando en contra de si mismo, y desdichadamente continúan perdiendo la batalla. Pero entonces la pregunta es, ¿cómo podemos deshacernos por completo del hombre viejo? La respuesta es fácil y la encontramos en los versículos que acabamos de leer.

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Fíjense bien en lo que leemos aquí: “…Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios…” Estos cuatro versículos nos enseñan exactamente lo que tenemos que hacer para deshacernos del hombre viejo. ¿Qué tenemos que hacer?

Lo primero que tenemos que hacer es cambiar nuestra manera de pensar. Tenemos que tomar el tiempo de pensar en las cosas y antes de actuar preguntarnos: ¿le agradaría a Dios lo que estoy haciendo o voy a hacer? Tenemos que tomar el tiempo de escuchar la voz del Espíritu Santo que mora en nosotros. Dile a la persona que tienes a tu lado: tenemos que escuchar la voz de Dios.

En otras palabras, tenemos que silenciar la voz de la carne y escuchar al Espíritu Santo. Tenemos que mantenernos en constante contacto con el Espíritu Santo. Tenemos que mantenernos en paso con nuestro Padre celestial; es como nos dice la Palabra en Gálatas 5:25 cuando leemos: “…Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu…”

Como les dije, yo sé que en ocasiones mantenernos siempre en el espíritu se nos puede dificultar. Yo sé que la batalla contra nuestra carne es difícil, ya que yo no soy exento de ella. A mí también me toca luchar a diario, y es por eso que sé que en ocasiones puede ser algo difícil, pero fíjense bien que dije difícil y no imposible. Sé que en ocasiones es difícil, pero también sé que podemos vencer. Y nos es porque seamos más fuertes que otros, sino que es porque como nos dice Filipenses 4:13“…todo lo puedo en Cristo que me fortalece….” Dile a la persona que tienes a tu lado, podemos vencer.

Podemos, y tenemos que deshacernos de esa manera de pensar que desagrada a Dios; tenemos que deshacernos de esos pensamientos y sentimientos impuros y negativos. Y esto es algo que solo lograremos cuando permitimos que el Espíritu Santo guié cada uno de nuestros pasos.

Continuando leemos: “…Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios…” ¿Qué le dice esto al creyente?

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Esto nos dice que tenemos que aprender a caminar con el Espíritu Santo en todo momento, y que tenemos que aprender a confiar en Su poder. Una vez que aprendemos a confiar en Su poder, una vez que aprendemos a mantenernos en contacto con Él, entonces encontraremos que Él nos enseñara como hacer las cosas, encontraremos que Él nos dirigirá en toda situación.

Nosotros podemos tratar de resolver las cosas por nuestra propia fuerza, pero la realidad del caso es que si no nos dejamos guiar, si no escuchamos la voz de Dios, pues simplemente fracasáremos. El Espíritu Santo es quien nos guía y ayuda a vencer los impulsos de la carne. El Espíritu Santo nos da convicción de nuestros pecados, y nos fortalece para derrotar las tentaciones y vencer las tribulaciones.